
Un empresario chino creó una red empresarial donde explotaba trabajadores europeos. Chen Suyin, nacido en 1982, gestionaba la distribuidora CinItaly y, según las denuncias de sus empleados recogidas por el diario italiano Catanzaro Informa, llevaba años abusando de su plantilla. Entre los trabajadores había tanto italianos como extranjeros, pero nunca de origen chino. CinItaly es un local ubicado en Martelli, un pueblo de la provincia de Catanzaro, en Calabria (Italia). Ofrece artículos del hogar y otros tipos de objetos o herramientas de uso cotidiano.
El juez Pietro Agosteo accedió a las solicitudes de la fiscal Francesca Delcogliano, presentadas ya en diciembre de 2024. Las indagaciones del magistrado desembocaron en una orden de prisión preventiva para el empresario chino. Los supuestos delitos de explotación laboral lo han encerrado tras las rejas.
Los empleados describieron un ambiente laboral muy duro, marcado por jornadas interminables y grandes incumplimientos del trabajo. Aseguraron que era habitual que el empresario intimidara a sus trabajadores y se aprovechara de la difícil situación económica y social de muchos de ellos.
Más horas y engaños en el trabajo
La mayoría de los empleados estaban contratados con un acuerdo a tiempo parcial, supuestamente para trabajar entre 20 y 24 horas semanales, lo que equivaldría a unas cuatro horas al día. Sin embargo, la realidad era muy diferente, pues trabajaban más de diez horas diarias, de lunes a domingo, y solo disponían de tres días libres al mes. Cada diez días, apenas podían descansar uno, incumpliendo claramente la ley.
A pesar de todas esas horas, el sueldo que recibían reflejaba únicamente las horas oficiales del contrato, mucho menos de las que hacían realmente. Además, solo una parte del sueldo se ingresaba por banco, ya que la otra llegaba en efectivo y en mano por parte del jefe, como pago “extra” por todas esas horas no reflejadas en la nómina.
Cualquier subida salarial era también informal y casi nunca quedaba bien reflejada en los documentos oficiales. Al final, los empleados lograban cobrar aproximadamente 1.000 euros cada mes, sumando todo lo pagado por un lado y por otro. Por otro lado, si faltaban algún día al trabajo, aunque fuera por enfermedad o debido a problemas familiares justificados, Chen Suyin les obligaba a devolverle parte del sueldo, descontándoles cerca de 33 euros por cada día que no pudieran ir.
Amenazas e intimidaciones
Según los relatos de los afectados, la empresa funcionaba saltándose la ley a diario. Era habitual que el empresario intimidara a sus trabajadores y se aprovechara de la difícil situación económica y social de muchos de ellos. Al no tener alternativas reales de empleo, los empleados terminaban aceptando todos estos abusos y condiciones.
Soportaban demasiadas horas de trabajo y pocos días de descanso, vivían con el miedo a perder la poca parte de salario que cobraban realmente si surgía cualquier problema, y que muchas veces las promesas de mejoras o pagos extra nunca llegaban a cumplirse de forma oficial.
En definitiva, el ritmo abusivo y amenazante se mantenía a base de la necesidad y la falta de opciones, permitiendo que el empresario impusiera reglas injustas y se saltara la protección que marca la ley para los trabajadores. Ahora, la Justicia italiana parece haber encontrado los indicios y testimonios suficientes para terminar con su actividad.
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