
Ricardo Navarro, presidente de CESTA, advirtió que existe un 95% de probabilidad de que El Salvador enfrente un fenómeno de El Niño “superfuerte” en los próximos meses.
Explicó que la intensidad inédita de este fenómeno traerá impactos climáticos severos, como reducción de lluvias, sequía prolongada y afectaciones directas a la agricultura, el abastecimiento de agua y la generación de energía.
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Navarro relató que, según gráficas de la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la probabilidad de que El Niño alcance su máxima intensidad en el próximo trimestre supera el 90%. Enfatizó que ya no se habla de si habrá fenómeno, sino de qué tan fuerte será. “Ahora, la discusión es va a ser fuerte o superfuerte”, remarcó.
Detalló en la entrevista concedida a Diálogo que la magnitud del fenómeno se ha intensificado en los últimos años. Mientras antes se consideraba “fuerte” un incremento de dos grados en la temperatura oceánica, actualmente se observan temperaturas superiores a los tres grados en la superficie del océano y hasta diez grados en aguas profundas.
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Navarro advirtió que esto anticipa impactos más severos en el clima, con reducciones de lluvias y prolongación de la sequía en el territorio.
El presidente de CESTA subrayó que la tendencia global apunta a un aumento constante de la temperatura planetaria. Citó registros desde 1860 que muestran un incremento dramático y continuo. “La temperatura del planeta está incrementándose dramáticamente. En diez años va a estar peor y en veinte años mucho peor”, afirmó.

Navarro insistió en que la situación va a empeorar en el mediano plazo, aunque reconoció que pueden existir variaciones caóticas año con año. Señaló que los próximos meses y años traerán situaciones más graves, con efectos directos sobre los recursos y la vida cotidiana.
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Advirtió que la agricultura es el primer sector en resentir las consecuencias de la sequía. Explicó que la alteración del régimen de lluvias pone en riesgo la producción de alimentos, lo que puede derivar en situaciones de hambre y en problemas políticos. “Alimentos quiere decir hambre. Y de hambre usted pasa a problemas políticos”, enfatizó.
Navarro alertó que la disponibilidad de alimentos está amenazada por la pérdida de cosechas y la dependencia de importaciones. Recordó que El Salvador nunca es autosuficiente en alimentos, y que ante fenómenos climáticos más extremos la situación se agrava. “Cada año perdemos alimentos, nunca somos autosuficientes, cada año. Y hoy más, porque hoy tenemos un niño más fuerte”, afirmó.
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El especialista llamó la atención sobre la importancia de crear reservas estratégicas de granos básicos y proteger la biodiversidad de semillas. Recomendó establecer bancos de semillas o santuarios, y conservar in situ la mayor cantidad de variedades agrícolas posibles, como una norma de sobrevivencia nacional. Advirtió que la falta de previsión puede agravar la inseguridad alimentaria del país, especialmente ante la posibilidad de escasez de productos básicos como frijol, maíz, hortalizas y frutas.
Dependencia energética, gestión del agua y deterioro ambiental

Navarro enfatizó que la matriz energética salvadoreña depende en gran medida del recurso hídrico. Explicó que la disminución de lluvias amenaza el abastecimiento de agua para la generación eléctrica, lo que podría derivar en cortes de energía y encarecimiento del servicio.
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Indicó que, ante la escasez, el país podría recurrir a la generación térmica con búnker, lo que incrementa los costos y se traslada al usuario final en la factura de electricidad. “Se puede disimular la cosa, por ejemplo, comprar mucho búnker para producir las térmicas. Entonces, ahí usted puede encarecer la producción y por consecuencia la factura”, expuso.
Advirtió que la presión sobre los recursos energéticos también puede repercutir en el resto de servicios públicos, al desviar recursos de áreas críticas como salud o infraestructura. Señaló que, aunque se intente mitigar con importaciones de búnker y subsidios, esto genera costos adicionales y posibles carencias en otras áreas del gasto público.
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Navarro criticó la gestión ambiental y la destrucción del territorio, señalando que El Salvador recibe el doble de lluvia que el promedio mundial, pero sufre escasez de agua por la falta de captación y conservación. “El problema es que hemos destruido el territorio”, denunció. Explicó que la tala indiscriminada de árboles y la ocupación de zonas recolectoras de agua impiden aprovechar el recurso pluvial, provocando inundaciones repentinas y pérdida de reservas hídricas.
Insistió en que la deforestación y el deterioro ambiental son responsables directos de la crisis hídrica. Reiteró la urgencia de proteger los reductos boscosos y fomentar prácticas de conservación para evitar que el agua de lluvia se pierda rápidamente hacia el mar. Mencionó que, a pesar de que El Salvador tiene un promedio anual de mil ochocientos sesenta y siete milímetros de lluvia, casi el doble del promedio mundial, la falta de captación convierte la abundancia en escasez.
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Propuestas para la adaptación y reflexión sobre el modelo de desarrollo

Entre las medidas urgentes, Navarro propuso proteger las zonas recolectoras de agua y asegurar su disponibilidad para todos los sectores: hogares, industrias y agroindustria. Enfatizó la necesidad de que El Salvador produzca localmente los alimentos que consume, en particular granos básicos como frijol, maíz y sorgo.
El presidente de CESTA recomendó crear reservas estratégicas de granos y establecer bancos de semillas que protejan la biodiversidad agrícola del país.
Sugirió también que la siembra de árboles y la restauración de ecosistemas sean parte de una política nacional, incluso como requisito escolar o práctica extendida en comunidades religiosas. “El país debería ver esto como una situación de interés nacional, pero no solo sembrar, dejar de talar”, enfatizó.
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Navarro cuestionó el modelo de desarrollo que prioriza el crecimiento económico sin considerar los límites del planeta. Señaló que la competencia global por crecer implica más explotación de recursos, más deforestación y mayor presión sobre la naturaleza. “¿Podemos nosotros seguir creciendo indefinidamente en un planeta que no crece?”, inquirió.
Advirtió que la tendencia climática seguirá empeorando si no se modifica la relación entre la sociedad y el entorno natural. Finalmente, reiteró que, de no tomarse medidas estructurales, El Salvador continuará aumentando su vulnerabilidad ante fenómenos como El Niño, con impactos directos en la calidad
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