“Sé que la gente me odia. Es algo que uno da por sentado y, ya sabe, registra como una desventaja”, declaró Jesse Eisenberg en una reciente entrevista con The Sunday Times. Estas palabras resumen una vida marcada por el antisemitismo, una experiencia que, lejos de limitarlo, impulsó al actor, escritor y director a plasmar este tema en su arte.
Su más reciente película, A Real Pain, aborda el turismo del Holocausto y las complejidades intergeneracionales en torno a la memoria histórica, combinando humor e ironía con una profunda carga emocional.
La cinta, que Eisenberg escribió, dirigió y protagoniza, sigue a dos primos, David (interpretado por él mismo) y Benji (Kieran Culkin), quienes se unen a un grupo de turistas en Polonia para visitar sitios relacionados con el Holocausto.
Pero antes de que el filme fuera visto por nadie, ya había enfrentado el rechazo: en IMDb, el 11,8% de los votantes le otorgó una estrella sin haberla visto. En Reddit, un usuario compartió el póster y escribió que no la vería porque “bueno, era un poco judía”.

Para Eisenberg, este tipo de comentarios no son una novedad. “Recuerdo cuando tenía 18 años y estaba en mi primera película, Roger Dodger, y había dos comentarios en mi página de IMDb. El primero decía: ‘Me recuerda a Ben Stiller’. El segundo decía: ‘¿Quieres decir bajito, feo y judío?’”, rememoró el actor de 41 años en la entrvista con The Sunday Times.
“Estos ataques vienen en oleadas para los judíos”
El antisemitismo ha sido una constante en la vida de Eisenberg desde su infancia. “Cuando era joven veía al Ku Klux Klan quemar cruces en jardines judíos en las noticias, o a los antisemitas en la televisión llamar cucarachas a los judíos. Yo tenía seis años. Así que no me sorprende en absoluto”, relató a The Sunday Times.
Según el actor, este odio viene y va, pero nunca desaparece. “¿Tiene sentido o hay alguna diferencia? Bueno, estas cosas llegan en oleadas a los judíos”. Como ejemplo, recordó otro comentario que leyó en internet: “Odio a Seth Rogen y a Jesse Eisenberg. Me gustan sus películas, pero hay algo en ellos que me hace odiarlos”.
Frases como estas acompañaron al actor durante toda su carrera. En lugar de tomarlas como algo personal, Eisenberg las percibe como un reflejo de un problema sistémico.

El Holocausto desde una nueva generación
La conexión de Eisenberg con el Holocausto no es casual. Nacido en Queens en 1983, su familia tiene raíces en Krasnystaw, una pequeña localidad de Polonia. Su abuelo emigró a Estados Unidos antes de la Segunda Guerra Mundial, mientras que la mayoría de su familia murió en el genocidio nazi.
Sin embargo, el trauma del Holocausto fue un tema del que no se hablaba abiertamente. “Mi abuelo nunca habló del Holocausto con mi padre. Pero estaba en el Bronx mientras su familia era asesinada en Polonia; tenía la culpa del sobreviviente”.
Esta barrera generacional influyó en cómo Eisenberg, como miembro de la tercera generación, procesó esta historia. “Yo pensaba: ‘¿Cómo mi padre no fue cuando cumplió 18 años? ¿Ir a llorar en la tierra de Krasnystaw?’ Pero eso es porque cuando él creció era realmente un tabú. ¿Pero yo? ¿Tercera generación? ‘¡Voy a escribir una película sobre eso!’ Porque para mí es algo remoto. No conozco los rostros reales de las personas que murieron, y por eso la gente más joven habla mucho más de ello, con una perspectiva más analítica y remota”.
El clímax de A Real Pain se filmó en Krasnystaw, en el lugar donde vivió su familia, y también en el campo de concentración de Majdanek. A pesar de su temática seria, la película utiliza el humor para explorar las contradicciones del turismo del Holocausto.
“Es irónico querer experimentar el pasado desde un lugar cómodo”
Jesse Eisenberg analizó las contradicciones del turismo histórico, específicamente el relacionado con el Holocausto, al mencionar un anuncio que ofrecía “tours por Auschwitz (con almuerzo incluido)”. Para él, este tipo de ofertas trivializan la experiencia de visitar un lugar tan cargado de dolor y significado, convirtiéndolo en una actividad turística más, similar a visitar el Coliseo en Roma. “Dirían: ‘¡Iremos a Brujas en su lugar!’ Nos fascina la historia, pero queremos experimentarla desde un lugar cómodo”, señaló el actor a The Sunday Times, haciendo énfasis en cómo algunas personas priorizan la conveniencia antes que el impacto emocional o histórico de estos sitios.
Eisenberg también criticó la superficialidad de quienes ven estas visitas como una “palmadita en la espalda”, una forma de sentirse moralmente bien consigo mismos, sin confrontar realmente la tragedia. “Y eso no quiere decir que no haya un sentimiento real, pero es irónico querer experimentar todo esto, pero también alojarse en el mejor hotel de Cracovia”, añadió, subrayando la incomodidad que genera este contraste entre la búsqueda de conexión con el pasado y la necesidad de confort.
En su opinión, la manera en que la memoria histórica se está transformando también genera conflictos. “Cuando yo era niño, la gente hablaba de los números que llevaban en los brazos. Pero ahora eso está relegado a los museos, a los libros, y habrá algo en la búsqueda de un significado en un campo de concentración que resultará anticlimático. Es natural llorar, porque son historias de seres humanos que fueron torturados, pero si buscas algún significado en tu propia vida a partir de ahí, imagino que te sentirás decepcionado”, concluyó el actor.
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