
La gastronomía griega que conocemos actualmente, desde la moussaka al slouvaki o el gyros, es heredera de una cocina milenaria en la que el mar Mediterráneo ha tenido mucho que ver. Al vasto legado cultural, político y científico que nos ha dejado el pueblo heleno se le suma las bases de la dieta mediterránea, aglutinadora de culturas del sur de Europa y norte de África.
Para los antiguos griegos, la comida era mucho más que ingerir alimentos. Entendidos como una especie de actual sobremesa española, los banquetes (o simposios) eran momentos de compartir ideas y reflexiones, un punto de cohesión social. No es de extrañar que la obra más importante de Platón sea El banquete.
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Los alimentos que llenaban los platos en las mesas de los griegos respondían a “básicamente lo que conocemos como la dieta mediterránea”, resume María José García Soler, profesora de Filología Griega en la Universidad del País Vasco en la Fundación Juan March con motivo de la serie de conferencias “La vida cotidiana en la antigua Grecia”.
De acuerdo con la experta, la base de la dieta de los griegos era la famosa triada mediterránea: cereales, aceite y vino, los tres productos estrella de la cuenca del Mediterráneo. En el caso del aceite, su importancia en la gastronomía griega era tal que hasta la mitología quiso recogerlo. Atenea, diosa de la inteligencia y protectora de las artes y la literatura, regaló a la ciudad de Atenas un olivo, que ya era considerado un árbol sagrado. Esta ofrenda mereció que la cuna de la civilización occidental y la democracia recibiera este nombre, en honor a la diosa.
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A la triada “le añadimos numerosas verduras (las que pudiera proporcionar el campo), legumbres, pescado en las zonas de mar, carne cuando se presentaba la ocasión...” A ello, no hay que olvidar el uso de la miel para dulcificar los alimentos, “para los pasteles y para endulzar bebidas”.
Todo ello conforma una dieta principalmente vegetariana, teniendo en cuenta que el consumo del pescado y de la carne era residual. Se relegaba a ocasiones especiales, salvo aquellas personas que tuvieran más recursos y pudieran permitirse costearse una alimentación más variada.
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Los griegos, el arroz y Alejandro Magno

La dieta mediterránea que conocemos actualmente es una versión más completa de la que disfrutaban griegos y romanos. En palabras de García Soler, “lo que vamos a hacer es eliminar todo lo que se ha ido añadiendo a lo largo de los siglos“. Por ejemplo, todos aquellos alimentos que llegaron de América, como las patatas, los tomates, el maíz, el cacao o frutas tropicales como la piña y la chirimoya.
La profesora avanza un paso más y explica que los antiguos helenos tampoco tenían el arroz como un alimento propio de su dieta. De hecho, lo conocieron a través a las campañas de Alejandro Magno en Asia. Es más, incluso “tardaron mucho en considerarlo un alimento”.
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En un principio, la ingesta del arroz en la Antigua Grecia y Roma fue esporádica, ya que “empezaron considerándolo como una medicina”. Curiosamente, comer arroz blanco hervido cuando se sufre de un malestar estomacal es una tradición que ha perdurado hasta nuestros días.
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