
La dieta que llevamos en nuestro día a día es mucho más que una forma de nutrir nuestro cuerpo. Los alimentos que elegimos y los que no, los que priorizamos sobre otros, las cantidades que seleccionamos... componen una estructura sobre la que descansa nuestro bienestar general y que resulta crucial a la hora del desarrollo de ciertas patologías.
Los hábitos alimenticios configuran, entre otros muchos aspectos, la salud cardiovascular. En España, la principal causa de muerte sigue siendo las enfermedades isquémicas del corazón, por encima del cáncer o la demencia. Gran parte de estos casos pueden evitarse siguiendo una dieta sana, es decir, que sea variada y equilibrada.
Valter Longo es uno de los mayores expertos del mundo en cuestión de longevidad gracias a sus estudios sobre el papel del ayuno y los genes en la protección celular y el envejecimiento. Este biólogo italoestadounidense ha dedicado parte de sus años de investigación a delimitar estrategias alimentarias como terapia de las enfermedades cardiovasculares.
Para Longo, el patrón alimenticio ideal toma elementos de las dietas Esselstyn, Ornish, Walfrod y de la Longevidad, combinándolos con los resultados obtenidos en amplios ensayos clínicos. Así, según recoge en su libro La dieta de la longevidad. Comer bien para vivir sano hasta los 110 años (Grijalbo, 2017), esta alimentación se asemeja bastante a la dieta mediterránea.
La dieta que protege el corazón
El libro de Longo apunta que un patrón alimenticio que proteja el corazón debe alejarse del consumo de carne roja (cerdo, ternera, vaca, buey...) y priorizar el del pescado. El pescado, especialmente el azul, es uno de los alimentos más recomendados por los nutricionistas cuando se habla de una dieta equilibrada y beneficiosa para la salud.
Su riqueza en ácidos grasos omega-3 lo convierte en un auténtico protector natural del corazón, el cerebro y el sistema inmunológico. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), consumir pescado al menos dos veces por semana puede reducir significativamente el riesgo de sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares.
Por otra parte, las verduras deben ocupar un lugar importante en la alimentación, al igual que las legumbres: alubias, lentejas, garbanzos, guisantes... El consumo de verduras y hortalizas regula el tránsito intestinal y aportar vitaminas esenciales, sino también por su contribución a la prevención de enfermedades, según el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos.
Entre las verduras y hortalizas, los tomates, los pimientos rojos y verdes, la zanahoria, la acelga, la espinaca y las distintas variedades de ensaladas sobresalen por su contenido en vitamina A y C. Además, las frutas también constituyen una fuente importante de vitaminas, por lo que su inclusión en la dieta resulta igualmente recomendable.
Del mismo modo, las legumbres (habichuelas, lentejas, garbanzos, guisantes...) y los cereales integrales (como la pasta y el pan) también encuentran un lugar en este patrón alimenticio. Estos últimos no deben superar los 100 gramos diarios.
Los frutos secos también son bienvenidos en la dieta ideada por Valter Longo. Las nueces, las almendras o las avellanas pueden consumirse hasta en unos 30 gramos al día.
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