
Brasil busca posicionarse como el motor de un nuevo movimiento regional para fortalecer las políticas de alfabetización en América Latina. Con ese objetivo, el Ministerio de Educación organizó en Brasilia el Encuentro Internacional sobre Alfabetización, Equidad y Futuro, un evento que reunió a 480 referentes políticos, académicos y organizaciones de la sociedad civil de distintos países de la región. La apuesta es convertir la alfabetización en una prioridad de la agenda pública a nivel latinoamericano: los datos muestran que el problema es estructural y compartido por la mayoría de los países.
La prueba ERCE 2019 –la última con datos publicados para todos los países– evidenció un fracaso regional en materia de alfabetización: el 44% de los estudiantes de tercer grado de América Latina no alcanzó el nivel esperado en la prueba de lectura. Argentina se ubicó por debajo del promedio regional, con un 46% de los estudiantes en el nivel más bajo. El resultado mejoró 6,2 puntos porcentuales en la prueba ERCE 2023, que se tomó solo en tres países para medir el impacto de la pandemia: allí el 39,8% de los alumnos argentinos quedó por debajo del nivel esperado. A fines de este año se conocerán los resultados del operativo ERCE 2025.
En ese escenario, Brasil busca capitalizar a nivel nacional y regional la experiencia del estado de Ceará, que logró revertir sus indicadores educativos en uno de los contextos más pobres del país. Esa experiencia, que comenzó en el municipio de Sobral, hoy es citada como ejemplo tanto por referentes de izquierda como de derecha: con una política enfocada en la alfabetización en los dos primeros grados de la primaria, la ciudad llegó a tener los mejores resultados educativos en las evaluaciones nacionales brasileñas. En 2005, Sobral ni siquiera figuraba entre los mil mejores municipios en el Índice de Desarrollo de la Educación Básica (IDEB); en 2017 ocupó el primer puesto sobre los 5.570 municipios de Brasil.
“Vemos un movimiento a nivel regional para abordar el desafío de la alfabetización”, afirmó Leonardo Barchini, secretario ejecutivo del Ministerio de Educación de Brasil. Además del Plan Nacional de Alfabetización y los planes jurisdiccionales lanzados en Argentina en 2024, Barchini destacó iniciativas en Colombia, Chile, Perú, México y Uruguay. “Cada uno de estos países, a su manera, ha estructurado marcos nacionales, evaluaciones, planes y movilizaciones sociales para colocar la alfabetización en el centro de la agenda pública”, señaló.

“Queremos avanzar en una red latinoamericana por la alfabetización en la edad adecuada, que nos permita intercambiar saberes y experiencias –propuso Barchini en la apertura del encuentro–. La alfabetización es un instrumento poderoso en la superación de las desigualdades y el fortalecimiento de la democracia. Esta visión compromete a los gobiernos junto con muchos actores de la sociedad civil de América Latina. Queremos que el futuro nos una en soluciones compartidas”.
El evento se realizó durante dos días en la Escuela Superior del Tribunal de Cuentas de la Unión, en Brasilia, a diez minutos del Palacio de Planalto, sede del poder ejecutivo brasileño. Además del Ministerio de Educación, la organización contó con el apoyo del Instituto Natura, Fundación Lemann, Unesco y Unicef, entre otras instituciones. La lista de expositores incluyó a líderes políticos, organizaciones sociales, académicos, organismos internacionales y referentes educativos de Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Perú, México y Uruguay. Aunque originalmente estaba prevista la presencia del presidente Lula da Silva y del ministro de Educación y exgobernador de Ceará Camilo Santana, ambos se encontraban de viaje oficial en Asia.
De Argentina no hubo funcionarios de la Secretaría de Educación ni del Ministerio de Capital Humano, aunque estaban invitados. Sí participaron Sofía Naidenoff, ministra de Educación de Chaco; Mirta Torres, directora de Educación Primaria de la provincia de Buenos Aires; Beatriz Diuk, directora de la asociación civil Dale! –que asesora políticas de alfabetización en Santa Fe, Entre Ríos, Salta y Tucumán–, e Ignacio Ibarzábal, director ejecutivo de Argentinos por la Educación, organización que lidera desde 2023 una campaña nacional por la alfabetización.
De Ceará a América Latina
En 2023 –un año antes de los planes de alfabetización en Argentina– Brasil lanzó el Compromiso Nacional Criança Alfabetizada (“niño alfabetizado” en portugués), una iniciativa del gobierno de Lula que articula esfuerzos del Estado federal, los estados (provincias) y los municipios, e involucra también a la sociedad civil. En un país donde la educación inicial y primaria depende de los municipios, la coordinación entre niveles de gobierno era un desafío central.
El Compromiso incluyó la creación de un sistema de asistencia técnica y transferencia de recursos de la Nación a estados y municipios, con apoyo en infraestructura, formación docente y provisión de materiales pedagógicos. Entre otras medidas, se creó una red de coordinadores de alfabetización en cada municipio y se distribuyeron bibliotecas en escuelas y en el nivel inicial. El año pasado, el Compromiso se convirtió en ley, una medida que varios expositores valoraron porque permite asegurar la continuidad más allá de los cambios de gobierno. Según fuentes oficiales, la inversión del Estado nacional hasta ahora fue de 1.400 millones de reales (unos 275 millones de dólares).
“El Compromiso Nacional está inspirado en el modelo de Ceará. La idea era crear un pacto federal para garantizar la alfabetización a la edad adecuada”, explicó Barchini. En 2023, solo el 56% de los niños brasileños alcanzaba el nivel adecuado de alfabetización al final del segundo grado, según los resultados de la prueba nacional SAEB. En 2025, esa cifra llegó al 59,2%. La meta es alcanzar el 80% en 2030.
La única jurisdicción que ya superó la meta es Ceará, un estado de 9,2 millones de habitantes ubicado en la región nordeste de Brasil, que concentra el 4% de la población pero solo el 2% del PBI nacional. El proceso comenzó tras un diagnóstico alarmante: en 2004, apenas el 15% de los niños comprendía textos básicos. En ese momento se creó el Comité para la Eliminación del Analfabetismo Escolar, luego de que el equipo de gobierno del municipio de Sobral –donde ya se había logrado una mejora significativa entre 2000 y 2004– asumiera la gestión del estado.
El gobernador de Ceará, Elmano de Freitas, recordó que en 2007 se puso en marcha el Programa de Alfabetización en la Edad Correcta (PAIC). Entre otras cuestiones, el programa prevé la distribución de libros y de material didáctico estructurado para la enseñanza en los primeros grados, la evaluación permanente de los aprendizajes (con pruebas censales en 2º, 5º y 9º año), y un sistema de incentivos económicos: el estado transfiere recursos a los municipios en función de los resultados en las evaluaciones.

Además, hay premios monetarios para las 150 escuelas con mejores resultados (considerando el nivel socioeconómico), que deben acompañar a escuelas con desempeños más bajos, con el objetivo de “expandir buenas prácticas”. También se generó un trabajo en red entre municipios: las 52 localidades con desempeños más bajos reciben mentoría de los municipios con mejores resultados. En líneas generales, el Compromiso Nacional Criança Alfabetizada expande estas políticas a escala federal.
“En Ceará decimos que la educación es ‘la’ prioridad, no una prioridad. Aunque las escuelas primarias dependen de los municipios, hubo una decisión política de que el gobierno estadual iba a colaborar para que la educación mejorara”, afirmó el gobernador De Freitas, afiliado al Partido de los Trabajadores (PT). El PAIC está cerca de cumplir 20 años: con distintos signos políticos, los 184 municipios del estado siguen participando del programa. Hoy, mientras el promedio nacional es del 59% de niños alfabetizados en la edad adecuada, Ceará alcanza el 85%, con nueve municipios que lograron el 100%. En 2030 esperan llegar al 100% en todo el estado.
La medición y los métodos
Uno de los elementos clave del Compromiso Criança Alfabetizada fue definir a nivel nacional qué significa estar alfabetizado. Hasta 2023, 17 estados tenían programas de evaluación, cada uno con su propia definición. El Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas (INEP), que depende del ministerio nacional pero tiene autarquía, trabajó con todos los estados para construir un estándar común. Este es otro punto de diferencia con el compromiso federal aprobado en Argentina, donde aún no existe una definición nacional consensuada sobre qué significa estar alfabetizado, sino que cada provincia trabaja a partir de su propia concepción.

“Trabajamos con profesores de todo el país para definir este estándar nacional”, explicó Manuel Palácios, presidente del INEP. El indicador establece que un estudiante se considera alfabetizado al finalizar el 2º año de primaria cuando puede realizar tres procesos fundamentales: decodificar con fluidez la relación entre fonemas (sonidos) y grafemas (letras); localizar información explícita e inferir información al leer textos breves, incluidos aquellos que combinan lenguaje verbal y no verbal; y escribir palabras con correspondencias directas entre sonidos y letras, además de producir textos con cohesión, aunque presenten errores ortográficos propios de la edad.
La meta es que, a partir de 3º grado, el niño pueda usar la lectura y la escritura para aprender otras materias como Historia o Ciencias: el Compromiso Nacional apunta a “aprender a leer” en los primeros dos años de primaria, para que los alumnos luego puedan “leer para aprender”.
El encuentro en Brasilia también fue escenario del viejo debate sobre los métodos de alfabetización. Frente a experiencias basadas en programas muy pautados, con secuencias didácticas que indican a los docentes qué hacer paso a paso –como la de Sobral–, algunas voces defendieron la autonomía profesional de los docentes y la necesidad de una “práctica reflexiva” con mayores márgenes de acción en el aula. Y frente a enfoques centrados en la decodificación de las letras y en la cantidad de palabras que un estudiante lee por minuto, algunos especialistas plantearon la necesidad de trabajar a partir de concepciones más amplias de la alfabetización, que apunten a la comprensión y el pensamiento crítico.

Paola Uccelli, lingüista de Perú y profesora de la Universidad de Harvard, advirtió: “No podemos enfocarnos solo en la decodificación en los primeros grados y empezar a trabajar sobre comprensión lectora a partir de cuarto grado. La decodificación es esencial, pero el lenguaje no es solo decodificación. Hay que optar por visiones amplias de la alfabetización”. Uccelli subrayó la importancia del vocabulario, las estructuras lingüísticas y el uso del lenguaje en diversos contextos. “La decodificación y la fluidez lectora son la punta del iceberg: debajo de la comprensión hay muchos saberes lingüísticos”, señaló. A partir de investigaciones recientes, Uccelli resaltó que la discusión y el diálogo en el aula son centrales para la alfabetización: “Aprendemos a comprender hablando”.
Beatriz Diuk, que trabaja en los planes de alfabetización de Santa Fe, Entre Ríos, Salta y Tucumán, coincidió en la necesidad de ampliar el concepto de alfabetización para incluir la comprensión lectora y producción de textos.
“En Argentina la escuela primaria tiene mucha tradición. Tenemos que ser respetuosos con los saberes de los maestros para empezar desde ahí. Necesitamos propuestas que respeten la autonomía docente. No podemos darles guías que indiquen lo que deben hacer minuto a minuto”, afirmó Diuk. Al mismo tiempo, sostuvo que es necesario “recuperar un proceso de enseñanza ordenado y sistemático” para hacer frente a los bajos niveles de aprendizaje. Diuk resaltó que el trabajo sobre la conciencia fonológica es esencial, pero no es suficiente para lograr la comprensión lectora. Entre otras estrategias, recomendó promover la lectura dialógica en el aula, es decir, la conversación a partir de textos literarios.

Desde Brasil, Telma Leal, profesora de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE) y de la Asociación Brasileña de Alfabetización, advirtió sobre el riesgo de programas con rutinas rígidas que “desconsideran la autonomía profesional de los maestros y desconocen la heterogeneidad del aula”. Señaló que algunos programas educativos dejan de lado la “multidimensionalidad” de la alfabetización y la reducen a la enseñanza del código y a la fluidez lectora. “El aprendizaje para todos no va a suceder si la heterogeneidad no es reconocida o si nos quedamos solo con la punta del iceberg”, afirmó Leal.
Estado y sociedad civil
Más allá de las diferencias sobre enfoques y métodos, hubo un consenso transversal sobre el rol del Estado como principal garante del derecho a la educación y, al mismo tiempo, sobre la necesidad de una sociedad civil activa.
Veveu Arruda, director ejecutivo de la Asociación Bem Comum y exalcalde de Sobral, fue uno de los más aplaudidos. “La alfabetización es una obligación del poder público, pero el poder público es insuficiente para cumplir con esta agenda. Necesita de la sociedad civil organizada”, afirmó. Recordó que, como alcalde, convocaba a periodistas para que hablaran a las familias sobre la importancia de la escuela: “No es solo una tarea del sector público, sino de la sociedad, de las familias, de las empresas”. Arruda enfatizó la necesidad de crear una red latinoamericana por la alfabetización y planteó un horizonte: “América Latina libre de analfabetismo”.

Carolina Andueza, presidenta de la red Por un Chile que Lee, contó cómo lograron que en 2025 los ocho candidatos presidenciales de Chile –incluyendo al presidente electo, José Antonio Kast– firmaran el Compromiso Nacional por el Aprendizaje Lector. La meta nacional es que todos los niños de 2º grado alcancen un nivel adecuado de comprensión lectora en 2030. “Tuvimos un desafío enorme: hacer que se hable de educación en una agenda dominada por temas de seguridad, economía y migración”, explicó Andueza. La iniciativa logró el respaldo de más de 100 organizaciones y líderes educativos y el apoyo de todos los partidos políticos.
Desde Argentina, Ignacio Ibarzábal destacó la experiencia de la Campaña Nacional por la Alfabetización liderada por Argentinos por la Educación, que en 2023 logró que los candidatos presidenciales y 18 gobernadores se comprometieran a priorizar la alfabetización en sus gestiones de gobierno. El pedido incluía que se pusieran en marcha planes de alfabetización y se midieran los resultados, cuestiones que empezaron a concretarse en 2024 en el Consejo Federal de Educación, con el lanzamiento del plan nacional, los 24 planes provinciales y la implementación de la prueba Aprender Alfabetización, cuyos resultados se conocieron el año pasado.
Ibarzábal explicó que, tras posicionar la crisis de la alfabetización en la agenda pública, ahora trabajan en apoyar la implementación de los planes y en reconocer a las provincias con políticas sólidas. En ese marco, esta semana Argentinos por la Educación publicó un informe en el que repasa los avances y deudas pendientes en estos dos años. “Estamos aprendiendo unos de otros y conversando entre todos. Necesitamos de la colaboración regional. Podemos generar un ‘milagro latinoamericano’: el milagro de Sobral nos da esperanza”, afirmó.

“Estamos viviendo un momento único en América Latina: cada vez más, la alfabetización es vista no como un tema restringido a los primeros años de la vida escolar de los niños, sino como la base estructural de todo el desarrollo del sistema educativo”, señaló David Saad, presidente del Instituto Natura para América Latina. “Se requiere un firme compromiso colectivo, especialmente de los responsables de la toma de decisiones, para garantizar que la alfabetización se convierta en una política de Estado permanente”, consideró Saad.
Es la llave para todos los aprendizajes posteriores. Además de una meta educativa urgente, es un pilar esencial para el desarrollo económico y para la calidad democrática: una alfabetización sólida permite avanzar en la trayectoria escolar, pero también es la base para que las personas puedan insertarse en el mundo laboral y ejercer una ciudadanía activa. En tiempos de polarización política –un fenómeno que dista de ser exclusivo de la Argentina–, la prioridad de la alfabetización parece marcar un punto de convergencia entre actores muy diversos. El diagnóstico y el desafío son compartidos; la apuesta del encuentro fue empezar a compartir también soluciones.
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