América Latina concentra más de 3,000 santuarios, pero el turismo religioso sigue con bajo alcance internacional

Aunque concentra grandes flujos de peregrinos y la mayor población católica, el segmento todavía carece de políticas públicas, servicios conectados y promoción sostenida para atraer visitantes de otros continentes, según Red Mundial de Turismo Religioso

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La Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se consolida como epicentro de la devoción mariana en Colombia. / (crédito Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá / Facebook)
La Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se consolida como epicentro de la devoción mariana en Colombia. / (crédito Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá / Facebook)

América Latina posee más de 3,000 santuarios de turismo religioso y cientos de rutas de peregrinación activas, lo que la convierte en la región con la mayor población católica y festividades que movilizan a millones cada año.

Sin embargo, la falta de políticas públicas y productos turísticos estructurados limita el impacto económico y la visibilidad internacional de este segmento.

Adrián Lomello, coordinador para América de la Red Mundial de Turismo Religioso, explicó esta mañana la situación del turismo religioso en el continente durante su ponencia denominada “Impacto y experiencias exitosas del turismo religioso en América”, desarrollada en el marco de inauguración del Primer Congreso Internacional de Turismo Religioso en San Salvador, que reúne a ponentes de diferentes países en el terruño salvadoreño.

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Mañanitas a la Virgen de Guadalupe
ARCHIVO: La Basílica de Guadalupe en Ciudad de México recibe anualmente millones de peregrinos provenientes de todo el continente./ FOTO: GRACIELA LÓPEZ/CUARTOSCURO.COM

De acuerdo con Lomello, existen trescientos millones de viajeros en el mundo que realizan desplazamientos por motivos de fe. Solo en América Latina, el sesenta y cinco por ciento de los desplazamientos asociados al turismo religioso son realizados por latinoamericanos. El santuario de la Virgen de Guadalupe en México recibe veintidós millones de fieles al año, mientras que Luján, en Argentina, contabiliza siete millones de peregrinos anuales. El santuario de Aparecida, en Brasil, alcanza los doce millones de visitantes.

Sin embargo, la región carece de una estructura integrada y visibilidad sistemática comparable a destinos europeos como Fátima o Santiago de Compostela, que reportan quinientos treinta mil peregrinos registrados y un impacto económico de más de quinientos millones de euros anuales, según datos compartidos durante el congreso.

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“El turismo religioso es probablemente la única industria cuyo producto principal no se puede fabricar ni patentar, es patrimonio que se hereda, se cultiva o se pierde”, afirmó Lomello. El coordinador enfatizó que la espiritualidad atraviesa la identidad latinoamericana, manifestándose no solo en los cultos, sino en la gastronomía, el arte y las tradiciones locales. A pesar del potencial, la región enfrenta una paradoja: “Somos invisibles, América se nutre de sí misma, el turismo espiritual es local y de vecindad”, afirmó.

El diagnóstico compartido por los especialistas indica que, aunque la región cuenta con miles de santuarios y rutas, la falta de políticas públicas articuladas, productos turísticos integrados y narrativas digitalizadas impide transformar estos destinos de fe en productos turísticos de alcance internacional.

La falta de políticas públicas y de productos turísticos estructurados limita el impacto económico del turismo religioso en América Latina, según Adrián Lomello./ (Cortesía)
La falta de políticas públicas y de productos turísticos estructurados limita el impacto económico del turismo religioso en América Latina, según Adrián Lomello./ (Cortesía)

Los expertos subrayaron la necesidad de consenso local y articulación entre la Iglesia, el sector público, el sector privado y las propias comunidades para asegurar una experiencia satisfactoria para el visitante.

Entre las buenas prácticas sugeridas se encuentra la digitalización de la información turística, la capacitación comunitaria en hospitalidad y la valorización de artesanías autóctonas como claves para fortalecer la experiencia del visitante y el desarrollo local.

“Un destino de fe que no tenga una estrategia de digitalización no existe. Hay que dotar de narrativas, servicios y recursos digitales accesibles para el peregrino”, subrayó Lomello. Además, recomendó replicar modelos exitosos, como el de Fátima en Portugal, donde la articulación entre autoridades, iglesias y sector privado impulsó un crecimiento sostenido.

Morena Valdez, ministra de Turismo de El Salvador, destacó que el turismo en el país genera más de tres mil seiscientos millones de dólares en ingresos anuales y más de trescientos cuarenta mil empleos entre directos e indirectos. La funcionaria explicó que el gobierno salvadoreño busca posicionar a la nación como un destino para personas de fe, con iniciativas que integran seguridad, promoción internacional y actividades orientadas a visitantes religiosos.

La ministra de Turismo, Morena Valdez, afirmó que El Salvador busca posicionarse como líder del turismo religioso en la región./ (Cortesía)
La ministra de Turismo, Morena Valdez, afirmó que El Salvador busca posicionarse como líder del turismo religioso en la región./ (Cortesía)

La ministra señaló que el país recibió cuatro millones cien mil visitantes internacionales en 2025, con una meta de superar los cuatro millones doscientos mil en 2026. No obstante, la mayoría de los flujos dentro del turismo religioso en América Latina provienen de los propios países de la región, sin lograr atraer sostenidamente a visitantes de otros continentes.

El congreso, denominado Tierra de Fe Viva, se propuso como punto de partida para redactar el primer manifiesto regional que permita trazar una hoja de ruta para el turismo religioso en América Latina.

“Debemos transformar destinos de fe en productos turísticos, crear redes y articular narrativas que permitan compartir el patrimonio espiritual con el mundo”, resumió Lomello al cierre del encuentro.

La región, con sus santuarios, rutas y festividades, enfrenta el desafío de convertir su riqueza espiritual en una oportunidad estructurada de desarrollo local y proyección internacional, tarea que requiere consenso, innovación y compromiso de todos los actores involucrados.

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