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Las técnicas de estudio que la ciencia recomienda y asegura que realmente funcionan

Subrayar, mapas mentales, hacer microsiestas, incluso jugar con la memoria selectiva y de último momento son opciones universalmente conocidas y muchas veces improvisadas. Pero ¿qué es lo que realmente ayuda a fijar los conocimientos?

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Cuáles son las técnicas de estudio que realmente funcionan y cuáles son las menos efectivas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En 2013, un equipo de psicólogos de las universidades estadounidenses de Kent, Duke, Wisconsin-Madison y Virginia decidieron evidenciar cuáles son las técnicas de estudio que realmente funcionan y cuáles son las menos efectivas; más allá de las particularidades y contextos de cada persona que busca aprender nuevos conocimientos.

El estudio fue publicado en Psychological Science in the Public Interest y se considera de carácter exhaustivo y uno de los principales a la hora de ser citado en nuevas investigaciones. John Dunlosky y su equipo clasificaron las utilidades de las técnicas de estudio universalmente utilizadas y destacaron que las más efectivas son las que “menos se practican y/o enseñan”.

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Si bien “cada estudiante es un mundo”, el interés por las metodologías que impactan en nuestra memoria, en un mundo donde nuestro cerebro está en constante exposición y con un descanso alterado, es algo que va más allá de un resaltador nuevo o un mapa mental.

Siete personas de tez blanca, seis adolescentes y un adulto, en una mesa de madera con laptops y cuadernos vacíos, debatiendo.
La práctica de recuperación y la práctica distribuida son las dos metodologías que obtuvieron mayor eficacia en el impacto en la adquisición de conocimientos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las dos técnicas más útiles

La práctica de recuperación y la práctica distribuida son las dos metodologías que obtuvieron mayor eficacia en el impacto de la adquisición de conocimientos de acuerdo al profundo estudio realizado.

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La recuperación implica justamente en intentar recordar información sin tener el material visible; actos como responder preguntas sobre apuntes, escribir lo que se recuerda o hacerse autoexámenes generan lo que los investigadores llaman “efecto de prueba” generando conexiones neuronales que perduran. Este tipo de práctica de recuperación mejora la retención a largo plazo en distintas edades y tipos de contenidos.

Por otro lado, está la técnica de la práctica distribuida que consiste en planificar estratégicamente los momentos de estudio a lo largo del tiempo. Esta metodología no es para aquellos que eligen el “maratón nocturno” de estudiar a último momento. Una distribución del estudio crea una verdadera retención sostenida de lo aprendido y permite reducir la llamada “curva del olvido”.

Por ejemplo, repasar un tema que se vio hace dos días en una clase. Y volver sobre el mismo tema una semana después permite empezar a retener información que se va acumulando en cada intervalo.

Niños de tercer grado sentados en sus escritorios leyendo libros en una aula escolar iluminada.
Ser asertivo, y hacerse preguntas es siempre una gran idea a la hora de memorizar y adquirir nuevos contenidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Preguntarse ¿por qué?

Ser asertivo, y hacerse preguntas es siempre una gran idea a la hora de memorizar y adquirir nuevos contenidos. Generar explicaciones sobre aquello que se está estudiando es una invitación al cerebro a evitar la pereza y buscar conexiones entre el conocimiento nuevo y el previo. Esta técnica es clave cuando se aborda un tema del que ya se posee cierta información y permite desarrollar el pensamiento crítico.

Dentro de este mismo ránking de utilidad “moderada” se encuentra la popular técnica de Feynman- en referencia al físico Richard Feynman- que sugiere que explicarse a uno mismo un concepto como si se lo enseñara a alguien sin conocimientos previos invita a esforzarse por demostrar que se entendió lo estudiado.

En el área de las ciencias y matemáticas se destaca la técnica del estudio “intercalado” que consiste en mezclar diversos tipos de problemas para beneficiarse del razonamiento que se desarrolla en cada uno de ellos.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La clave está en estudiar pensando en el largo plazo y en entender que lo difícil del hoy, puede ser lo fácil del día de mañana (Imagen Ilustrativa Infobae)

Subrayar no sería tan especial

Resaltar con diversos colores, hacer marcas no sería tan “especial” como muchos solemos creer a la hora de retener conocimientos a lo largo del tiempo. Su efectividad sería limitada y con cierta temporalidad. Lo mismo ocurre con el efecto de la relectura, que suele conocerse como “ilusión de competencia”; documentado por Karpicke, Butler y Roediger en Memory (2009); una ilusión que genera que se poseen los conocimientos, pero en realidad solo se están leyendo nuevamente en el momento.

No es que estas técnicas no sean útiles, pero su eficacia es menor con respecto a la recuperación y la distribución del estudio. En el estudio realizado en 2009 llamado Memory, solo el 11 % de los estudiantes universitarios (sobre una muestra de 177 individuos) mencionó el autoexamen como práctica de estudio priorizando la relectura.

Por último las técnicas de dormir lo suficiente y hacer ejercicio aeróbico impactan a nivel oxigenación del cerebro y ayudan a potenciar la retención de conocimientos. La clave está en estudiar pensando en el largo plazo y en entender que lo difícil del hoy, puede ser lo fácil del día de mañana. Una gran inversión.

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