
“La ciencia aún no permite predecir cuándo ocurrirá un terremoto”. Así lo afirmó el doctor Miguel Hernández, coordinador de la carrera de Ingeniería Geológica de la Universidad de El Salvador, durante una entrevista en Frente a Frente.
El especialista subrayó que, pese a los avances tecnológicos, la única opción realista para el país es prepararse de forma permanente ante la amenaza sísmica y volcánica.
Miguel Hernández explicó que no existe tecnología capaz de anticipar la fecha de un sismo. Detalló que sí es posible identificar, catalogar y caracterizar las fallas geológicas, pero no se puede determinar el momento exacto en que liberarán energía.
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“Todavía la tecnología no ha sido desarrollada de manera tal que podamos predecir los terremotos”, afirmó. Añadió que lo único que puede conocerse es el lugar, ya que las fallas están localizadas, pero el instante de la ruptura sigue siendo impredecible.
El especialista mencionó las alarmas sísmicas implementadas por el Ministerio de Medio Ambiente y Google, que permiten ganar segundos cruciales para buscar protección. Aclaró que estos sistemas son avisos inmediatos, no predicciones: “Lo único que no tenemos es cómo predecir los sismos”.
Historia sísmica, tectónica y dinámica interna
El coordinador de Ingeniería Geológica repasó los principales terremotos recientes en el país: 3 de mayo de 1965, 10 de octubre de 1986, 13 de enero y 13 de febrero de 2001. Algunos fueron sismos corticales, originados en fallas locales, y otros provinieron de la subducción de placas.
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Describió cómo la placa de Cocos se introduce bajo la placa del Caribe, acumulando energía elástica en la corteza. Esa energía se libera de forma repentina y es lo que genera lo que se conoce como un terremoto o un sismo.

Afirmó que la zona de subducción frente a la costa salvadoreña es una de las fuentes sísmicas más importantes. Explicó que existen estudios en marcha, con cooperación internacional, para caracterizar mejor su comportamiento y entender cómo se dinamiza la interacción de las placas.
Señaló que el contexto tectónico de El Salvador incluye la influencia de la placa de Cocos, la placa del Caribe y la placa Norteamericana. Detalló que la placa de Cocos, por ser más densa, se introduce por debajo de la placa del Caribe, lo que genera compresión y acumulación de energía elástica en las rocas.
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Hernández explicó que este proceso de subducción, además de generar sismos, ha producido levantamiento de la corteza y fenómenos asociados como el vulcanismo. Indicó que los acantilados de La Libertad y cordilleras como la del Bálsamo son producto de millones de años de actividad tectónica y volcánica.
Paleontología, memoria geológica y periodicidad sísmica
Por otro lado, relató que en Metapán se han encontrado fósiles marinos en rocas ubicadas a más de mil metros sobre el nivel del mar. Explicó que estos hallazgos demuestran que esa zona estuvo sumergida bajo el mar hace millones de años. Precisó que encontrar rocas calcáreas de origen marino es evidencia directa de esa historia geológica.
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Subrayó la importancia de conservar el patrimonio geológico y paleontológico, señalando que la carrera de Geología realiza estudios interinstitucionales para profundizar en el conocimiento del pasado natural del país.
Aclaró que no existe una regla fija sobre la periodicidad de los grandes sismos en El Salvador. Explicó que, aunque algunos intervalos parecen repetirse, no puede considerarse un patrón fiable. Señaló que la magnitud de un sismo depende del tamaño de la falla que se activa y que la acumulación de energía en fallas grandes puede tardar cientos de años antes de liberarse.
Insistió en la importancia de revisar y mantener las edificaciones, incluso aquellas que han resistido terremotos anteriores, sobre todo hospitales y escuelas.
Vulnerabilidad urbana y sismicidad superficial
Hernández explicó que los depósitos de Tierra Blanca joven —ceniza volcánica bajo la ciudad de San Salvador— son materiales frágiles para la construcción. Indicó que esto incrementa los daños ante sismos superficiales, como el ocurrido el 10 de octubre de 1986.
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Aclaró que la profundidad y la localidad del epicentro influyen en el nivel de destrucción, incluso si la magnitud no es la mayor registrada. Añadió que las fallas que atraviesan el territorio pueden dividir el país en bloques y que la sismicidad superficial suele ser más dañina por la proximidad del epicentro a las zonas habitadas.
Riesgo volcánico y monitoreo
El doctor Hernández explicó que la recurrencia de erupciones en el volcán de San Salvador está entre cien y ciento cincuenta años. Aseguró que se mantiene un monitoreo constante y, aunque actualmente no hay señales de alarma, es necesario estar atentos a cualquier cambio.
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Sobre el volcán de Ilopango, expuso que la última gran erupción explosiva fue hace mil quinientos años y que el volumen de ceniza depositado, estimado en 116 kilómetros cúbicos, cubrió buena parte del área metropolitana. Destacó que la vigilancia de estos volcanes es fundamental por su potencial destructivo.
Innovación científica y cultura de emergencia
El experto destacó el proyecto de instalar sismómetros en el fondo marino cerca de Acajutla, en conjunto con el Ministerio de Medio Ambiente, Protección Civil, la Universidad de Kioto y la UNAM. Explicó que estos equipos permitirán monitorear la sismicidad lenta y las zonas donde no se ha liberado energía en los últimos años.
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Detalló que la inversión en cada uno de estos sismómetros es considerable y subrayó la importancia de destinar recursos a la investigación científica para identificar la dinámica de la corteza terrestre y anticipar grandes terremotos y tsunamis.
A pesar de los avances en sensores y alarmas, Hernández insistió en que “lo único que no tenemos es cómo predecir los sismos”. Precisó que las alarmas sísmicas pueden avisar con segundos de anticipación, pero la predicción exacta del momento y magnitud de un evento sigue fuera del alcance científico.
Remarcó que la preparación constante, tanto a nivel familiar como institucional, es la única estrategia viable para minimizar el impacto de un desastre.
Miguel Hernández recomendó a la población contar siempre con un kit de emergencia —incluyendo batería, radio, candelas y alimentos— y conocer los lugares seguros en cada vivienda. “La verdad que es por nuestra condición sísmica y que, como sea, hemos aprendido a vivir con ellas”, concluyó el especialista, remarcando la necesidad de educación y prevención como herramientas centrales para convivir con la amenaza sísmica y volcánica en El Salvador.
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