
Cada vez son más los fondos de inversión y grandes propietarios que compran edificios residenciales enteros con la intención de echar a quienes viven en ellos y transformarlos en pisos turísticos o de alquiler temporal para obtener mayores ganancias. Pero también está aumentando el número de inquilinos e inquilinas que se plantan ante la especulación inmobiliaria y se niegan a abandonar sus hogares, como es el caso del bloque Mesón de Paredes 88, ubicado en el barrio madrileño de Lavapiés, una zona cada vez más tensionada. Los 24 vecinos que residen en el inmueble no tienen intención de marcharse.
El bloque pertenece a la familia Campos Cebrián, al igual que los edificios de General Lacy 22, en Arganzuela, y Modesto Lafuente 8, en Chamberí. Y desde que los herederos los administran, la situación de los vecinos “no ha hecho más que empeorar”, explica a Infobae España Benjamín Jiménez, que reside desde hace 12 años en Mesón de Paredes. La familia propietaria ha utilizado una estrategia similar para expulsar a los inquilinos en los tres casos: les comunica a través de un burofax que no les renovará los contratos de alquiler y deja de realizar las reparaciones necesarias para mantener las viviendas en buenas condiciones.
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“Aquí en Mesón Paredes en los últimos meses se han marchado varios vecinos a los que se les había vencido el contrato de alquiler y a esos pisos que ahora están vacíos les han puesto una puerta blindada y una alarma”, explica Benjamín, cuyo contrato se termina el próximo 31 de agosto, pero que, al igual que otros 23 vecinos del bloque, asegura que no se va a marchar. De hecho, el 15 de mayo, coincidiendo con la festividad de San Isidro, organizaron una jornada reivindicativa para mostrar que de allí “nadie se mueve”.
Benjamín también aclara que en los años anteriores, cuando aún vivía la antigua propietaria del edificio, los inquilinos no habían tenido problemas con sus alquileres “ni de subidas de precios” ni de otra índole, “pero los inconvenientes llegaron con los herederos”, que son quienes ahora quieren echarlos del bloque para hacer otro tipo de negocios.
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Al darse cuenta del modus operandi de la familia Campos Cebrián, ya hace unos meses decidieron ponerse en contacto con el Sindicato de Inquilinas de Madrid para organizarse y así aplicar su propia estrategia: “Seguir pagando sus contratos de alquiler hasta forzar una negociación colectiva para que se les renueve a todas las vecinas”. “Les enviamos en su día un correo preguntándoles cuál era su intención, pero no hemos recibido respuesta. Desde que se cambió la gestoría, la comunicación con la propiedad ha sido casi inexistente”, indica Benjamín, que recuerda que hay vecinos que llevan viviendo en el edificio más de 40 años.
A diferencia de otros bloques en Madrid que sufren tácticas de acoso inmobiliario como fallos en los servicios básicos para generar incomodidad y presionar a los inquilinos para que se vayan, así como amenazas, obras de reforma y ruidos, a los vecinos de Mesón de Paredes 88 “les cambiaron los contratos de luz sin avisar y en ocasiones les pasan varias facturas seguidas”, en lugar de cobrarlas como corresponde (cada mes o dos meses, dependiendo de la compañía). “Aparte de estos movimientos con las facturas, también nos cambiaron las cuentas para ingresar la renta. Es una locura, tácticas entre el sabotaje y la chapuza”, añade el residente. Benjamín recuerda, sin embargo, que los vecinos y vecinas de General Lacy 22 están sufriendo un acoso inmobiliario que incluye cortes de suministro, goteras, roturas de tuberías y humedades, lo cual “pone en riesgo su integridad física y la propiedad ha decidido no hacer nada” al respecto, lamenta.
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El impacto de la gentrificación y la turistificación
Lavapiés, uno de los barrios más antiguos y multiculturales de Madrid, mayoritariamente obrero, es un claro ejemplo de cómo los efectos de la especulación inmobiliaria y los procesos de gentrificación impactan en la vida del vecindario. Cada vez son más los negocios tradicionales que cierran sus puertas para dar paso a franquicias y servicios turísticos. En los últimos años, según datos de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid, este céntrico barrio ha perdido más de 10.000 vecinos.
En paralelo a ese proceso de gentrificación y turistificación, en este último tiempo en Lavapiés también ha aumentado significativamente la presencia de fondos de inversión y grandes propietarios que compran edificios enteros para retirar esas viviendas del mercado del alquiler residencial y convertirlas en pisos turísticos, lo que ha reducido la oferta de vivienda habitual y presionado al alza los precios del alquiler.
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En ese sentido, Benjamín recuerda que en otros bloques de Lavapiés ubicados en San Ildefonso 20, Tribulete 7, Buenavista 25 y Zurita 22, los vecinos y vecinas también viven con el miedo a que les expulsen de sus viviendas. “No somos los únicos en esta situación. Por eso, esta también es una reivindicación para la defensa de un barrio en el que podamos vivir los vecinos”, concluye.
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