
El cine español celebra su gran noche. Granada acoge la 39ª edición de los Premios Goya y lo hace con dos grandes favoritas: El 47 y La infiltrada, que cuentan con 14 y 13 nominaciones respectivamente.
Por su parte, Leonor Watling y Maribel Verdú son las encargadas de conducir este evento. Juntas se han convertido en la primera pareja femenina en presentar la ceremonia. Así, habiendo querido dejar a un lado los discursos políticos, ambas decidieron abrazar la idea de celebrar la cultura desde el humor. “Hay tan poquito hueco en los periódicos para hablar de cultura y ahora que lo tenemos, ¿lo vamos a llenar de política? No jodas”, dijeron en la presentación de los Goya en La Academia. “Cada película ya tiene un discurso”, afirmaron.
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En el caso de El 47, este posicionamiento es claro: la película es una oda a la movilización colectiva. De esta forma, Salva Reina, primer ganador de la noche, se ha hecho eco de esta idea.

Salva Reina en los Premios Goya
El ganador del Goya a Mejor Actor de Reparto ha celebrado emocionado su premio con un mensaje de gratitud y reivindicación. “Todo es posible en Granada”, ha exclamado tras recoger la estatuilla. Después, Reina ha dedicado el galardón a su equipo, a su madre ( “que hoy es su cumpleaños”) y a quienes le han dado la oportunidad de trabajar.
El actor ha destacado la importancia de haber interpretado a un “cateto andaluz”, recordando que “dos millones tuvieron que emigrar exiliados”. También ha elogiado al director Marcel Barrena por dar voz “a esta gente humilde, honorable, valiente y poderosa, que sufrió, pero que gracias al cine ahora tiene un espacio de comunión y amor para curar heridas”.
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“El 47 es una película de época, pero desgraciadamente sigue siendo muy actual. Por la vivienda. Ninguna persona es ilegal”, ha subrayado. El actor también ha dedicado unas palabras a su pareja, la actriz Kira Miró: “Te quiero”. Por último, Reina ha terminado dedicando unas palabras a sus compañeros de categoría. “Sois grandísimos actores”.
La historia real de ‘El 47′
En 1978, el barrio barcelonés de Torre Baró era una zona marginada y sin servicios básicos. Sus calles sin asfaltar y la falta de transporte público aislaban a sus vecinos, quienes reclamaban sin éxito mejores condiciones. Entre ellos estaba Manuel Vital Velo, un extremeño que llegó a Barcelona en 1947 huyendo de la represión franquista. Comprometido con la lucha vecinal, protagonizó un acto histórico para mejorar la movilidad en el barrio.
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El 7 de mayo de 1978, cansado de la negativa del Ayuntamiento a llevar una línea de autobús hasta Torre Baró, Vital decidió tomar la iniciativa. Secuestró un vehículo de la línea 47 y lo condujo por las calles del barrio, demostrando que el acceso era viable. Durante el trayecto, decenas de vecinos se sumaron en apoyo.
Interceptado por la policía, fue detenido y acusado de secuestro, aunque finalmente quedó absuelto. Su acción forzó a las autoridades a extender la línea 47 hasta Canyelles, facilitando el acceso al transporte público en la zona.
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