La cena secreta en un reservado de Madrid donde un empresario canadiense agasajó a sus nueve invitados con vinos que cuestan 200.000 euros

Hace unos días se celebró en García de la Navarra, uno de los templos del vino de la capital, una velada donde un coleccionista invitó a varios amigos a disfrutar botellas que suman 1.500 años de crianza

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Algunos de los vinos que
Algunos de los vinos que se degustaron en la cena

Natan es un prestigioso ingeniero al que le va bien en los negocios, es un amante de los buenos vinos y es muy amigo de sus amigos. Con esos tres factores se dio hace unos días en Madrid una curiosa ecuación: una cena secreta en un reservado de uno de los restaurantes más elitistas de Madrid donde Natan, canadiense, agasajó a sus nueve invitados con caldos cuyo precio superan los 200.000 euros y sumaban 1.500 años de crianza: un Vega Sicilia de 1965, un Petrus de 1982, un Marqués de Riscal de 1925, un Viña Tondonia de 1934, un Monte Real de 1947, un Igay de 1925 y hasta un Conterno italiano, al que se le conoce como ‘vino de reyes, rey de los vinos’

El escenario fue García de la Navarra, un restaurante muy céntrico en la calle Montalbán, el lugar ideal si quieres combinar buena gastronomía y tintos y blancos de excelentes añadas. De hecho, el local cuenta con varias bodegas acondicionadas y climatizadas con más de 700 referencias que permiten que a la mesa de los comensales llegue cada vino a su temperatura idónea; blancos jóvenes y ligeros o espumosos a 4 grados, blancos especiales con o sin crianza a 8 grados y los tintos a 16 grados exactos. ¿Qué podía salir mal? Nada. En este caso, el anfitrión solo había reservado una mesa y comunicó a los propietarios del restaurante que llevaría los vinos. De hecho, es un coleccionista cultivado en el mundo del dios Baco.

Así que hace unos días Natan se presentó en Madrid tras reservar en García de la Navarra, citar a sus amigos y seleccionar algunos de los mejores vinos de su colección que llevó al restaurante en maletas. El mundo entero reunido alrededor de una mesa: había vinos españoles, franceses, italianos, portugueses... y comensales de hasta siete nacionalidades: españoles, suizos, canadienses, italianos, venezolanos y brasileños. Entre ellos, dos reputados enólogos, que fueron los maestros de ceremonia de la noche. “De Marqués de Riscal se cataron las añadas 1925 y 1945, esta última fue de los vinos más expresivos, complejos y emocionantes de la velada”, explica una fuente presente en esta escogida cita.

Algunos de los vinos descorchados
Algunos de los vinos descorchados en la velada. A la derecha, el Boal de Madeira de 1863

Natan pide discreción. Él se mueve en un sector que analiza los riesgos estratégicos de sus clientes, entidades financieras y empresas. Y acostumbrado a viajar por medio mundo, aprovecha su trabajo para cultivar su pasión: los vinos. Tiene centenares. Así que invitó a este selecto grupo a degustar una representación de sus caldos. Uno de los que más llamó la atención fue un Boal portugués de 1863. Una botella que en algunas casas de subastas puede llegar a los 1.300 euros. Los mejores Madeiras pueden añejarse durante 100 años o más antes de ser embotellados. El escritor inglés de vinos y experto en Madeira Michael Broadbent escribió que, si se encontrara varado en una isla desierta, sus bebidas preferidas serían un par de Madeiras, uno de 1862 y otro de 1846. Un lujo para el paladar.

20.000 euros por un Petrus

Otro de los presentes fue un Petrus de 1982, uno de los mejores Burdeos del mundo. Natan lo adquirió por 20.000 euros en una subasta. El Petrus, un vino del Pomerol a 30 kilómetros de Burdeos, ocupa el primer lugar en el palmarés de los vinos más caros del mundo. Tres veces más que un Chateau D´Yquem y diez más que un Vega Sicilia. La de 1982 sigue siendo considerada su mejor añada. ¿Tan excelente es? Los afortunados que lo cataron hace unos días se limitan a recordar las palabras del propietario de esta bodega: “En la vida de cualquier persona nunca habrá un momento glorioso para celebrarlo con una botella de Chateau Petrus. Ese instante siempre será menos trascendental que el vino”.

También llamó la atención un Giacomo Conterno, una bodega que se remonta a 1700. En el Piamonte italiano dicen que hablar de este apellido es hablar del Barolo. Elaborados con la variedad de uva nebbiolo, están considerados los mejores tintos del mundo después de los de Burdeos y Borgoña. El Barolo ampara once municipios del Piamonte y lleva el nombre de una pequeña localidad en la que se ubica el centro de interpretación de esta denominación de origen, que fue habilitado en una antigua fortaleza medieval. En la mesa se sirvió un Monfortino. La velada acabó con varias botellas de champán, un Krug Clos de Mesnil 1990 y un Louis Roederer Cristal 1979.

Hay que hacerse amigo de Natan.