El arriesgado sueño británico de jubilarse en España: “Nunca pudimos entender el certificado de defunción”

España es el destino favorito para pensionistas de Reino Unido, que llegan a nuestro país sin pensar en los problemas que pueden enfrentar cuando tengan problemas de salud

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Una pareja de personas mayores
Una pareja de personas mayores camina por un parque. (Infobae)

En la actualidad, hay 200.000 ciudadanos de Reino Unido mayores de 65 años que viven en algún lugar de la Unión Europea. La mayoría de ellos vienen a España, en busca de una mayor calidad de vida, que es equivalente a un mejor clima y a una serie de servicios y recursos a un precio mucho menor del que encuentran en su país natal. Una realidad que va a más, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística británico, y que al parecer resulta bastante popular: en los últimos veinte años, y en especial tras el Brexit, la cifra de jubilados procedentes de allí en España se ha duplicado hasta superar la cifra de los 100.000.

No obstante, a pesar de lo buena idea que pueda parecer, esta migración ‘plateada’ presenta también una serie de retos menos evidentes, que poco a poco van saliendo a la luz. En un amplio reportaje publicado por el medio iNews, aparecen numerosos testimonios de familiares explicando cómo este prometedor viaje hacia el sur de Europa se ha convertido en un proyecto que no solo condiciona el bienestar de los mayores y sus allegados, sino que pone en riesgo su vida.

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Ir al médico con un “español de supervivencia”

Un caso muy claro es el de Jean, una mujer británica que con poco más de 50 años decidió mudarse a un pueblo cerca de Málaga. “En aquel momento, mi madre nunca había estado en España, pero una amiga le dijo que le encantaría”, cuenta su hija Alex al medio británico. “Ni siquiera hablaba el idioma”, algo que no evitó que decidiera venirse a España, motivada en gran parte por lo difícil -económicamente hablando- que le resultaba vivir en su país siendo una mujer soltera de avanzada edad.

La llegada fue muy positiva: se integró a la perfección y pronto se vio, aunque lejos de sus hijos, bien acompañada. Todo se torció, sin embargo, cuando pasados casi 20 años comenzó a presentar síntomas de demencia. Problemas con la tecnología, fallos de memoria y confusión generalizada. Parecía indicar que Jean había comenzado a desarrollar este problema frecuente en las personas mayores... solo que, hasta ahora, no han podido confirmar el diagnóstico.

A los largos tiempos de espera para ser atendida por la sanidad pública española, hay que sumarle la barrera idiomática: “Mi madre solo aprendió lo que yo llamo español de supervivencia, cuenta la hija. Además, las prestaciones sociales en España son muy diferentes de las de Reino Unido. En nuestro país, el cuidado a los mayores por parte del Estado está menos desarrollado, dado que es la familia la que suele hacerse cargo de los cuidados. “Contamos con algunos servicios sociales, pero es difícil tener claro si servirán”, cuenta.

Alex paga a cuidadores que la visiten dos veces al día, pero le es imposible recibir una ayuda estatal a corto plazo, ya que el proceso burocrático puede tardar hasta dos años en realizarse. Tampoco ella puede encargarse de su madre, pues entre otras cosas, tiene que cuidar a sus dos hijos adolescentes. Ha aumentado sus visitas a España, y ha tratado de convencer a Jean para que se vuelve. “No quiere”, resume, entre otras cosas porque su madre siente que ese es ahora su hogar, “pero llegará un momento en que eso ya no será posible”.

Adaptarse a los trámites y tiempos de un país que no es el tuyo

Pero quizá el caso más trágico sea el que cuenta Judith. Sus padres, de 75 años, se mudaron a Alicante hace veinte años, para lo que vendieron su casa. “Todos estábamos un poco preocupados de que pudiera no ser la mejor decisión pero, como mucha gente, se trató de una decisión financiera”. Con la pensión les resultaba muy difícil vivir en Reino Unido, así que se trasladaron a España, sin pensar los peligros a los que se exponían.

Primero llegó el cáncer de mama de su madre, para lo que recibió tratamiento. Mientras tanto, no obstante, el padre fue ingresado en un hospital y no volvió a salir: murió a los 82 años, siete después de haberse mudado. “Nunca pudimos entender realmente lo que decían los médicos o lo que decía el certificado de defunción”. La cosa fue incluso más allá, cuando vieron que, en contra de lo que suele hacerse en su país natal, iban a enterrar a su padre con la mayor rapidez posible. Tres días, concretamente, un tiempo en el que ningún familiar parecía poder acudir a su entierro.

Debido a los trámites burocráticos tras el deceso, se congeló la cuenta bancaria de la madre, que era compartida con el padre, lo que agravó los problemas de la madre, la cual seguía en tratamiento. Murió repentinamente, cuando aún no habían encontrado a quien pudiera acompañarla. Lo que había sido el sueño de sus padres, se convirtió “en una pesadilla” para la hija. “Si se hubieran planificado las cosas con antelación, habrían pensado más en los riesgos que les esperaban. Pero, ¿quién quiere hacer eso cuando se embarca en una nueva aventura?”.

La necesidad de conocer todo lo que puede ocurrir

En iNews contactan también con Steve Burgess, un hombre que pertenece a una organización sin ánimo de lucro -Age in Spain- encargada de ayudar a personas de habla inglesa y a sus familiares cuando vienen a España. Respecto a las barreras lingüísticas, donde en estos temas hay también mucho vocabulario médico, reconoce que para los mayores “puede resultar abrumador, incluso para quienes tienen un buen dominio del español”. Del mismo modo, opina que “la asistencia social pública suele estar disponible sólo en centros de habla hispana y las plazas en estos centros son muy limitadas”.

A raíz de esto, Burgess insiste en la necesidad de que si alguien mayor desea mudarse a España, debe hacerlo con toda la información. Tal vez el primer paso, es reconocer que su relativa juventud y estados de salud no permanecerán así de forma indefinida. “Están perfectamente sanos y compran una casa preciosa en la montaña y la vida es fabulosa durante o 15 años, pero luego llega la vejez”, advierte.

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