
Alarmados por la falta de concentración en las tareas, poca atención y el impacto en los resultados de los aprendizajes, muchos países comienzan a considerar necesario restringir o, incluso, prohibir el uso de celulares en el aula. Tal es el caso de Francia, Alemania, Italia, China, Países Bajos, Inglaterra y, recientemente, Chile.
El abuso de las pantallas comienza a ser una preocupación sumado a que los niños obtienen su primer celular cada vez más temprano: en 2011 era a los 11 años mientras que hoy es a partir de los 8 años, según un estudio de la Universidad de Chile junto con la Pontificia Universidad Católica del mismo país. El escenario parece dividido en dos: permitir el acceso y fomentar el uso de estas tecnologías en el ámbito educativo o generar normativas para evitar su uso. ¿Podría haber otra posición?

Educar para ser humanos
La pandemia parecía ser un buen punto de inflexión para sacar unas cuantas conclusiones respecto de prácticas educativas que “venían para quedarse”. Sin embargo, hay muchas voces que reclaman desandar algunos caminos. Tal es el caso del uso de los celulares en las escuelas. Durante la emergencia sanitaria, los celulares fueron clave para establecer puentes entre los estudiantes aislados y docentes. En muchos casos, estos fueron los únicos dispositivos al alcance de muchas familias. Y este fue un punto a favor para que se venciera la resistencia de las escuelas a permitir su ingreso en las aulas. Muchas comenzaron la labor de darle sentido a la presencia de un dispositivo en la clase, incorporando su uso en los distintos proyectos y esto permitió fomentar el desarrollo de algunas competencias en torno a lo digital, necesarias para nuestros estudiantes. Sin embargo, todavía es necesario entender y establecer criterios claros respecto de cuándo y cómo utilizar o no utilizar tecnología.
Que los celulares, como cualquier otro dispositivo tecnológico, puedan ser herramientas útiles no significa que no traigan, al mismo tiempo, algunos problemas que es esencial atender. Transitamos por fuertes cambios de paradigmas sin llegar a reflexionar en profundidad cuáles son las ventajas y desventajas de las prácticas que vamos adoptando. Este es el planteo que UNESCO (2024) se hace en el documento Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2023. Tecnología en la educación: ¿Una herramienta en los términos de quién? El informe es un llamado a la reflexión de quienes deben tomar decisiones en el ámbito educativo en cuestiones básicas tales como cuál es el equilibrio entre la conexión digital y la humana, cuál es el sentido del uso de dispositivos dentro de las distintas comunidades y contextos y cuál es el impacto.
Es una exhortación a hacer un uso crítico de la tecnología y no permitir que la carrera tecnológica nos haga renunciar a espacios que son exclusivamente humanos. Por ejemplo, el rol docente frente a su grupo de estudiantes, la comunicación cara a cara, el compartir y aprender con otros y de otros. Recuperar significativamente la “agencia”, nuestra capacidad para actuar en el mundo.

La tecnología como un medio, nunca como un fin
Con una mirada crítica frente al uso de la tecnología, podríamos resaltar muchos beneficios de tener celulares en el aula: transformar prácticas de enseñanza (que por otra parte requieren de esa transformación) a través de propuestas que permitan a los estudiantes investigar, explorar, trabajar colaborativamente, compartir una plataforma digital como espacio de construcción colectiva y de aprendizaje con otros, desarrollar estrategias comunicativas para el trabajo en la virtualidad. Aprovechar los encuentros presenciales para debatir, concluir, indagar. Repensar las dinámicas que proponemos para promover el aprendizaje.
Pero también, considerar y buscar maneras de abordar cuestiones de educación digital con estudiantes (y, tal vez, también con las familias). Prohibir el uso de celulares (en este caso) solo pone debajo de la alfombra una tarea que debemos enfrentar: ante cambios tan fuertes, todos debemos desarrollar nuevas competencias. Reeducar y reeducarnos, para comprender e interactuar en un mundo desafiante, complejo y promete seguir cambiando.
(*) Silvana Cataldo es especialista en innovación educativa y Lider Pedagógica en Ticmas
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