
A sus 88 años, y luego de varias semanas de complicaciones respiratorias, Francisco- el primer Papa latinoamericano de la Iglesia católica- falleció cerrando una etapa que muchos consideran de apertura religiosa.
Tras un breve mensaje de Pascuas que no pudo leer por sí mismo; el argentino que nació en Flores y que hizo su camino religioso hasta llegar al Vaticano se despidió de este mundo para entrar en la historia internacional como un hombre que buscó la conciliación entre pueblos y pensamientos.
Francisco era un apasionado de diversos temas y la pobreza era una de las problemáticas que estaba siempre presente en su mente. También lo era la importancia de una educación igualitaria en conocimientos, valores y oportunidades.

Una herramienta de humanización
“Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia”; así reflexionaba Francisco en la apertura del Pacto Mundial sobre la Educación, que tuvo lugar en octubre de 2020, en la Pontificia Universidad Lateranense.
Y destacaba: “La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación”. Para ello, Francisco proponía considerar la importancia de trabajar contra la llamada “cultura del descarte” poniendo el foco no solo en el aprendizaje de conocimientos sino también en una mirada integral y humanizadora de la enseñanza de valores y virtudes de impacto positivo.
En este proceso integral se trataba de un aprendizaje donde las voces de niños, jóvenes y adolescentes debían estar en un primer plano para crear una sinergia en el aprendizaje.

Brecha de género y familia
Francisco tenía presente la importancia de los debates de género- y si bien algunas de sus ideas no eran bienvenidas dentro y fuera de la Iglesia- sí planteaba “la plena participación de las niñas y las jóvenes” en la educación.
Esta “plena participación” se basaba principalmente en la igualdad de acceso a los conocimientos y enseñanzas de valores; en especial en aquellos países donde las brechas continúan con gran diferenciación.
La idea de igualdad de oportunidades estaba también presente en su discurso; aun cuando en la iglesia católica el pendiente en la brecha de género sigue siendo un tema que no es tratado con la urgencia necesaria. Para Francisco, otro gran agente educador era “la familia” a lo largo de la vida.
La educación como contención e integración
“Todos tienen derecho a la educación, nadie debe ser excluido. No puedo dejar de recordar a tantos niños y jóvenes sin acceso a la educación en diversas partes del mundo, que sufren opresión e incluso la guerra y la violencia.”, reflexionó Francisco.
El Papa siempre se mostraba preocupado por el impacto de los grandes movimientos migratorios- en especial por cuestiones de fuerza mayor- e incluso su primera visita oficial como líder católico fue a la isla italiana de Lampedusa, notoriamente famosa porque cada año llegan miles de personas desde las costas africanas buscando una nueva oportunidad en Europa.
Este espíritu de “educar y educarnos para acoger, abriéndonos a los más vulnerables y marginados” estaba siempre presente en la formación jesuítica de Francisco que no dudaba en asegurar que atravesamos una actual “catástrofe educativa”.

Educación y espiritualidad ecológica
Para Francisco era necesario repensar la forma en que entendemos la ecología en términos integrales y de entenderla como “la casa común”, de acuerdo a lo expresado en la encíclica Laudato sí (LS) de 2015.
En esta ecología se ponía el foco no solo en salvaguardar los territorios y recursos sino también en estudiar nuevas formas de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso. Además de buscar el aprovechamiento de las energías renovables siguiendo los principios de solidaridad y economía circular.
Para Francisco se trataba de educar en diálogo con “la casa propia” en un diálogo entre la humanidad, el medio ambiente y apostar por “otro estilo de vida” libre de excesos y con el foco puesto en la integridad.
Invertir en educación es invertir en futuro
“Hacer ajuste en la educación es un suicidio programado de un país. No se puede hacer ajuste en el desarrollo educativo. Es criminal”, sentenció Francisco cuando fue entrevistado por la periodista Bernarda Llorente para el Canal Orbe 21.
Y en esa misma entrevista, el líder destacó: “Porque la educación es un alimento. Es lo mismo que si vos le quitás la comida a la gente: la educación es la comida del alma, de la mente, del espíritu”.
“El pueblo necesita formar cabeza, necesita una cultura universitaria grande. Un país tiene que proveer a que su universidad cree los nuevos cerebros del futuro”, afirmó Francisco sin ser ajeno al contexto de grandes recortes educativos y culturales realizados por el Gobierno de Javier Milei.
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