Una pareja se planteó dejar la casa de sus sueños por vivir cerca de centros de datos: “El ruido y el olor son terribles”

Amazon es el centro de datos más cercano a su vivienda. Los promotores talaron muchos árboles para construirlo

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Catorce centros de datos destruyen el paisaje natural del norte de Virginia (Shutterstock)

Era la casa de sus sueños. En un pequeño barrio idílico, rodeado de naturaleza. Kay Richards y su esposo encontraron el lugar que siempre habían imaginado. Se mudaron al norte de Virginia, una zona verde y apacible que los cautivó desde el primer momento. Los días transcurrían con calma. Era un entorno perfecto para empezar una nueva etapa, un refugio donde la vida parecía fluir con serenidad. Aquella casa, en medio del paisaje natural, representaba para ellos el cumplimiento de un sueño.

Sin embargo, el paraíso que los había acogido comenzó a transformarse de forma inesperada. Lo que en un principio fue un extraordinario tesoro pronto se convirtió en una fuente constante de angustia. En cuestión de pocos años, el bosque que tanto los había maravillado fue sustituido por un extenso parque industrial. Hoy, en un radio de apenas una milla alrededor de su hogar, se levantan catorce centros de datos pertenecientes a diferentes empresas. Las máquinas han reemplazado el sonido de la naturaleza. El zumbido incesante de los generadores y el olor persistente del diésel se han vuelto parte del día a día.

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La comunidad entera se ha visto profundamente afectada. Donde antes había senderos y fauna silvestre, ahora predominan las estructuras metálicas, los cables y los muros de hormigón. La belleza natural del bosque ha sido desplazada por un paisaje artificial que crece sin control, borrando poco a poco los vestigios de aquel entorno que tanto los vecinos apreciaban. Kay y su esposo observan con tristeza cómo su hogar, aquel rincón de paz que alguna vez los hizo sentir en calma, se ha convertido en el epicentro de un cambio que amenaza no solo su bienestar, sino también la esencia misma del lugar que eligieron para vivir.

Amazon en la línea de fuego

Amazon fue una de las primeras empresas en intervenir el paisaje para construir su centro de datos. Además, es el más cercano a la casa de Kay. Según explica la pareja, los promotores talaron muchísimas zonas verdes para construir el parque industrial. En cuestión de muy poco tiempo ya no quedaba naturaleza, todo era hormigón. Si bien es cierto que hay una pequeña zona verde entre la casa de la pareja y el primer centro de datos, su hogar se encuentra justo en la línea de fuego, colindante a Amazon.

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“Toda la parte trasera de nuestra casa solía estar llena de zonas verdes, y era realmente preciosa. Menos mal que todavía queda algo”, declara Kay. A lo que añade: “pero ya no es lo mismo. Siento que a donde quiera que mire en el barrio, hay otro centro de datos. Incluso hay una escuela primaria a pocas cuadras del centro de datos de Amazon”.

Ruido, contaminación lumínica y olores insoportables

Según Kay, el ruido es constante, zumbidos eléctricos a todas las horas del día. Si está en el primer piso de su casa, aún puede protegerse un poco de las vibraciones. No obstante, en la planta de arriba oye todo con más intensidad. En la terraza y el patio trasero ya casi no pueden pasar tiempo de calidad en calma. Y lo peor llega cuando se encienden los generadores diésel y tienen que lidiar con los malos olores.

Un parque industrial de Amazon contamina con su luz las viviendas de la zona
Un parque industrial de Amazon contamina con su luz las viviendas de la zona

Asimismo, otro de los inconvenientes es la contaminación lumínica. Las luces inmensas del parque industrial de Amazon inciden sobre la casa de la pareja, apuntando directamente a la cocina. Durante las horas de luz no es tan grave, pero al caer la noche (o durante los meses de invierno), es como si alguien iluminase la casa de Kay con un foco resplandeciente.

El contraataque de la comunidad

Los vecinos de la comunidad ya se están organizando por su cuenta. Asisten a reuniones de supervisores del condado para enunciar una protesta proactiva contra el desarrollo industrial de la zona. Kay lamenta que su labor de incidencia no está teniendo mucho éxito. Si bien están haciendo todo lo posible por buscar soluciones, las autoridades competentes de los centros de datos no se lo toman en serio. A pesar de ello, no piensan rendirse porque su casa es el hogar de sus sueños. No solo les encanta la propiedad, sino también el vecindario y la comunidad de vecinos. “No nos mudaremos”, declara Kay, dispuesta a seguir luchando por su calidad de vida.

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