Transcurría el verano de 1968 en Londres. Paul McCartney componía una de las melodías más emblemáticas de The Beatles que, décadas después, resonaría en el mundo entero. Se trataba de Hey Jude, una canción que nació con el fin de consolar a Julian Lennon, hijo de su compañero John Lennon, tras la reciente separación de sus padres. Inicialmente, el tema fue titulado con un nombre diferente al que se conoce hoy. El público la escuchó por primera vez ese mismo año y, apenas publicada, se transformó en un suceso global cuya repercusión cultural y emocional aún persiste.
Hey Jude surgió en un momento definitorio para los integrantes del grupo. Según Billboard Argentina, el origen de la canción se vincula a la situación familiar de John Lennon. Paul McCartney comenzó a componer la letra en junio de 1968 durante un trayecto en auto hacia Surrey, donde visitó a Cynthia Lennon y a Julian, el hijo de John, pocos días después de la separación de la pareja. El título inicial fue Hey Jules, en referencia a Julian. Sin embargo, McCartney decidió modificarlo porque, a su juicio, “sonaba mejor” el nombre “Jude”.
El proceso de grabación se realizó en dos de los estudios más prestigiosos de Londres. La primera parte se registró en Abbey Road el 31 de julio de 1968. En esa sesión participaron Paul McCartney en el piano, George Harrison en la guitarra eléctrica, John Lennon en la guitarra acústica y Ringo Starr en la batería y pandereta. Posteriormente, la banda se trasladó a Trident Studios, donde aprovecharon los recursos técnicos avanzados, como la grabadora de ocho pistas. Esta tecnología facilitó una orquestación más compleja. Además, se sumaron 36 músicos clásicos, lo que otorgó a la canción una dimensión orquestal inusual hasta ese momento para el grupo.

La letra de Hey Jude dio lugar a múltiples interpretaciones y especulaciones. John Lennon creyó durante mucho tiempo que la canción estaba dirigida a él, por el contexto de su divorcio y su nueva convivencia con Yoko Ono. No fue hasta 1987 que Paul McCartney le explicó a Julian que la canción realmente estaba inspirada en él y que el mensaje buscaba transmitir consuelo y apoyo durante una etapa difícil. Julian Lennon expresó en varias ocasiones que mantuvo una relación cercana y afectuosa con Paul, incluso más que con su propio padre en ciertos momentos.
El éxito de la canción fue inmediato y contundente. De acuerdo con Billboard Argentina, el tema alcanzó el primer puesto en las listas de éxitos en más de doce países. En Estados Unidos, lideró el Billboard Hot 100 durante nueve semanas consecutivas, estableciendo un récord para el grupo. Además, vendió más de cinco millones de copias en solo seis meses, lo que la posicionó como uno de los sencillos más vendidos en la historia de la banda.

El impacto no se limitó únicamente a sus cifras de ventas. Hey Jude se consolidó como un himno de la paz y la esperanza en un periodo marcado por conflictos sociales y políticos a nivel global. Durante la década de 1970, diversos movimientos de protesta y campañas vinculadas a los derechos civiles tomaron el tema como símbolo de resistencia y optimismo. En los años ochenta, el valor nostálgico y la sensación de unidad capturaron la atención de los seguidores de The Beatles, que, ante la disolución de la banda, encontraron en la canción un refugio emocional y un motivo de encuentro.
La influencia de Hey Jude también se extiende a otros ámbitos. El deporte y, en particular, el fútbol incorporaron la canción en celebraciones y cánticos colectivos. En los estadios, el coro fue adoptado como una expresión de alegría y de identidad colectiva. Según el medio mencionado, los aficionados del Manchester City hicieron de esta canción uno de sus himnos, atribuyendo este hecho a la coincidencia entre el lanzamiento del sencillo y la conquista del segundo título de liga por parte del club.

Uno de los rasgos más distintivos del tema es su evolución musical a lo largo de sus minutos. El inicio presenta un acompañamiento simple de piano, voz y guitarra acústica, con un tono íntimo y cercano. Más adelante, la inclusión de la sección de cuerdas y metales, sumada a la participación de más de treinta músicos, confiere a la canción una calidad monumental que acentúa su carácter emotivo y universal. El tramo final, con la repetición del estribillo y la intensidad creciente del acompañamiento instrumental, se convirtió en uno de los momentos más emblemáticos de la discografía del grupo y de la música popular del siglo XX.
Hoy, Hey Jude continúa como un testimonio de la capacidad creativa de The Beatles y de su vigencia en la cultura contemporánea. El tema representa una síntesis de la sensibilidad artística de la banda y de su poder para conectar con el público.
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