La niña que deslumbró al mundo en los años noventa con su mirada encendida y su voz determinante, hoy prefiere la penumbra del anonimato al destello de los reflectores. Mara Wilson, quien interpretó a Matilda en la película dirigida por Danny DeVito, está lejos del universo de Hollywood que la lanzó a la fama cuando tenía apenas 8 años. En la actualidad, reparte su tiempo entre la escritura, la interpretación desde la dramaturgia y la narración oral, un cambio de rumbo impulsado por las heridas que la industria le dejó desde muy joven.
En 2016, Wilson publicó su autobiografía, Where Am I Now?: True Stories of Girlhood and Accidental Fame, donde narró con crudeza los efectos de la fama precoz. Según HobbyConsolas, la actriz hoy “combina dos de sus pasiones: la escritura y la interpretación, aunque esta última ya no sea como antes”. Entre sus trabajos recientes figuran colaboraciones como narradora en podcasts de ficción (Welcome to Night Vale) y su voz en series de animación como BoJack Horseman (2016) y Big Hero 6: la serie (2017).
Lejos de idealizar su pasado, Wilson ha sido clara sobre los motivos de su distanciamiento del cine: “No quiero que nadie me diga: ‘Tenés que perder 10 kilos y operarte la nariz’”, declaró en una entrevista. En otra conversación, citada por el medio mexicano Reporte Índigo, se refirió al doloroso momento en que descubrió que su imagen había sido manipulada digitalmente en sitios de internet con fines sexuales: “Mi familia había cambiado, mi cuerpo había cambiado, mi vida había cambiado”.

De Mrs. Doubtfire al mito de Matilda
Mara Wilson nació en 1987, en California, Estados Unidos. Su interés por la actuación se despertó al ver a su hermano aparecer en anuncios de televisión. A los seis años, ya compartía escena con figuras como Robin Williams, Sally Field y Pierce Brosnan en Mrs. Doubtfire, también conocida como Papá por siempre. Pronto llegó un papel central en Milagro en la calle 34, que marcó un punto de quiebre para ella: en su libro recordó que un crítico “reservó su ira para mí. Cuando me veía sonreír, todo lo que quería era –y la cito textual– ‘zarandearla de sus pequeños y adorables hombros hasta que sus dientes chirreen’”.
En 1996, alcanzó la cima de su popularidad al interpretar a Matilda Wormwood, una niña brillante con poderes telequinéticos. Durante el rodaje, su madre luchaba contra un cáncer de mama avanzado. “Tenía ocho años. Fue un golpe duro… y fueron muy amables”, declaró la actriz sobre el apoyo que recibió de Danny DeVito y Rhea Perlman, quienes la cuidaron en su casa mientras su madre estaba internada. DeVito, que también dirigía la película, la alentó a seguir adelante con el papel. Tras la muerte de Suzie Wilson, apenas dos meses antes del estreno, la película incluyó una dedicatoria final: “Una película de Danny DeVito para Suzie Wilson”.

Adolescencia, rechazo y ruptura con Hollywood
Luego de Matilda, Wilson participó en El hada novata (1997), Un golpe de magia (1999) y Thomas and the Magic Railroad (2000), su última aparición como protagonista de un largometraje. Pero la fama había cambiado de signo. “Me sentí completamente perdida, sin saber quién era”, le confesó al periódico The Guardian.
A los 12 años, empezó a experimentar la sexualización precoz por parte de medios y fanáticos. “Me enviaban cartas inapropiadas y la prensa me hacía preguntas que no tenían que ver con mi edad”, dijo. También enfrentó el rechazo del público y de la industria: “Vi que les decepcionaba que yo no fuera tan lista, guapa, simpática, como esperaban que fuera”, y agregó: “Creo que esperaban que fuera Matilda, y ella es maravillosa, pero no es real. Nunca iba a estar a su altura”.
Un episodio revelador tuvo lugar cuando un director le ofreció el papel de “la amiga gorda de la protagonista”. La actriz entendió entonces que “a los 13, ser bonita era lo que importaba. Y no sólo en el mundo del cine y la televisión”.

Reconstrucción: estudios, escritura y salud mental
Wilson decidió retirarse de la actuación para proteger su salud mental. Se graduó en la Universidad de Nueva York y se dedicó a la escritura. “Me ayudó a entenderme mejor y a contar mi historia con mis palabras”, expresó en entrevistas.
En los últimos años, Mara ha hablado abiertamente sobre su lucha con la depresión, la ansiedad y el trastorno obsesivo-compulsivo. Se unió al proyecto Urok, una organización que acompaña a personas con trastornos mentales. “Desde mi adolescencia he luchado contra la depresión, la ansiedad y el trastorno obsesivo-compulsivo”, declaró en un video difundido hace tres años.
A pesar de todo, no descarta volver a actuar, pero en sus propios términos.
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