
La historia de Tania Head (su identidad inventada) parecía hecha para la épica. Relataba cómo había escapado milagrosamente de la planta 78 de la Torre Sur, con el brazo destrozado, ayudada por el célebre “héroe del pañuelo rojo”, Welles Crowther, quien salvó a decenas de personas antes de morir.
Entre lágrimas, contaba que su prometido Dave había muerto en la Torre Norte, y que antes de perder el conocimiento ayudó a un moribundo a entregar su alianza para su futura viuda.
Su testimonio incluía todo tipo de detalles estremecedores. Desde su compromiso con Dave o el horror de ver a su secretaria decapitada por la estructura del edificio hasta su lucha por la supervivencia con la ayuda de su ángel de la guardia, su acto de compasión hacia un moribundo enamorado o su grave herida del brazo.
Lo cierto es que Dave figuraba en la lista de fallecidos de aquel 11 de septiembre de 2001, donde casi 3.000 personas perdieron la vida en los ataques yihadistas a las Torres Gemelas y el Pentágono. No obstante, él no tenía ninguna relación con ella.
Pero lo más grave es que ni siquiera se llamaba Tania. Su verdadero nombre era Alicia Esteve Head, una barcelonesa que jamás estuvo en Nueva York el día del ataque.

Presidenta de las víctimas
El dramatismo de su relato y su carácter empático le abrieron todas las puertas. En 2004 fue nombrada presidenta de la Red de Supervivientes del World Trade Center, desde donde acompañaba a políticos en actos oficiales, guiaba visitas por la zona cero y participaba en documentales.
Eso sí, nunca se aprovechó económicamente de la asociación ni cobró sueldo alguno. Es más, llegó hasta donar dinero para la causa. Sus compañeros la acogieron como una de las suyas, convencidos de que era una de las pocas supervivientes de los pisos superiores.
El artículo que desmontó el engaño
Pero todo se vino abajo el 27 de septiembre de 2007. The New York Times publicó en portada “El cuento de una superviviente del 11-S”. La investigación comprobaba que Alicia no había estudiado en Harvard, ni en Stanford, ni que Merrill Lynch no la tenía en nómina. Y que, en realidad, no se encontraba en Estados Unidos el día de los atentados.
En definitiva, el artículo desmontó toda la historia de Alicia.
Aaron Zimmerman, fundador de la New York Writers Coalition, recuerda cómo los periodistas lo contactaron: “David W. Dunlap (autor del artículo) me dijo que estaba intentando confirmar estos detalles, pero fue muy prudente… Me preguntó con quién más podría hablar y me pidió cualquier detalle. En ese momento simplemente hice clic. Lo sabía. Me sentí engañado y como un idiota”.
La reacción de Head ante la inminente revelación fue inquietante. Zimmerman relató: “Al principio estaba hablando muy tranquila sobre que deberíamos volver a salir a comer algún día y luego me dijo: ‘por cierto, me enteré de que un periodista te llamó, ¿qué has dicho?’ Recuerdo estar al teléfono y pensar: ‘oh, Dios mío, estoy hablando con una psicópata ahora mismo’. De algún modo, era aterrador”.

La verdadera Alicia Esteve
Tras el escándalo, la periodista Marta Forn destapó en España la verdadera identidad de la impostora. “Lo más importante es que no estuvo en la planta 78. Era muy difícil poder salir de allí en aquellas condiciones”, explicó. También desmontó otras mentiras, como los supuestos títulos en universidades de élite.
Las cicatrices de su brazo, que exhibía como prueba de supervivencia, eran reales, pero tenían otro origen. Antiguos compañeros del Hotel de la Villa Olímpica revelaron que sus heridas eran consecuencia de un accidente automovilístico. Iba con su novio en un Ferrari a 200 km/h, y como consecuencia de un fuerte choque, su brazo salió despedido y tuvieron que buscarlo y reimplantárselo.

¿Y ahora?
Expulsada de la asociación y repudiada en Nueva York, Alicia regresó a Barcelona, donde intentó rehacer su vida. Trabajó un tiempo en una empresa de asistencia internacional, pero fue despedida en cuanto se conoció su identidad.
Hoy en día lleva un pequeño negocio de reformas y se mantiene apartada de los medios. En su antiguo Facebook, dejó una frase que resume el desenlace de su historia: “Mi vida es una farsa. Desde que me pillaron en el asunto de las Torres Gemelas no he levantado cabeza, pero sigo viviendo en la más absoluta ficción”.
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