
Billy Gardell, recordado por su papel en Mike & Molly, solía fijarse fechas —los lunes, el primer día del mes o Año Nuevo— para comenzar un cambio que nunca terminaba de consolidarse.
A veces lograba bajar varias decenas de libras, pero el peso regresaba con el tiempo. Hacia 2020, su peso oscilaba entre 167 kilos y 173 kilos y ya convivía con un diagnóstico de diabetes tipo 2.
Sus médicos le advirtieron las implicaciones del cuadro, preocupación que aumentó con la llegada de la pandemia.
“Cuando llegó la primera ola y publicaron la lista de condiciones de alto riesgo, yo tenía todas. Sobrepeso, apnea del sueño, fumador, diabetes tipo 2, asma… era una tormenta perfecta”, recordó en una entrevista con People.

Sus análisis marcaban cifras elevadas y la presión arterial también aumentaba. “Entre mis números de sangre, la diabetes y el COVID, fue suficiente para decir: ‘Pase lo que pase, tengo que hacer un cambio’”.
El 17 de julio de 2021 dio el primer paso determinante: una cirugía bariátrica. El procedimiento, explicó, fue el punto de partida para modificar hábitos y redefinir su vínculo con la comida.
“Todo se redujo a cambiar lo que pienso sobre la comida. La comida es combustible. No es una recompensa ni un calmante. Tenía que superar mi relación emocional con ella”, contó.
Desde entonces, combinando actividad física regular y vigilancia alimentaria, el actor de 56 años ha perdido más de 77 kilos, por lo que su diabetes remitió y que su energía ha mejorado. También mencionó que ahora puede comprar ropa directamente de la percha.

Billy Gardell destaca que su esposa Patty y su hijo Will, de 22 años, fueron un respaldo importante durante el proceso. “Ellos quieren que esté aquí más tiempo. Y saber por quién luchas ayuda a hacer cosas increíbles. Bajar de peso me salvó la vida”, dijo.
Gardell creció entre Pittsburgh y Florida. Se describe como un niño “rellenito”, activo en deportes, pero ya con una relación compleja con la comida.
Asimismo, el comediante relató que a los 14 años asumió responsabilidades económicas en su hogar y convivió con un padrastro que “no era una persona amable”. “Creo que puse ese peso extra como una especie de armadura”, dijo.
A los 17 dejó su casa para dedicarse a la comedia, recorriendo pequeños clubes y asociando la comida tanto a momentos difíciles como a celebraciones. “Meditaba mis emociones y mis miedos con comida, y también celebraba mis victorias con comida”, explicó sobre esos años.

A lo largo de su carrera probó diversas dietas: baja en carbohidratos, keto, ayunos intermitentes. “Todas funcionan, pero no pude mantener la consistencia”.
En 2010 alcanzó una mayor visibilidad con Mike & Molly, serie que protagonizó junto a Melissa McCarthy durante seis temporadas. Después sumó otro proyecto televisivo con Bob Hearts Abishola.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el peso acumulado derivó en dolores musculares y articulares que complicaban su movilidad. Consultó en dos ocasiones sobre la posibilidad de someterse a una cirugía para perder peso, pero no concretó ninguna hasta la pandemia.

Cuatro años después, Gardell atribuye parte de su proceso a su cirujano, el Dr. Philippe Quilici, y a su nutricionista, Teri Hlubik.
Con ella mantiene encuentros semanales que compara con “una especie de terapia”, orientados a identificar detonantes emocionales relacionados con la comida y a construir nuevos hábitos. “Cada cambio empieza entre los oídos”, comentó.
Gardell sigue una rutina alimentaria estructurada: un sándwich de desayuno con salchicha de pavo, cottage con fruta por la tarde y una cena ligera sin frituras ni azúcares.

Además, toma vitaminas, suplementos y bebe alrededor de 2.2 litros de agua al día. Realiza ejercicio varias veces por semana, aunque admite que no todos los días son iguales. “Si lo haces bien ocho de cada diez veces, vas a ganar la batalla”.
Entre los cambios prácticos que ha notado están actividades que antes no podía realizar con facilidad, como surfear, montar a caballo o viajar con mayor comodidad.
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