Los okupas se apuntan al lujo: villas y chalets vacíos en Cataluña, Valencia y Madrid son el nuevo objetivo de las mafias

La abogada Sandra Aurrecoechea advierte que “la prevención y la rapidez” son hoy las únicas armas del propietario frente a la ocupación ilegal

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Grupos organizados están utilizando viviendas
Grupos organizados están utilizando viviendas ocupadas en Carabanchel para extorsionar con altas sumas, aprovechándose de la vulnerabilidad de los inmigrantes (H13)

La okupación ilegal ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en una amenaza real también en el segmento más alto del mercado inmobiliario. Lo que durante años se asoció a contextos de vulnerabilidad social hoy afecta a chalets, villas y áticos de lujo, muchos de ellos vacíos o destinados a segunda residencia. Y es que las redes organizadas aprovechan los vacíos legales y la lentitud del sistema judicial para instalarse en propiedades de gran valor, en algunos casos durante meses, sin que los propietarios logren recuperarlas con rapidez.

“La vivienda vacía, especialmente la de alto valor, se ha convertido en un objetivo para quienes conocen bien los vacíos legales del sistema”, explica Sandra Aurrecoechea Ríos, abogada especialista en Derecho Civil, Hipotecario e Inmobiliario y socia de Marín & Mateo Abogados. Según la letrada, el perfil del okupa ha cambiado: “Ya no hablamos de familias vulnerables, sino de grupos que actúan deliberadamente, conscientes de que el sistema tarda meses en responder”.

El fenómeno, advierten los expertos, ha evolucionado en los últimos años. A la tradicional okupación por necesidad se suma ahora una modalidad más sofisticada, vinculada a redes que estudian los movimientos de los propietarios y se aprovechan de los periodos de desocupación de las segundas residencias. En urbanizaciones de alto nivel, como las de Sitges, la Costa Brava, la Sierra madrileña o la Marina Alta en Alicante, los chalets vacíos se han convertido en blanco de estos grupos.

“El auge de las segundas residencias en zonas turísticas y el incremento de viviendas vacías en áreas de alto poder adquisitivo han favorecido el aumento de estos casos en los dos últimos años”, añade Aurrecoechea.

Cataluña lidera las denuncias

Los datos confirman la tendencia. Según el Balance de Criminalidad 2024, publicado por el Ministerio del Interior en abril de 2025, Cataluña sigue siendo la comunidad más afectada por la okupación ilegal, con 6.300 denuncias, lo que representa el 38% del total nacional. Le siguen Andalucía, la Comunidad Valenciana y la Comunidad de Madrid, con cifras que oscilan entre las 1.400 y 3.000 denuncias anuales.

No existen, sin embargo, registros específicos sobre las okupaciones en viviendas de lujo, ya que las estadísticas oficiales no distinguen entre tipos de inmuebles. Aun así, los expertos coinciden en que las zonas con mayor presencia de segundas residencias y turismo residencial de alto nivel son las más vulnerables.

El laberinto legal: allanamiento o usurpación

Una de las principales dificultades para los propietarios radica en la complejidad del marco penal español, que distingue entre allanamiento de morada y usurpación de inmueble. La diferencia puede ser determinante: si la okupación se produce en una vivienda habitual o segunda residencia y se denuncia en menos de 48 horas, la policía puede actuar de inmediato. Pero si el inmueble está vacío, la intervención judicial es obligatoria, y los plazos se alargan durante semanas o incluso meses.

“El marco legal español sigue ofreciendo una protección desproporcionada al ocupante frente al titular legítimo”, sostiene Aurrecoechea. Aunque reformas como la Ley 5/2018, conocida como la ley de desahucio exprés, pretendían agilizar la recuperación de viviendas, su impacto real ha sido limitado. A juicio de los expertos, los procedimientos civiles continúan siendo lentos y la intervención de los servicios sociales puede suspender un lanzamiento cuando los okupas alegan vulnerabilidad, incluso en casos de propiedades de alto valor.

Vender casas con okupas dentro es totalmente legal siempre y cuando el comprador dé el consentimiento expreso

Los expertos insisten en que la reacción rápida y dentro de la legalidad es clave. Cortar suministros o cambiar cerraduras, advierte Aurrecoechea, puede considerarse delito de coacciones. “Cada hora cuenta, pero cada paso debe darse correctamente. Solo la autoridad judicial o la policía pueden ordenar un desalojo”, subraya.

Ante esta situación, la prevención se convierte en la mejor defensa. Instalar sistemas de seguridad, realizar visitas periódicas o contar con un servicio de vigilancia durante los periodos de ausencia son medidas cada vez más habituales entre los propietarios de segundas residencias. “El verdadero riesgo no es solo perder la vivienda, sino el tiempo y la tranquilidad que cuesta recuperarla”, concluye la abogada.