“Todos aquellos que estamos preocupados debemos levantar la mano y hablar de la lectura como un acto necesario”, señaló durante una charla íntima con Infobae la decana de Humanidades y Educación del Tec de Monterrey, Judith Ruiz-Godoy, en el penúltimo día de la Feria Internacional del Libro que se lleva a cabo en la ciudad.
La académica valoró el crecimiento del evento que tiene lugar en el Centro Internacional de Negocios (Cintermex) y que este año contó con la participación de El Colegio Nacional, una institución que desde hace 80 años reúne a las voces más influyentes del pensamiento mexicano.
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Además, esta edición contó con más de 700 autores provenientes de 14 países que visitaron los stands y auditorios de la feria. Entre los nombres más destacados estuvo el premio Nobel de Literatura Jean-Marie Gustave Le Clézio, quien no participó de forma física, sino que lo hizo a través de un holograma. Hubo nombres del calibre como Emmanuel Carrère, Janne Teller, Gioconda Belli, Leonardo Padura y Cristina Rivera Garza.
—¿Qué balance haces de la Feria del Libro de Monterrey?
—Venimos creciendo los últimos cinco años y yo creo que hay muchas cosas que hemos mejorado y que hemos construido con mayor solidez. Pero creo que lo que nos tiene a nosotros más orgullosos de esta edición es la calidad de los escritores y de las personas que hemos invitado. Tenemos personas de la talla de Le Clézio, con Premio Nobel, premios Pulitzer, premios Princesa de Asturias. Entonces, acercar a la comunidad de Nuevo León a personas multipremiadas con un gran nivel literario, filosófico, pero también de muchas otras áreas disciplinares con una gran calidad intelectual. El ver que otras universidades también están trayendo personas de alto calibre, por decirlo de alguna manera, para nosotros es un logro muy importante. El programa cultural cada vez tiene la oportunidad de traer a personas con diferentes perfiles internacionales que nutren, sin duda, el diálogo académico, porque sí somos universidades; es una feria fuertemente impulsada por las universidades y creo que eso es lo que nos tiene más contentos en este año, el programa cultural.
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—¿Qué aportes crees que reciben los estudiantes universitarios que la visitan?
—Para nuestros estudiantes de la carrera de Letras y de Emprendimiento Editorial y nuestros estudiantes de Comunicación y Producción Digital, esta feria es sumamente importante porque ven tras bambalinas; ellos trabajan, hacen estancias profesionales y hacen también servicio social dentro de la feria y para ellos es un laboratorio vivo. Entonces la feria representa un espacio en donde ven tras bambalinas cómo se gestiona un proyecto de esta envergadura. Y eso nos permite que también nuestros estudiantes se visibilicen como gestores culturales en el futuro, que tú sabes, necesitamos mucho en este país y en el mundo. Por un lado, tenemos esta gran oportunidad para nuestros estudiantes. En ese mismo tenor, tenemos doscientos cincuenta estudiantes haciendo su servicio social aquí de diferentes disciplinas y más de trescientos cincuenta voluntarios. Entonces, es una feria en donde la gente que está a pie trabajando, impulsando, son estudiantes del TEC de Monterrey y para mí eso es un gran honor. Y, por el otro lado, los estudiantes que no vienen aquí a trabajar, que no colaboran con la feria, pues tienen la oportunidad de escuchar voces importantísimas de diferentes disciplinas, tienen la oportunidad de conocer diversas disciplinas, diversos libros. Toda la exposición que hay para las editoriales, pues forma también y ensancha los horizontes de lectura de nuestros estudiantes.
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—Hablábamos de la cantidad de autores que visitan la feria, ¿qué tan importante es para ustedes que el evento tenga reconocimiento a nivel continental?
—Creo que el primer punto sería que, gracias a la calidad de los periodistas culturales que vienen a esta feria, esta feria ha tenido una voz ahí afuera. Y el segundo punto es que empezamos ya entonces a tejer estas redes. Por ejemplo, comí el otro día con Alberto Mangel, con Enrique Krauze y con Héctor Abad, y empezaron a platicar entre estos tres autores, pues ellos tienen redes de mucho tiempo. “Oye, es que yo escuché que tú venías, entonces yo me animé”. Entonces, los diferentes autores, la comunidad literaria, filosófica del mundo, empieza ya a ver como un referente la Feria Internacional del Libro de Monterrey y lo empiezan a planear ya dentro de su agenda. Ahora ya es un referente en donde ellos mismos empiezan a considerar a futuro también venir aquí para presentar sus obras. Entonces, creo que eso nos permite tener redes más amplias de autores y de personas que ya ven la Feria de Monterrey como un lugar obligado para venir a presentar su obra. Además de decir de la organización de la feria y todo lo que nos toca, y yo creo que tú lo has visto, la comunidad de Monterrey es muy cálida. Entonces, valoran a cada persona que viene, la leen con antelación, hacen filas durante horas para poder tener la firma de un libro y yo creo que reciben a los autores con una calidad que creo que sí es muy distintiva también de aquí.
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La tecnología como nuevo paradigma
Uno de los puntos que más se pensó en la trigésimo cuarta edición de la feria fue cómo se iba a adaptar al crecimiento de la tecnología y con la llegada de la inteligencia artificial.
En esa línea, el escritor argentino Alberto Manguel, que estuvo a cargo del discurso inaugural, advirtió sobre la disminución en la comprensión profunda de un texto y de qué forma escapa a la mayoría de la juventud. “¿Cómo podemos comunicar con claridad lo que los escritores quieren decir si se encuentran frente a lectores que parecen incapaces de entender una metáfora, un argumento más o menos complejo?”, cuestionó.
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Justamente, Ruiz-Godoy recogió el guante y dio su visión sobre el futuro de la educación en América Latina con la llegada de las nuevas tecnologías, así como también el papel que iba a tener en la literatura en los próximos años.
—¿Cuál es el rol que ves que va a tener la tecnología en el futuro de la feria?
—Fíjate que creo que estamos viviendo un momento muy importante, porque todas las discusiones en torno a la inteligencia artificial y a estas herramientas, sobre todo de estos chats generativos en donde tú puedes preguntarle de qué trata el libro y te arroja el resultado, nos han puesto en un momento que hace mucho no vivíamos, que era cuestionarnos el valor de la lectura. Entonces, yo estoy fascinada con la discusión, porque, si bien, por un lado, necesitamos inteligencia artificial para el desarrollo de las profesiones, es innegable que está aquí. En nuestros nuevos planes de estudio de las carreras de Humanidades en el TEC de Monterrey hemos integrado diferentes herramientas y los estudiantes desde el día uno están en contacto. Por otro lado, también hay una discusión a nivel internacional, que a mí me encanta, sobre la autonomía cognitiva y qué debemos delegar y qué no a la inteligencia artificial. Y una de las cosas más importantes que no debemos delegar es la lectura y la escritura. Entonces, eso nos ha permitido a nosotros volver a tener espacios en foros para defender a la lectura, no nada más como un ejercicio de adquirir conocimiento o de transmisión de información, sino como uno de los elementos fundamentales para amueblar la cabeza y para poder adquirir competencias cognitivas, incluso, que son necesarias para el día de mañana.
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—Que deje de ser una tarea y pase a ser un hobby.
—Exactamente. Entonces, creo que estamos viviendo un momento muy importante en donde todos aquellos que estamos preocupados o que podemos impulsar la lectura debemos levantar la mano y hablar de la lectura, no como un acto bueno, porque la lectura no tiene agencia moral, sino como un acto necesario para la formación de nuestras futuras generaciones.
—Y en el sentido educativo, ¿qué rol van a tener las nuevas tecnologías en el desarrollo de los planes de estudio de las universidades a nivel continental?
—El Tec de Monterrey ha trabajado inteligencia artificial desde hace treinta años. Ha tenido un boom ahorita con los chats generativos, pero ya es una herramienta que se ha trabajado desde hace mucho. Afortunadamente, en el Tec de Monterrey la innovación va muy de la mano también con la perspectiva reflexiva, ética y humanista. Entonces, al nosotros implementar en los planes de estudio inteligencia artificial, pues hemos tenido muy claro también qué delegarle y qué no. Los estudiantes están conscientes de que esto es algo que tienen que aprender y, además, ellos ya lo hacen de manera orgánica. Las nuevas generaciones van integrando este mundo digital de una manera mucho más intuitiva que quienes ya estamos en generaciones más pasadas.
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Entonces, es un hecho que hay que estar ahí y lo que es importante y creo que lo que debemos reflexionar, porque nosotros tenemos una red fundamental con universidades precisamente de Latinoamérica, es en estos planes de estudio, sí darle un papel preponderante a la formación de competencias transversales que permitan la formación de lo que le llaman human skills o estas competencias blandas. Es eso lo que se va a requerir en el futuro, como creatividad, pensamiento crítico, ética, comunicación. Lo hemos conversado con muchas universidades hermanas, tenemos la responsabilidad de formar esas competencias humanas en nuestros estudiantes, porque lo técnico nos va a rebasar y ya nos rebasaron las herramientas tecnológicas. Es aquello en lo que somos humanos, lo que nos distingue y nos diferencia: discernir la información, la capacidad de argumentar, la capacidad de ampliar los horizontes lingüísticos.

—En Argentina venimos de una nueva marcha de la comunidad universitaria contra el Gobierno; en Francia pasa algo similar. ¿Qué es lo que los estudiantes le están pidiendo al sistema?
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—Nuestros estudiantes están siendo punta de lanza de una reflexión muy relevante y, finalmente, tiene que ver con algo que hemos hecho y que ha pasado a lo largo de la historia, que es el desplazamiento laboral debido a ciertas herramientas tecnológicas. Si nosotros vemos en la historia desde el inicio, cuando hay nuevas tecnologías o nuevos descubrimientos, ocurre un desplazamiento laboral en donde hay que repensar cuál va a ser el papel de la persona en relación con esa tecnología. Nos pasó con la Revolución Industrial, nos pasó con la imprenta, nos ha pasado en diferentes momentos, pero hoy en día un punto importante, y los estudiantes ahorita están fuertes, pero antes fueron los guionistas, los artistas, los editores. Decir: “Esto no, esto nos va a quitar el trabajo. ¿Qué es lo que queremos que hagan estas herramientas?” Y a mí me parece que tenemos una agenda muy importante como sociedad de decir hasta dónde queremos que estas herramientas tengan cierta relevancia dentro de la construcción de nuestra sociedad. Yo creo que los estudiantes están ejerciendo un derecho a pensar por ellos mismos, un derecho a poder ejercer sus profesiones sin que exista la inteligencia artificial.
Me parece que es una posición que debe ser, porque también en la universidad es el momento donde uno debe ser crítico y levantar la voz. Pero, por otro lado, es un hecho que las tecnologías están aquí y no se van a cancelar; difícilmente se van a poder regular. Entonces, lo que tenemos que producir y lo que tenemos que provocar son diálogos en donde uno mismo diga: “Esto lo voy a usar, esto no”. Tener empresas en donde digan: “Vamos a utilizarlo de esta manera, de esta no”. No es una lucha fácil, pero a mí me parece que como sociedad debemos levantar la mano y decir: “Queremos que esto se regule” y tengo el derecho a pensar, tengo el derecho a leer, tengo el derecho a formarme sin estas herramientas y después aprender a utilizarlas, porque es un hecho que están ahí y no se van a ir.
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