
En los últimos años, los distintivos medioambientales de la Dirección General de Tráfico (DGT) se han convertido en un elemento central de las políticas urbanas. Desde su implantación, las etiquetas —que clasifican los vehículos según el tipo de combustible y su año de matriculación— han adquirido especial relevancia con la entrada en vigor de la Ley 7/2021 de Cambio Climático y Transición Energética. Esta norma obliga a todos los municipios españoles de más de 50.000 habitantes (y a aquellos con más de 20.000 que superen ciertos niveles de contaminación) a implantar Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), lo que ha afectado directamente al uso de vehículos más contaminantes.
Los primeros afectados han sido los coches sin etiqueta, pero los siguientes en la lista son los vehículos con etiqueta B, que ya están comenzando a sufrir restricciones en diversas ciudades. Estos vehículos, identificados con una pegatina amarilla, incluyen turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculados a partir de enero de 2001, diésel desde 2006, y vehículos de transporte de más de ocho plazas con esas mismas fechas de referencia. También las motos y ciclomotores que cumplen con la normativa Euro 2 están incluidas en esta categoría.
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Así afectará según las ciudades
La aplicación de restricciones no es uniforme y depende de cada municipio. En Madrid, desde 2024, los coches con etiqueta B pueden circular por la ZBE general, pero tienen limitado el acceso a zonas de especial protección como el Distrito Centro, salvo si estacionan en un aparcamiento público. En Bilbao, a partir del 15 de junio de 2025, se prohibirá el acceso a estos vehículos durante el horario en que esté activa la ZBE, aunque los empadronados tendrán una prórroga.
Cataluña ha anunciado que en 2026 se activarán restricciones para estos vehículos si se superan determinados niveles de contaminación, y que a partir de enero de 2028 quedará prohibido su acceso en muchas ZBE del territorio. En Palma de Mallorca y Málaga, las restricciones comenzarán en 2027, y en San Sebastián se prevé su aplicación en 2028, con algunas excepciones.
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Esta progresiva exclusión ya se refleja en el mercado. Según datos de GANVAM, en 2024 las ventas de coches con etiqueta B descendieron por debajo del 10 % del total. El mensaje es claro: la presencia de estos vehículos está siendo cada vez menos tolerada en los núcleos urbanos.
El futuro de los coches con etiqueta B está vinculado al calendario de descarbonización planteado por la Unión Europea. Bruselas prevé prohibir la venta de vehículos de combustión a partir de 2035, y para 2050, la intención es que ningún coche de gasolina y diésel siga circulando en territorio europeo. Aunque la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha sugerido que podría revisarse la normativa, las señales apuntan a una retirada progresiva.
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Ante este panorama, adquirir un vehículo con etiqueta B no parece recomendable, especialmente para quienes residen en ciudades con ZBE. En términos de inversión a medio y largo plazo, los vehículos con etiqueta ECO o Cero se perfilan como opciones más seguras, tanto por su acceso sin restricciones como por su encaje en las políticas medioambientales futuras.
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