
Al menos 28 pacientes en el noroeste de Inglaterra han sufrido una intoxicación a consecuencia del producto estético Toxpia, un supuesto tratamiento antiarrugas empleado como alternativa al bótox, pero cuyas inyecciones son ilegales. Según ha informado el medio BBC a través de un reportaje que recoge la experiencia de dos de las pacientes, el producto no autorizado fue suministrado por una esteticista.
Kaylie Bailey, de 36 años y residente en Peterlee (en el condado de Durham), es una de las víctimas más graves de este escándalo sanitario. Según narra a BBC, pagó a la sra. Gray 75 libras esterlinas (aproximadamente 87 euros) por tres inyecciones, una gran oferta. Sin embargo, en estos casos, un precio demasiado bajo suele ser sinónimo de peligroso.
Días después de recibir el tratamiento, Bailey comenzó a tener problemas de visión. En un principio, fue diagnosticada con ptosis, una condición caracterizada por la caída del párpado superior, y se le recomendó que descansase en casa.
Sin embargo, su estado empeoró rápidamente, por lo que regresó de urgencia al Sunderland Royal Hospital, donde le confirmaron que padecía botulismo, una enfermedad poco frecuente y potencialmente mortal provocada por una toxina bacteriana. Esta afección puede causar parálisis muscular, dificultad respiratoria y, en casos extremos, la muerte. Se origina a partir de una toxina generada por la bacteria Clostridium botulinum, y su tratamiento debe ser inmediato dada su peligrosidad.
“Recuerdo estar en la cama pensando: ‘Me estoy muriendo aquí y no quiero’”, relató Bailey, que tuvo que ser reanimada, pasó tres días en la Unidad de Cuidados Intensivos y fue tratada con una antitoxina especializada. Desde entonces, lleva un parche en el ojo izquierdo hasta que este sane por completo.

Al contactar con Gray, esta le aseguró que se trataba de un “problema nacional con el producto”, negando su responsabilidad. “No puedo creer que se haya atrevido a hacerle esto a la gente”, denunció Bailey. “Ella ni siquiera sabía lo que había dentro y nosotros tenemos que vivir con lo que nos ha hecho. Casi muero por ello”.
“Está jugando con la vida de la gente”
Otra víctima, Paula Harrison, de 54 años, también se vio afectada tras acudir al salón de Gray en Blackhall, en el condado de Durham. Tras someterse a este tratamiento de relleno debajo de los ojos, días después comenzó a sentir síntomas similares a los de Bailey, como malestar general, dificultad para tragar y respiración comprometida. “Está jugando con la vida de la gente. Por suerte, estoy bien, pero podría haber muerto”.
Fue ingresada durante cuatro días en el mismo hospital y también recibió tratamiento con antitoxina. La gravedad de los casos llevó a que los hospitales del noreste se quedaran sin reservas del medicamento y tuvieran que solicitar ayuda a otros centros del país, según informó también la BBC.
El producto utilizado, Toxpia, es una toxina botulínica de origen surcoreano que no está autorizada en el Reino Unido, pero que la esteticista ofrecía como un “nuevo tipo de bótox” a precios muy por debajo del mercado, entre 75 y 100 libras por tres zonas de aplicación. Debido a que su venta y administración son ilegales en la nación, la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA) ha abierto una investigación sobre el caso.
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