
Si la literatura ha dedicado millones de obras a lo largo de la Historia al tema del amor, lo ha hecho sin desprestigiar otro sentimiento universal: la atracción física. Desde la lujuria del Decamerón de Boccaccio hasta la fuerza del deseo en Bodas de sangre de Lorca («Que yo no tengo la culpa / que la culpa es de la tierra / y de ese olor que te sale / de los pechos y las trenzas»), la atracción ocupa un lugar privilegiado en nuestro acerbo cultural y, por ende, en nuestra sociedad.
Ambos sentimientos, que a priori pueden parecernos inconfundibles (¿quién se atrevería a mezclar el amor genuino con la pura fascinación por el cuerpo ajeno?), pueden enredarse entre ellos y desdibujar la frontera que les separan. A menudo, muchas personas comienzan a experimentar algo por otra pero no son capaces de descifrar a qué corresponde esa extraña sensación, especialmente si se trata de un amigo o un compañero de trabajo. Pero, ¿podemos realmente catalogar los sentimientos?
El doctor Diego Padilla Torres es psicólogo clínico en el Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid) y, durante una entrevista con Infobae España, trata de ordenar en cierta medida una de las relaciones humanas más complejas, sin olvidar que “la erotización también tiene mucho que ver con la socialización que hemos recibido dentro de la familia o en la sociedad”.
“La diferencia que haría entre la atracción y el amor es que cuando las personas hablan de amor hacen referencia al tipo de relación que quieren establecer a medio y largo plazo. Ahí no solo está compaginado con la atracción, sino también con compartir unos valores, unas preferencias de ocio y un proyecto en común”, explica el experto. La idea de buscar el desarrollo personal junto al otro responde a un sentimiento de amor más que a la satisfacción temporal que puede ofrecernos la atracción física.
“El amor implica un paso más en la identidad”
La complejidad del amor quizás resida en que sus raíces pueden llegar hasta lo más profundo de la personalidad, mientras que la seducción descansa en la superficie sin necesidad de mover lo que está soterrado. “El amor implica un paso más en la identidad, una toma de conciencia” en la que también se juega con el autoconocimiento. Según Padilla, “es querer desarrollar una parte de uno mismo junto a una persona que tiene los mismos valores y preferencias parecidas, más allá de un desahogo erótico-sexual”.
No obstante, el experto no rechaza el sentimiento de la atracción, sino que la encaja dentro de los puntos claves para que una relación sea exitosa. Siguiendo las teorías del psicoanalista austriaco Otto F. Kernberg, Padilla explica para este medio que “la excitación de la sexualidad complementa la ternura”. “Las relaciones de amor tienen que ver con las relaciones que hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida, con nuestra propia madre, nuestro padre, nuestros amigos... Incluso de la insatisfacción que hayamos tenido con ellos. En las relaciones de amor se produce la integración de lo físico, la sexualidad, los valores morales y el diálogo”, concluye.
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