
Este martes la lucha de Virginia Giuffre, víctima de abusos sexuales y explotación infantil a manos de Jeffrey Epstein, continúa. La estadounidense, que se suicidó a comienzos de este 2025 a raíz de los traumas que arrastraba en su vida, dejó preparadas unas memorias que acaban de ver la luz. La publicación, terminada pocas semanas antes, ofrece una mirada cruda y sin concesiones al entramado de poder, silencio y corrupción que, según ella, permitió que figuras influyentes —entre ellas, el príncipe Andrés de Inglaterra— quedaran impunes durante décadas.
"Pensé que conocer a un príncipe sería un honor. No entendí que me estaban entregando“, con esa cita comienza Nobody’s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice, las memorias póstumas publicadas esta semana en Estados Unidos. En sus páginas, la mujer que fue pieza clave en la caída de Jeffrey Epstein reconstruye, con una mezcla de crudeza y ternura, los abusos que sufrió desde la adolescencia y el engranaje de poder que los hizo posibles.
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La publicación, elaborada con la periodista Amy Wallace, aparece apenas unos días después de que el hijo de Isabel II comunicara que renuncia al uso de sus títulos reales. En Londres, sin embargo, crece la presión política para que la medida sea definitiva, mientras se investiga si el exduque de York habría pagado a ciertas personas más investigar ‘los trapos sucios’ de su víctima y desestabilizar su testimonio.
Giuffre nació en Loxahatchee, una zona humilde del condado de Palm Beach, Florida. Su niñez transcurrió entre la precariedad y el desamparo familiar. En su relato, acusa a su padre de haber abusado de ella, un hecho que él ha negado públicamente. A los trece años huyó de casa. Sin protección y sin recursos, terminó en manos de un hombre de sesenta años que acabaría condenado por tráfico sexual, Ron Eppinger. “Durante seis meses fui su prisionera. Me enviaba a hoteles donde hombres mayores pagaban por violarme”, cuenta.
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Tiempo después, el FBI la rescató, pero su vida no volvió a la normalidad. En el verano del 2000 empezó a trabajar en el club Mar-a-Lago, propiedad de Donald Trump, donde su padre hacía labores de mantenimiento. Allí conoció a Ghislaine Maxwell. “Entró con su acento británico, sus uñas perfectas y esa seguridad de quien pertenece a otro mundo”, recuerda en su libro. Maxwell le ofreció ganar dinero extra dando masajes a un “hombre rico”. Ese amigo era Jeffrey Epstein.
A lo largo de más de 400 páginas, Giuffre describe cómo la pareja organizaban un sistema de captación de adolescentes a través de falsas promesas de empleo y dinero rápido. Los viajes privados, las residencias en Palm Beach, Nueva York y el Caribe, los círculos de políticos y empresarios: todo formaba parte de una maquinaria tan sofisticada como impune.
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Su testimonio no se limita a los hechos, sino que disecciona las secuelas. “El cuerpo se cura. El alma, no”, confiesa. La autora dedica un capítulo completo a los efectos del trauma: la vergüenza, el insomnio, la culpa. “Me enseñaron a sonreír mientras me destruían”, escribe, una frase que condensa su experiencia en una industria del abuso donde el dolor debía maquillarse con docilidad.
El príncipe Andrés, un nombre que pesa 88 veces
El príncipe Andrés aparece citado en el libro 88 veces. Según Giuffre, el primer encuentro se produjo en marzo de 2001, cuando tenía 17 años, en la casa londinense de Maxwell. “Ghislaine me dijo que me portara bien, que iba a conocer a un príncipe”. Después de cenar y acudir a una discoteca, Maxwell le habría indicado que debía “hacer lo mismo que hacía con Jeffrey”. La joven recibió 15.000 dólares tras aquella noche.
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El segundo y el tercer encuentro, relata, tuvieron lugar en la mansión de Epstein en Nueva York y en su isla privada de las Islas Vírgenes. Llegaron incluso a hablar de sus hijas, y es que Giuffre afirma que a los 17 años él le llegó a adivinar su edad con solo mirarla, y, acto seguido, dijo: "Mis hijas son un poco menores que tú”. Según explica, Andrés actuaba como “si creyera que tener sexo conmigo era su derecho de nacimiento”. El duque de York niega categóricamente haber mantenido cualquier relación con ella y sostiene que “no recuerda haberla conocido”.
Finalmente, en 2021, Giuffre presentó una demanda civil por agresión sexual en Estados Unidos. El caso se resolvió al año siguiente con un acuerdo económico extrajudicial estimado en más de 12 millones de dólares, según medios británicos. Aunque la cantidad nunca fue confirmada, varias fuentes apuntan a que fue la propia reina Isabel II habría sufragado parte del pago. Y, de hecho, la fallecida afirmaba querer “poder usar parte del dinero de la Corona para hacer el bien”.
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