
El rendimiento escolar de los niños en etapas tempranas de educación es un desafío crítico que puede afectar su desarrollo académico y emocional a lo largo de su vida. Factores como la falta de recursos educativos, el ambiente familiar, la motivación personal y el acceso a apoyo adecuado, contribuyen a un bajo rendimiento. Esta situación puede llevar a dificultades en el aprendizaje, desinterés por la educación y, en última instancia, a un impacto negativo en las oportunidades futuras de los niños.
Al respecto, una reciente publicación de la Universidad de Harvard destaca los mejores hábitos de estudio que pueden potenciar el rendimiento escolar de los niños y niñas. Peter C. Brown, de la Universidad de Harvard junto a Henry L. Roediger y Mark A. McDaniel, psicólogos de la Universidad de Washington, publicaron el libro “Make it Stick: The Science of Successful Learning”, donde proponen una serie de “claves de aprendizaje” basadas en la investigación y la práctica educativa.
En el libro, los autores subrayan la importancia del aprendizaje activo y significativo, recomendando prácticas como la autoevaluación, la práctica distribuida y el aprendizaje intercalado. En lugar de depender únicamente de la lectura pasiva, estas estrategias involucran al estudiante de manera más dinámica y facilitan la retención de la información.

Por ejemplo, la autoevaluación se refiere a que los estudiantes realicen pruebas de manera rutinaria para monitorear su propio progreso. Esta técnica no solo ayuda a consolidar el conocimiento, sino también a identificar áreas que necesitan más atención. En palabras de Brown, se trata de “interrogarse constantemente sobre qué se sabe y qué no se sabe”.
Por otro lado, la práctica distribuida sugiere que el estudio debe ser esparcido a lo largo del tiempo, en lugar de ser concentrado en sesiones maratónicas poco antes de los exámenes. Según McDaniel, este tipo de práctica mejora considerablemente la capacidad de retención a largo plazo y reduce el estrés asociado con el estudio intensivo de última hora.
Además, el aprendizaje intercalado implica alternar entre diferentes temas o materias durante las sesiones de estudio. Esto, según Roediger, no solo mantiene el interés, sino que también facilita conexiones entre conceptos diferentes, promoviendo un aprendizaje más profundo y flexible.

Según destacaron medios como El Universal, este conjunto de hábitos es crucial para el desarrollo integral de los niños. Por diversos motivos, desde mejorar calificaciones hasta formar individuos más críticos y creativos, estos métodos se presentan como herramientas imprescindibles para los sistemas educativos actuales y futuros.
Sumado a estas recomendaciones, el interés por optimizar el rendimiento escolar y el desarrollo de las habilidades intelectuales comprende también la importancia de establecer rutinas diarias y controlar el entorno de estudio. Espacios silenciosos, bien iluminados y organizados son fundamentales para que los niños puedan concentrarse y aprender de manera más efectiva.
El impacto de un adecuado hábito de estudio va más allá del rendimiento académico. Según Brown y sus colegas, cultivar estas prácticas desde una edad temprana fomenta diversas habilidades, incluidas la resolución de problemas y la creatividad. Estos atributos no solo son valiosos durante los años escolares, sino que se mantendrán como competencias indispensables en la vida adulta.

Este enfoque integral del aprendizaje va de la mano con la promoción de habilidades blandas esenciales para el futuro, como el pensamiento crítico, la empatía y la capacidad para trabajar en equipo. El libro “Make it Stick” pone de relieve que el éxito educativo no se mide solo en calificaciones sino en la formación de individuos capaces de enfrentar y solucionar los desafíos del mundo moderno.
Finalmente se ha destacado que este tipo de investigaciones pueden ser aplicadas en diversos contextos y no solo en el ámbito educativo formal. Los padres también juegan un rol fundamental al apoyar a sus hijos en la creación de estas rutinas de estudio, inculcando así el valor y la importancia del aprendizaje continuo.
Con las estrategias adecuadas, como las recomendaciones de Brown, Roediger y McDaniel, es posible superar las barreras del aprendizaje tradicional y fomentar un entorno donde los estudiantes no solo memorizan, sino que realmente comprenden y aplican los conocimientos adquiridos. Esta perspectiva cambia la forma en que se aborda la educación y subraya la necesidad de métodos basados en la ciencia del aprendizaje para formar generaciones futuras más preparadas y resilientes.
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