Tres idiomas y una voluntad: La hija salvadoreña de Alberto Masferrer que eligió la eutanasia en Bélgica

Nacida en el seno de la familia del pensador más influyente de El Salvador, Helia Masferrer cerró su ciclo vital en 2017 bajo las leyes belgas, argumentando un desgaste físico y emocional irreversible tras la pérdida de su esposo

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Alberto Masferrer, filósofo salvadoreño y defensor del “Mínimum Vital”, cuya visión sobre la dignidad humana marcó el legado de su hija Helia (Foto cortesía @HistoriasAl_SV).
Alberto Masferrer, filósofo salvadoreño y defensor del “Mínimum Vital”, cuya visión sobre la dignidad humana marcó el legado de su hija Helia (Foto cortesía @HistoriasAl_SV).

A las siete de la mañana de un 11 de noviembre de 2017 en Bruselas, el silencio de una bandeja de entrada se rompió con un mensaje definitivo. Escrito en tres idiomas; español, francés e inglés, el correo electrónico de Helia Masferrer no era una despedida azarosa, sino el acta final de una voluntad cultivada con lucidez.

A sus 88 años, la hija del filósofo salvadoreño Alberto Masferrer informaba a sus allegados que había decidido acogerse al derecho de eutanasia en Bélgica. Su voz, firme pese a la fragilidad de los años, resumía un sentir que hoy resuena con fuerza en el debate europeo: “Mi vida es tan miserable, simple y sin sentido desde que André murió... Estoy más que lista para irme”.

Dos rostros, una misma petición

La historia de Helia ha vuelto a la superficie tras la conmoción causada por Noelia, una joven española de 25 años. Aunque las separaban seis décadas y miles de kilómetros, ambas quedaron unidas por la defensa de su propio cuerpo.

  • Noelia: Parapléjica tras un intento de suicidio, enfrentó la oposición de instituciones religiosas y de su propia familia para ejercer su derecho bajo la ley española de 2021. Su grito fue de auxilio frente al dolor físico y emocional: “Quiero irme en paz y dejar de sufrir”.
  • Helia: Su batalla no fue contra el movimiento de sus extremidades, sino contra el vacío existencial. Tras varios años de matrimonio con André Jenard, la muerte de su compañero fracturó su realidad. Para ella, la vida sin sentido era, en sí misma, una forma de sufrimiento irreversible.

Noelia Castillo Ramos, una joven de 25 años, comparte su historia y su firme decisión de recibir la eutanasia. A pocos días de su muerte programada, explica las razones detrás de su elección para dejar de sufrir.

Heredera de un legado intelectual

Su historia no es solo la de una viuda mayor enfrentada a la soledad. Es también la de la última heredera directa de Alberto Masferrer, autor del “Mínimum Vital” y una de las figuras más influyentes del pensamiento social centroamericano. Masferrer proclamó que todo ser humano tenía derecho a condiciones básicas que hicieran su vida digna: trabajo, vivienda, salud, educación.

Helia, nacida en Europa y criada lejos de El Salvador, creció sin conocerlo, pero en sus últimos años se acercó a su figura a través de la correspondencia privada que él mantuvo con Hortensia de la Ossa, su madre.

En 2004, Helia donó al Archivo General de la Nación de El Salvador más de 250 cartas, revelando la dimensión íntima y vulnerable de Masferrer. Marta Casaús, la historiadora que investigó esos documentos, relató al diario español cómo esas cartas cambiaron la percepción de Helia sobre su padre: “Poco a poco empezó a cambiar su percepción. Cuando lee las cartas se compadece de su padre y su madre le parece una mujer frívola. No entendía cómo él se había enamorado de ella”.

Manuscrito original de Alberto Masferrer, donde reflexiona sobre el destino, la libertad y la influencia de los acontecimientos en la vida humana (Foto cortesía Museo de la Palabra y la Imagen).
Manuscrito original de Alberto Masferrer, donde reflexiona sobre el destino, la libertad y la influencia de los acontecimientos en la vida humana (Foto cortesía Museo de la Palabra y la Imagen).

Identidad, distancia y duelo

La vida de Helia transcurrió entre traslados y separaciones. De niña viajó entre Bruselas, San Salvador y Estados Unidos, y nunca usó públicamente el apellido Masferrer.

Su identidad, marcada por la ausencia paterna, se forjó en el contexto europeo. Encontró estabilidad en su matrimonio con André, un vínculo que duró seis décadas. El fallecimiento de su esposo supuso una fractura irremediable en su vida cotidiana y emocional. En palabras de Helia, “estos últimos casi cuatro meses han sido demasiado para mí”.

La ley belga y el derecho a la propia muerte

Helia solicitó por primera vez la eutanasia en 2002, cuando tenía 64 años, coincidiendo con la promulgación de la ley que legalizó el procedimiento en Bélgica. Aunque en ese momento decidió posponer la solicitud, la idea de poder elegir el final de su vida estuvo presente durante años.

Bélgica, segundo país en legalizar la eutanasia, permite que adultos en pleno uso de sus facultades soliciten el procedimiento si padecen un sufrimiento físico o psicológico irreversible. Desde 2002, más de 24,000 personas han accedido a la eutanasia en ese país, la mayoría en edades avanzadas.

La hija salvadoreña del filósofo Alberto Masferrer eligió morir en Bélgica, amparada por la ley de eutanasia vigente desde 2002 (Foto cortesía  Joaquín Rivera Larios).
La hija salvadoreña del filósofo Alberto Masferrer eligió morir en Bélgica, amparada por la ley de eutanasia vigente desde 2002 (Foto cortesía Joaquín Rivera Larios).

Al tiempo que España discute los límites y garantías de su ley de eutanasia, el caso de Helia Masferrer vuelve a escena como ejemplo de las múltiples caras del sufrimiento y la dignidad. La hija salvadoreña del filósofo que defendió el derecho a una vida digna eligió morir cuando, para ella, la vida dejó de serlo.