
Nació en Kansas, en 1951, en el centro exacto del mapa de los Estados Unidos, en una ciudad donde los tornados azotan en primavera y el viento barre las calles con furia en invierno. Kirstie Alley creció en una familia metodista, junto a dos hermanos, en un hogar que parecía normal, aunque ella misma diría años después que siempre fue la chica difícil, la inquieta, la que ponía a todos nerviosos. Según Us Magazine, alguna vez definió su adolescencia como “la de una chica artística, problemática, insoportable”.

En los años 70, antes de ser actriz, de estar en Hollywood,y saltar a la fama, conoció el vértigo de la cocaína. No una vez, no en fiestas esporádicas, sino todos los días, a todas horas, en cantidades que la volvieron, según sus palabras a People: “Una cobarde que se pasaba la vida deseando no vivirla”.
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El consumo la arrastró hasta un pozo donde todo dejó de importarle, hasta que se miró en el espejo, harta de estar perdida, y decidió que debía salvarse. Se mudó a Los Ángeles, buscó ayuda, probó la Cienciología y fue eso lo que la rescató.

Cuando la televisión la descubrió, en 1982, ya estaba mejor. Había trabajado limpiando casas para sobrevivir. Se había presentado en un par de concursos televisivos como Match Game y Password Plus. Había conseguido un papel en Star Trek II: The Wrath of Khan que la hizo notar en la industria. Luego vinieron más películas, más oportunidades, hasta que llegó la serie que lo cambió todo.
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En 1987, los productores de Cheers la eligieron para reemplazar a Shelley Long en la exitosa sitcom de NBC. Tenía treinta y seis años y aún no era una estrella, pero en cuanto apareció en la pantalla con su personaje de Rebecca Howe, el público la adoptó. Según People, la química con el elenco y su estilo de comedia fueron un éxito inmediato. En 1991 ganó un Emmy y un Globo de Oro.

La fama le trajo éxito y excesos. En 1983 se había casado con el actor Parker Stevenson. Quiso ser madre, pero no pudo. Perdió un embarazo, atravesó tratamientos sin resultado y, en 1992, adoptó a su primer hijo, William True, y luego llegó Lillie. Y su matrimonio duró hasta 1997.
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Mientras Hollywood le daba trabajo, su cuerpo se volvía un tema de conversación. En los 2000, tras la menopausia y su divorcio, empezó a subir de peso y los medios no la dejaron en paz, pero ella lo convirtió en parte de su carrera. En 2005, protagonizó Fat Actress, una comedia donde se burlaba de sí misma. Se convirtió en vocera de la empresa de dietas Jenny Craig, perdió 34 kilos, posó en bikini en The Oprah Winfrey Show y, cuando los recuperó, hizo otro reality sobre su vida, Kirstie Alley’s Big Life.
Según Business Insider, en 2012 había adelgazado 45 kilos con su propio producto, Organic Liaison, pero la demandaron por publicidad engañosa y tuvo que pagar un acuerdo.
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En sus últimos años, siguió trabajando. En 2011 quedó segunda en Dancing with the Stars. En 2022 apareció en The Masked Singer, disfrazada de mamut rosa, bailando y cantando sin que nadie supiera que, en pocos meses, estaría muerta.
En mayo de 2022, sintió un dolor profundo en la espalda que no desaparecía. Fue al médico y los estudios revelaron lo impensado: cáncer de colon en estadio 4. Según la Universidad de Colorado, la enfermedad suele avanzar sin síntomas hasta que es demasiado tarde, y eso fue lo que ocurrió con ella. La detectaron en la etapa final, cuando ya no había casi nada que hacer.
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Se internó en el Moffitt Cancer Center, cerca de su casa en Clearwater, Florida. No habló públicamente sobre su diagnóstico. La noticia no trascendió. Según People, siguió grabando videos para sus seguidores en redes sociales, sonriente, sin dar pistas de lo que estaba enfrentando.
De acuerdo a Hollywood Reporter, en los meses finales recibió tratamientos paliativos, pero el cáncer estaba demasiado avanzado. Su cuerpo comenzó a apagarse.
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El 5 de diciembre de 2022, Kirstie Alley murió en su casa, a los 71 años. Según Variety, estaba rodeada de su familia y fueron sus hijos quienes anunciaron su muerte en un comunicado en Instagram: “Nuestra madre increíble, feroz y amorosa ha fallecido tras una batalla con el cáncer, recientemente descubierto”.

John Travolta, su gran amigo, escribió en redes sociales: “Te amo, Kirstie. Sé que nos volveremos a ver”.

Según American Society of Cancer, el cáncer de colon es el segundo más letal en Estados Unidos, después del de pulmón. Puede prevenirse con colonoscopías regulares a partir de los 45 años, pero Alley tenía 71 y nunca se la había hecho. Cuando fue al médico, ya era tarde.
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Hasta el final, se mantuvo firme en su forma de ser. No se disculpó por sus opiniones, no se mostró débil, no dejó que nadie supiera lo mal que estaba. Se fue como vivió: luchando contra todo y contra todos, hasta que su cuerpo no pudo más.
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