
La novena edición de La isla de las tentaciones ha vivido una de las noches más convulsas de su historia. Mientras las relaciones entre las parejas y los solteros van a toda vela, la última emisión acabó con una sucesión de estallidos emocionales, reproches, amenazas, escenas de alto voltaje y una expulsión inmediata que ha dejado al programa en un punto sin precedentes. En el centro de este terremoto televisivo se encuentra Mayeli, cuyo paso por la experiencia ha sido tan breve como intenso.
Desde su llegada al reality, Álvaro y Mayeli mostraron grietas que no tardaron en hacerse visibles. La sombra de Érika, tentadora en la villa y expareja de una infidelidad pasada del propio Álvaro, condicionó desde el primer minuto la estabilidad de la pareja. Ella exigió distancia absoluta; él, incapaz de gestionar la presión, se cerró en banda en su propia villa, temiendo las imágenes que podían estar mostrándole a su novia.
La situación dio un vuelco cuando Mayeli descubrió que Álvaro había elegido precisamente a Érika para la primera cita. La herida reabierta fue demasiado profunda y su reacción en la hoguera se convirtió en el primer gran estallido: abandonó el encuentro a mitad, lanzó la tablet al suelo y se marchó convencida de que su pareja estaba avanzando rápidamente con la tentadora.
A pesar de su fragilidad emocional, consiguió apoyarse en sus compañeras de villa. Sin embargo, la relación con los solteros fue totalmente distinta: sucesivos encontronazos, malas contestaciones y choques continuos, especialmente con Aitor, con quien mantuvo varias discusiones subidas de tono. El conflicto culminó durante una fiesta en la que, completamente superada, llegó a lanzarle un vaso mientras discutían.
Ese incidente marcó un antes y un después en su convivencia. Hundida, se fue a dormir envuelta en un estado de descontrol que fue in crescendo hasta desembocar en el acto que cambiaría su participación en el programa para siempre.

La irrupción nocturna
En plena madrugada, sin avisar a nadie y empujada por una mezcla de ansiedad, celos y miedos acumulados, Mayeli abandonó Villa Playa dispuesta a llegar a Villa Montaña para encararse con Álvaro. La imagen de ella irrumpiendo entre gritos en el jardín, mientras los chicos conversaban tranquilamente, quedará grabada en la memoria del programa.
“¿Qué coño estás haciendo? Eres imbécil”, gritaba ella, completamente fuera de sí, mientras solteras y compañeros intentaban separarlos. Álvaro, abatido y conmocionado, repetía entre lágrimas: “Amor, por favor, no estoy haciendo nada”.
La escena se desbordó cuando ambos terminaron en el suelo llorando desconsoladamente y ella, entre amenazas, aseguró que ya no tenía pareja y que pensaba serle infiel deliberadamente. El choque alcanzó también a Érika, a quien Mayeli dedicó insultos directos que la tentadora no dejó sin respuesta.
Tras ser obligada a abandonar la villa masculina, Mayeli regresó a Villa Playa mientras Álvaro, tembloroso y con el corazón literalmente desbocado, intentaba explicar a sus compañeros el estallido: “Sabía que no lo iba a entender, no estoy preparado para esto. Lo siento por todo”. Mientras, Érika, testigo involuntaria del caos, trataba de justificar su propia posición: “Que no ha hecho nada y me tengo que sentir yo mal... mira cómo está, que se le va a salir el corazón de la boca”.

La expulsión más contundente del formato
Lo ocurrido durante esa noche no era el único detonante. La organización ya había analizado el lanzamiento del vaso a Aitor y las discusiones reiteradas, pero su entrada sin permiso en Villa Montaña marcó un punto de no retorno. “Los miedos pueden nublar la lógica, pero no podemos permitir actos de violencia ni la invasión de la villa de los chicos. Has cruzado las normas fundamentales del programa y estás expulsada”, le comunicó Sandra Barneda.
Mayeli trató de justificar su comportamiento asegurando que la rabia y la impulsividad habían tomado el control, pero asumió su responsabilidad: “Me pueden los nervios y la impulsividad. He dicho un montón de sandeces y tonterías, mi único escape ha sido coger e irme. No quiero estar con él, me he dado cuenta que sí le gusta Érika, y me hace pensar que todo lo que hemos vivido es mentira y no le tenía que haber perdonado los cuernos que me puso antes de entrar aquí”.

Una hoguera dinamitadora
Antes de todo lo ocurrido, la hoguera de confrontación entre Gilbert y Claudia fue un torbellino emocional que dejó a él profundamente afectado tras ver las imágenes íntimas de su pareja con Gerard. Aunque su despedida quedó en el aire, la emisión de este miércoles revelaba el desenlace: ambos han decidido continuar su experiencia en La isla de las tentaciones 9.
“Siento que es ahora cuando tengo mi verdadera oportunidad de encontrarme", explicó ella, quien considera que esta segunda oportunidad le servirá “para saber quién tiene al lado y descubrir quién es”. Por su parte, Gilbert tenía claro que quería seguir observando el comportamiento de Claudia para tomar una decisión: “Quiero seguir la experiencia y ver que Claudia que me respeta”.
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