
Otoño es la estación preferida del año para los amantes de las setas. En plena temporada para recolectar estos hongos; septiembre, octubre y noviembre son los meses cuando los bosques se llenan gracias a las lluvias y las temperaturas suaves.
Boletus, níscalos, o champiñones son algunas de las especies de setas, trufas y hongos comestibles que podemos encontrar en nuestros bosques. Pero no todos los aficionados a buscar setas las conocen y prueba de ello son los más de 400 casos de intoxicaciones que se producen durante la temporada de setas, algunos con desenlaces fatales, según informa La casa de las setas.
Por eso, conviene conocerlas a la perfección y saber distinguirlas, ya que, aunque sea solo para acompañar a nuestros platos o comerlas solas, las setas están consideradas una auténtica exquisitez en la gastronomía española.
Setas comestibles
En los bosques gallegos, El faro de Vigo ha hecho una selección de los hongos más populares que se pueden encontrar, diferenciando los comestibles de los no comestibles:
Boletus edulis (madeirudo, andoa cabaza): comestible. Es el hongo de mayor tasa y peso. Es de color marrón claro y suele crecer en bosques de frondosas o coníferas.

Agaricus campestris (fungo dos lameiros): comestible. Este champiñón es pequeño y de color blanco. Suele crecer en primavera y otoño en los bosques o campos bien abonados.

Cantharellus cibarius (cantarelas): comestible. Es conocida como la seta del olivo. Su forma se asemeja a una trompeta y su color varía entre el amarillo blanquecino y el naranja. Se puede encontrar cerca de coníferas y árboles planifolios, en la mayor parte de los casos a la sombra de encinas, alcornoques o robles.

Boletus reticulatus (viriato, andoa de verán): comestible. De color marrón claro o avellana. Crece en los bosques de frondosas y coníferas desde el final de la primavera hasta el final del verano.

Corprinus comatus (matacandil, barbuda, chipirón de monte): comestible. Se diferencia por su característico sombrero alargado. Suele crecer en pardos, jardines y herbazales.

Craterellus tubaeformis (angula de monte): comestible. Crece en bosques caducifolios, pinares y eucaliptales en plena temporada de setas, con bajas temperaturas. Su color no es característico ya que depende de las condiciones del terreno.
Craterellus cornucopioides (trompetas dos mortos, cantarelos pretos): comestible. Son de color gris ceniza-pardo. Suelen crecer a la sombra de caducifolios, en zonas con musgo y entre acículas de pinares.
Hydnum repandum (lingua de gato, lingua de vaca): comestible. Es una seta tardía, ya que suele crecer a partir de noviembre. Es de color crema y se encuentra en bosques de frondosas, coníferas y eucaliptales.

Lactarius deliciousus (nísclao, fundo da muña): comestible, muy apreciada en gastronomía. Es de color anaranjado y suele crecer en pinares.

Macrolepiota procera (zarrota, monxo, choupín): comestible. Es alta y esbelta, pudiendo llegar su sombrero hasta los 40 centímetros de diámetro. Crece en bosques y prados con suficiente luz.

Tricholoma portemtosum (tortullo): comestible. Seta de sombrero gris y tallo blanquecino. Se encuentra en pinares con la llegada del frío.
Agaricus arvensis (bola de nieve): comestible. Crece en praderas, pastizales y herbazales. Se recomienda no recogerla en prados cultivados o cerca de las carreteras, debido a que puede absorber toxinas y metales pesados.

Amanita caesarea (raíña): comestible. Se diferencia por su hermoso sombrero naranja-rojizo. Suele crecer en bosques de frondosas, principalmente carballos, en sus claros y zonas orientadas al sur.

Setas tóxicas
Amanita phalloides (pan de sapo, pan do demo, cacaforra de morte): tóxica. Su ingesta puede llegar a ser mortal, llegando a ser conocida como hongo de la muerte. Es una seta alta, de color amarillo blanquecino, muy parecida a algunas comestibles.

Amanita muscaria (rabentabois, brincabosis): tóxica. Causa intoxicación pasajera que acaba en sueño profundo. De tallo blanco y sombrero rojo con pequeñas escamas blancas.

Agaricus xanthoderma: tóxica. Muy similar al champiñón, pero más grande. Se suele encontrar en los prados y provoca gastroenteritis, que puede llegar a ser aguda.
Paxillus involutus: tóxica. Es una de las setas más abundantes y su consumo continuado puede ocasionar intoxicaciones graves, llegando a ser letales. Son de color marrón pardo con el sombrero dado la vuelta.

Lepiota brunneoincarnata: tóxica. También es una de las más letales y dañinas con efectos similares a los de la Amanita phalloides (hongo de la muerte). Su sombrero es de color pardo con ciertas tonalidades rojizas.

Amanita pantherina (cacaforra cincenta): tóxico. Provoca síntomas gastrointestinales y nerviosos más fuertes que la Amanita muscaira (sueño profundo). El color varía entre el pardo y el grisáceo.
Galerina margitana: tóxica. Es un hongo mortal que produce daños renales o hepáticos irreversibles. Es fácil de diferenciar gracias a su característico color naranja.

Cortinarius orellanus: tóxica. Los síntomas son; sensación de ardor en la lengua, dolor de cabeza, trastornos renales y hepáticos... que no se manifiestan hasta días después de su ingestión. Característica por su color marrón amarillento.

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