
Se subió al escenario del Primavera Sound en Barcelona con la convicción de quien reina. También con el músculo de ser una de las artistas que ha conformado una discografía propia (y diversa) sin dejar de lado la autenticidad que la caracteriza. Charli XCX lleva años haciendo el mejor pop de la industria, pero su nombre no había roto la barrera del mainstream hasta la llegada de brat: un disco en el que el frenesí se entremezcla con las preguntas vitales que acechan a cualquier millennial. El espíritu inagotable de la juventud (demostrado en temas como 365, Von dutch o Club classics) se fusiona con el existencialismo del que se encuentra solo ante las decisiones que marcan el porvenir (el sentimiento antagónico que la cantante expresa en canciones como Sympathy is a knife, So I o I think about it all the time).
La fiebre verde se ha apoderado de la industria musical y lo ha hecho de la mano de un álbum honesto en el que la artista británica conjuga a la perfección los elementos que la definen: su carácter macarra, su predilección por un hit imbatible y su virtuosismo con la sinceridad. Brat es el clímax de varios años de grandes discos: Crash (2022), how i’m feeling now (2020) o Charli (2019). También es el disco más aclamado del año, de momento. Pitchfork le ha otorgado una nota de 8,6 sobre 10 y en Metacritic tiene una puntuación de 93 sobre 100 (una marca basada en 19 críticas de expertos musicales).
Era un año difícil para erigirse como la mejor. Estaba Cowboy Carter, de Beyoncé, The Tortured Poets Department, de Taylor Swift, eternal sunshine, de Ariana Grande, Hit Me Hard And Soft, de Billie Eilish y Radical Optimism, de Dua Lipa. Todos ellos han recibido una valoración más baja que el brat de Charlotte Emma Aitchison, que no sólo demuestra que la convicción de Charli XCX era acertada, también que ha sido una artista infravalorada (incluso para las discográficas que han manejado su carrera). Su sonido, nunca comercial, ha acabado confirmándola como la artista más destacada en un año en el que muchas de las superpotencias del pop se han quedado a medio gas.
Brat es un álbum para llorar en el club. Es un disco que replica en sus letras la sensación de querer llegar al límite para sentir algo y evitar un colapso emocional. También es el diario sonoro de una mujer con dudas y quebraderos emocionales. La inestabilidad se hace notar en los versos y la ruptura sonora entre canciones se convierte en el sello distintivo del disco. Es como si Charli hubiese querido trasladar el caos creativo de su cabeza al tracklist, consiguiendo, así, una electricidad ecléctica más que necesaria.
En una época de resistencia al pop más mainstream y a los nombres que han llevado la industria a cuestas en la última década, la británica ha conseguido destacar más allá de su elenco de acérrimos establecido con un disco arriesgado, fresco y que apela a la tendencia musical coyuntural. Aunque, siendo honestos, ella siempre ha sido la artista más macarra de la industria femenina.
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