“Somos un deseo, no un algoritmo”. Con esa frase, pronunciada ante profesores y estudiantes de la Universidad La Sapienza de Roma, el papa León XIV sintetizó una de sus principales convicciones sobre la educación: las personas no pueden reducirse a sus “resultados”, sus capacidades productivas ni –mucho menos– a los datos que extraen y procesan las plataformas. Antes de convertirse en pontífice, Robert Prevost había sido profesor de Matemática y Física en escuelas secundarias de Chicago, Estados Unidos. Fue entre fines de los setenta y comienzos de los ochenta –tenía menos de 30 años–, mientras cursaba sus estudios de Teología y se preparaba para ser ordenado sacerdote.
En sus documentos y discursos, León XIV identifica algunos de los principales desafíos que enfrentan las escuelas y las universidades. La inteligencia artificial ocupa un lugar destacado entre sus preocupaciones, junto con el creciente malestar emocional de los jóvenes y la fragilidad de los vínculos. También le preocupan las desigualdades, la falta de inversión suficiente, la necesidad de actualizar los planes de estudio y la crisis de la atención, que amenaza el pensamiento crítico. Frente a estos problemas, propone una educación que sostenga una mirada integral sobre los estudiantes, reivindica el rol de los docentes y plantea tres prioridades: el fomento de la vida interior, la humanización de las tecnologías digitales y la educación para la paz.
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Las ideas de León XIV sobre educación combinan la tradición educativa de la Iglesia con posiciones específicas sobre debates contemporáneos. Buena parte de ellas aparecen en Magnifica humanitas, su primera encíclica, y fueron retomadas en su discurso del sábado en la Universidad Católica del Uruguay.
El Papa identifica tres grandes desafíos educativos en el apartado de Magnifica humanitas dedicado al papel de la escuela. El primero es sociopolítico y está vinculado con las desigualdades y el financiamiento del sistema. “En no pocos países, el Estado todavía no ha invertido los recursos necesarios para garantizar una educación de calidad para todos, ya sea apoyando adecuadamente el sistema escolar público o sosteniendo a las instituciones privadas que ofrecen este servicio fundamental”, escribe el Papa.
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Y advierte que, si el Estado debilita su apoyo, el acceso a la educación puede verse limitado: “Cuando una parte importante de la educación, en varios niveles, se encomienda a instituciones privadas, puede ocurrir que, a falta de un apoyo público adecuado, el acceso a la escuela dependa demasiado de las posibilidades económicas de las familias”.
El segundo desafío –sostiene el Papa– es pedagógico. Según León XIV, las transformaciones tecnológicas dejan desactualizados muchos planes de estudio y obligan a reconsiderar la organización escolar, los métodos de evaluación y el rol de los profesores.
“El desarrollo de las tecnologías de la información y de la IA hace que los planes de estudios concebidos para otra época queden rápidamente obsoletos, mientras que la organización de la escuela, los espacios, los métodos de evaluación y la propia figura del docente deben replantearse con vistas a una educación verdaderamente integral”, sostiene el pontífice.
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También reclama una formación continua de los docentes “para que sepan dialogar de manera positiva con las nuevas tecnologías, ayudando a los alumnos a hacer un uso responsable, crítico y creativo de ellas, y a no sufrir pasivamente su influencia”.
El tercer desafío, según el Papa, es intelectual y tiene que ver con el conocimiento. En tiempos de sobreabundancia de información, León XIV advierte que acumular datos no equivale a comprender la realidad. El acceso inmediato a las respuestas incluso puede debilitar la capacidad de investigar, reflexionar y relacionar conocimientos.
“Se multiplican los conocimientos fragmentarios, pero se hace más difícil captar la realidad en su conjunto, plantear preguntas sobre el sentido de las cosas y desarrollar un auténtico pensamiento crítico y creativo”, advierte en Magnifica humanitas. Frente a ese riesgo, propone recuperar una “higiene de la atención”, que incluya espacios de silencio, lectura, estudio reflexivo y análisis. “Sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida”, sostiene.
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Para Gustavo Boquin, vicerrector de Formación Integral de la Universidad Católica Argentina (UCA), uno de los ejes centrales de León XIV es la necesidad de “priorizar el valor intrínseco humano frente a los reduccionismos utilitarios, muchas veces marcados por la cultura tecnocrática y tecnocientífica”.
En su carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, “el Papa propone dar una voz activa a las nuevas generaciones en los procesos de cambio y, por lo tanto, escuchar a la juventud, impulsar a las mujeres, reconocer y potenciar su rol fundamental en la estructura social y eclesial, acoger a los más frágiles, integrando activamente la justicia social para los sectores marginados, y cuidar el planeta, educando para la sostenibilidad integral”, explicó Boquin a Infobae.
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La IA y el riesgo de dejar de pensar
La inteligencia artificial ocupa un lugar central en la agenda de León XIV. En la carta Diseñar nuevos mapas de esperanza, el pontífice llama a evitar la tecnofobia y reconoce que las herramientas digitales pueden enriquecer las experiencias educativas.
“Las tecnologías deben servir a la persona, no sustituirla”, afirma. Y agrega: “Ningún algoritmo podrá sustituir lo que hace humana a la educación: la poesía, la ironía, el amor, el arte, la imaginación, la alegría del descubrimiento e incluso la educación en el error como oportunidad de crecimiento”.
Esta preocupación es central en Magnifica humanitas, donde el Papa plantea que la educación requiere un tiempo de maduración que no puede acelerarse. “Toda tecnología educa a quien la utiliza. Educar en el uso de la IA implica, por tanto, educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla. La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que solo da fruto con el tiempo”, afirma en la encíclica.
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Y alerta sobre la tentación de delegar en las máquinas operaciones intelectuales fundamentales para el desarrollo humano: “Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita”.
“En Magnifica humanitas el Papa advierte que la IA vuelve obsoletos los planes de estudio y obliga a repensar la escuela y la figura del docente, y propone algo que me parece un verdadero acierto: educar también para saber cuándo no usarla”, explicó Jorge Vilas Díaz Colodrero, director del Observatorio de IA, Innovación, Sociedad y Gobierno de la Universidad Austral, a Infobae.
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Paola Dellepiane, especialista del Centro de Investigación del Impacto Social y Político de la Inteligencia Artificial de la UCA, explicó que en Magnifica humanitas la IA ocupa un lugar “ambivalente” en relación con la educación: “Puede constituirse en una herramienta valiosa para ampliar oportunidades de aprendizaje, enriquecer las prácticas pedagógicas y amplificar las relaciones vinculares, pero también puede convertirse en un objeto de ‘empobrecimiento’ educativo si se la incorpora desde una lógica centrada en la eficiencia y la automatización”.
La preocupación del Papa también alcanza al uso de los dispositivos digitales durante la infancia y la adolescencia. En la encíclica advierte que la exposición temprana y sin supervisión a las pantallas y las redes sociales puede afectar el sueño, la atención, la regulación emocional y los vínculos. También menciona los riesgos asociados con el ciberacoso, la explotación sexual y la circulación de contenidos violentos.
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León XIV resalta que las familias no pueden enfrentar solas estos problemas, especialmente cuando las plataformas digitales responden a modelos de negocio que buscan captar el tiempo y la atención de los usuarios.
“Es necesario oponerse, con decisiones públicas de largo alcance, a los intereses inmediatos de las plataformas –concentradas en pocas manos– cuando estos entran en conflicto con el bien de los menores”, sostiene el Papa. Y reclama intervenciones legislativas que establezcan límites de edad y responsabilidades para las empresas tecnológicas, junto con una alfabetización digital que dé a los jóvenes herramientas para desenvolverse en el entorno digital.
La crisis de los vínculos y la salud mental
La relación entre tecnología, bienestar emocional y educación aparece reiteradamente en los discursos del Papa. En mayo de 2026, durante un encuentro internacional dedicado a la salud mental y las tecnologías digitales, León XIV advirtió que muchos jóvenes encuentran dificultades para construir un horizonte de sentido.
“Muchos jóvenes viven hoy bajo el yugo de las expectativas y el rendimiento, inmersos en una competitividad exasperada que genera ansiedad, miedo de no estar a la altura y desorientación”, señaló. Y agregó: “No podemos abordar el tema de la salud mental únicamente como una cuestión clínica o técnica”. Si bien reconoció la importancia de la psicología, la medicina y las neurociencias, propuso incorporar una reflexión sobre los vínculos, la identidad y el sentido de la existencia.
“No debemos ocultarnos que muchos jóvenes están mal. Para todos hay temporadas difíciles; algunos, sin embargo, pueden tener la impresión de que nunca terminan. Hoy en día esto depende cada vez más del chantaje de las expectativas y de la presión por el rendimiento. Es la mentira omnipresente de un sistema distorsionado, que reduce a las personas a números, exacerba la competitividad y nos abandona en espirales de ansiedad”, dijo León XIV durante su visita a la Universidad La Sapienza.
En diálogo con Infobae, Vilas Díaz Colodrero destacó esa dimensión del pensamiento papal: “A mi criterio, la verdadera novedad es que León XIV coloca la educación en el centro de la cuestión social. La pregunta de este tiempo no es qué herramientas usar, sino qué ser humano queremos formar”.
Tres prioridades de su propuesta educativa
La agenda educativa de León XIV retoma el Pacto Educativo Global que impulsó Francisco desde 2019. Aquella iniciativa convocaba a las familias, las instituciones educativas, los gobiernos y las organizaciones sociales a construir una alianza para fortalecer la educación y promover una sociedad más fraterna.
Poner a la persona en el centro, escuchar a los niños y jóvenes, promover la dignidad y la plena participación de las mujeres, reconocer a la familia como primera educadora, abrirse a la acogida y la inclusión, renovar la economía y la política al servicio del ser humano, cuidar la casa común son los siete compromisos de ese Pacto. León XIV les agregó tres prioridades: la educación para la vida interior, una educación digital más humana y la educación para la paz.
La primera responde a su preocupación por el vacío existencial y el malestar emocional de los jóvenes. “Cultivar la vida interior significa ayudar a las nuevas generaciones a redescubrir el silencio, la reflexión, la capacidad de hacerse preguntas, la profundidad de las relaciones y la apertura a la trascendencia”, explicó el pontífice en un discurso de mayo de 2026.
La segunda prioridad consiste en humanizar los entornos digitales, utilizándolos de manera que favorezcan la creatividad, la autonomía y la responsabilidad. “Formemos en el uso sabio de las tecnologías y la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica”, propuso el Papa.
La tercera prioridad es la educación para una paz “desarmada y desarmante”. No se refiere solo a rechazar las guerras, sino también a la necesidad de transformar los modos de relacionarse, abandonar los discursos agresivos y aprender a resolver los conflictos mediante el diálogo. Citando a Francisco, León XIV pide “desarmar las palabras” y “aprender el lenguaje de la misericordia”.
“La primera contribución que podemos hacer a una civilización más humana es prestar atención a nuestras palabras –escribe en Magnifica humanitas–. Todos debemos hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que están impregnadas y sobre la agresividad, abierta o encubierta, que las motiva”.
El valor de los docentes
En sus intervenciones educativas el Papa reivindica a los docentes. En el Jubileo del Mundo Educativo, celebrado en octubre de 2025, recordó su propia experiencia como profesor y advirtió que las sociedades no siempre reconocen la contribución de los docentes.
“Dañar el papel social y cultural de los formadores es hipotecar el propio futuro y una crisis en la transmisión del saber conlleva una crisis de esperanza”, sostuvo. También mencionó el cansancio y la sobrecarga de tareas burocráticas que afectan el trabajo de muchos maestros en todo el mundo.
Para Boquin, el planteo de León XIV implica recuperar una concepción amplia de la enseñanza: “Educar para tener una formación integral no se trata tan solo de comunicar datos, de transmitir conocimientos, sino de una formación que tenga que ver con un humanismo encarnado. Ninguna máquina o algoritmo puede reemplazar la existencia encarnada, la conciencia o el pensamiento crítico”. En ese sentido, destacó que el Papa llama a las universidades a convertirse en “laboratorios de humanidad” y a transmitir “ciencia con conciencia”.
“Enseñar es una forma de caridad”, sostuvo el Papa durante su visita a La Sapienza. Y explicó: “Se trata de amar siempre y en todo caso la vida humana, de valorar sus posibilidades, de modo que se hable al corazón de los jóvenes, sin apuntar únicamente a sus conocimientos. Enseñar se convierte entonces en dar testimonio de los valores con la vida: es cuidado de la realidad, es sentido de acogida hacia lo que aún no se comprende, es decir la verdad”.
Paola Delbosco, doctora en Filosofía y miembro de la Academia Nacional de Educación, destacó esa reflexión: “En las palabras que dirige a los docentes universitarios, les recuerda que están llamados a querer el corazón de sus estudiantes, porque la finalidad de su enseñanza no son los contenidos, sino las personas: su identidad y el sentido de su existencia. La búsqueda de la verdad y de la belleza son en sí una promesa de un mundo mejor”, explicó Delbosco a Infobae.
Si bien reconoce –obviamente– la importancia de adquirir conocimientos y capacidades profesionales, León XIV insiste en que la educación debe contribuir al desarrollo ético, afectivo, intelectual y social de las personas. Durante su visita a La Sapienza, el Papa planteó que “el saber no sirve solo para alcanzar objetivos laborales, sino para discernir quiénes somos”.
“Me impactó mucho que León XIV, hablando con los estudiantes, haya subrayado que estudiar en cierto modo alimenta la esperanza en un mundo nuevo”, señaló Delbosco. Ella participó de un ciclo de videopodcasts realizado por estudiantes de la UCA y la Universidad Austral junto con la Conferencia Episcopal Argentina, como parte de los materiales de preparación para la visita del Papa al país. Allí sostuvo que uno de los mensajes que los jóvenes argentinos necesitan escuchar es que resulta posible construir un futuro mejor: “Los nuevos, como dice Hannah Arendt, traen iniciativa. Esa iniciativa puesta al servicio de un bien futuro posible es un programa de vida extraordinario”.
En línea con la doctrina de la Iglesia y con el Pacto Educativo Global, León XIV postula que la educación es una responsabilidad compartida entre las familias, las escuelas, el Estado y las organizaciones sociales. Y pone el acento en el encuentro humano que sucede cada día en las aulas: “La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables”.
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