
Aunque parezca casi imposible haber localizado restos de ADN que guardan la prueba de un crimen después de casi miles de años, la ciencia ha logrado una vez más pasar una línea que pensábamos que era intransitable. Y es que, algunos restos fósiles descubiertos en la Sima de los Huesos, en una cámara situada en la Sierra de Atapuerca, en Burgos, han revelado lo que los investigadores consideran la evidencia más antigua de un acto letal de violencia interpersonal en la historia del ser humano.
El hallazgo, publicado en la revista PLOS ONE en mayo de 2015, se basa en el análisis forense del cráneo número 17 (Cr-17), perteneciente a un joven adulto del Pleistoceno Medio, hace aproximadamente 430.000 años. El cráneo, compuesto por 52 fragmentos óseos que conforman casi toda la estructura facial, fue examinado mediante técnicas modernas de imagen médica. Gracias a ella, detectaron dos traumatismos craneales en la parte izquierda del hueso frontal. Ambas presentaban signos claros de haber sido provocadas mientras el hueso aún estaba fresco —lo que indica que ocurrieron en el momento de la muerte o poco antes—, con ángulos de fractura oblicuos, superficies lisas y delaminación cortical.
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Según el estudio, “las dimensiones y los contornos de las dos fracturas de depresión resultaron ser prácticamente indistinguibles”, y ambas presentaban “una muesca similar en los bordes del contorno”. Estas coincidencias, por tanto, llevaron a los autores a concluir que “ambas fracturas fueron causadas por el mismo objeto”. Pero al tener trayectorias y orientaciones diferentes, los investigadores sugieren “dos impactos independientes”, es decir, “múltiples golpes”.
El “caso claro más antiguo de agresión interpersonal deliberada y letal”

La Sima de los Huesos es uno de los yacimientos paleoantropológicos más relevantes del mundo. Hasta la fecha, ha proporcionado más de 6.700 restos óseos de al menos 28 individuos pertenecientes al linaje neandertal. Durante el periodo en el que estos homínidos habitaron la zona, la única entrada conocida al yacimiento era un pozo vertical de 13 metros de profundidad. Pero lo que hace realmente interesante el caso de este joven es el hecho de que las fracturas poscraneales que se encuentran en otros individuos son mayoritariamente post mortem, causadas por presión sedimentaria. No obstante, en el caso del cráneo Cr-17, las fracturas peri mortem y su patrón sugieren otra explicación. Aun así, han asegurado que “la única manera posible por la cual un individuo fallecido pudo haber llegado al yacimiento del SH es si su cadáver fue arrojado por el pozo por otros homínidos”.
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En lo referido al tipo de lesión encontrada, se ha detectado que es consistente con actos de violencia interpersonal deliberada, según criterios forenses aplicados a restos arqueológicos. Las fracturas de este tipo son típicas de ataques con objetos contundentes y requieren una concentración significativa de energía para perforar el cráneo. En este caso, los investigadores consideran que los golpes “claramente no son involuntarios”, sino que muestran señales de haber sido causados con la intención de matar. “Cualquiera de los dos eventos traumáticos probablemente fue mortal en sí mismo”, indican los autores, además de señalar que “la presencia de golpes repetidos podría implicar una clara intención de matar”. Con base en esta evidencia, el estudio concluye que se trata del “caso claro más antiguo de agresión interpersonal deliberada y letal en el registro fósil de homínidos”.
“El comportamiento funerario más temprano en el registro fósil humano”

Teniendo en cuenta la teoría que ofrece el estudio, se asume que los cuerpos fueron depositados deliberadamente en el interior de la cueva por miembros del mismo grupo social. Este comportamiento implicaría una forma temprana de práctica funeraria. Según los autores, “la interpretación del yacimiento del SH como un lugar donde los homínidos depositaron a los miembros fallecidos de sus grupos sociales parece ser el escenario más probable para explicar la presencia de cuerpos humanos en el yacimiento”. Por lo que “esto representa el comportamiento funerario más temprano en el registro fósil humano”, señalan los investigadores.
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En este caso, la violencia interpersonal en la prehistoria es objeto de especial interés, ya que aporta claves sobre las relaciones sociales y los conflictos en contextos de subsistencia. Si bien existen evidencias de canibalismo o manipulación post mortem en restos del Paleolítico, hasta ahora no se había documentado una muerte causada inequívocamente por lesiones traumáticas en un individuo del Pleistoceno.
Debra Martin, antropóloga de la Universidad de Nevada (EE. UU.), declaró a la BBC que las conclusiones del estudio son “totalmente convincentes” y añadió: “Sospecho que cuando más retrocedamos en el tiempo y encontremos evidencia forense clara como la de estos autores, veremos que la violencia (...) ha estado con nosotros desde el mismo tiempo que la cultura”.
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