En el ámbito de la tecnología aplicada, la inteligencia artificial (IA) ha marcado un antes y un después en la forma en que percibimos y procesamos la información visual. En particular, el avance en el uso de la IA para interpretar imágenes satelitales ha sido de gran impacto para sectores como el agrícola, donde la precisión y el detalle son cruciales para la toma de decisiones eficientes. Roberto Bunge, director de la carrera de Ingeniería en Inteligencia Artificial de la Universidad de San Andrés, destacó la capacidad de estos sistemas para “averiguar cosas que no son obvias”, especialmente en lo que respecta al estado de salud de los cultivos y la utilización del terreno.
Según Bunge, la IA permite detectar detalles minuciosos en las imágenes, tales como el tipo de uso de un terreno, ya sea para producción agrícola o el desarrollo urbano, o incluso el tamaño de un lago. Esta capacidad se extiende a la estimación del estado de salud de los cultivos mediante el análisis de colores y temperaturas, lo que facilita acciones correctivas precisas en términos de fertilización o riego. La base de este proceso son los píxeles, que “no son más que un conjunto de números” interpretados por algoritmos para identificar patrones específicos, como grandes extensiones de agua o áreas boscosas.
La formación de estos algoritmos se basa en un enfoque de aprendizaje por ejemplo, donde se les enseña a reconocer patrones mediante la muestra de múltiples imágenes, una metodología que emula la forma en que los humanos procesamos visualmente la información. “Lo que tienes que hacer es hacer un montón de vuelos, tomar imágenes de distintos casos y mostrarles esos ejemplos para que el algoritmo vaya aprendiendo paulatinamente a reconocer las cosas”, explicó Bunge. Este proceso no solo involucra ingenieros en inteligencia artificial, sino también a agrónomos y expertos en fisiología de plantas, ejemplificando la necesidad de una colaboración interdisciplinaria para ajustar y perfeccionar estas tecnologías.
La inteligencia artificial no solo está transformando la manera en que enfrentamos desafíos tradicionales, sino que también está democratizando el acceso a información vital, especialmente en campos especializados como el diagnóstico médico. Se estima que la capacidad de diagnóstico por imagen de la IA está alcanzando niveles de precisión comparables a los mejores médicos, ofreciendo un futuro donde la experticia de alta calidad esté disponible fuera de los grandes centros urbanos. “Estamos pudiendo reproducir la calidad del mejor médico en todas partes del mundo”, afirmó Bunge, resaltando el potencial de la IA para superar barreras geográficas y mejorar el acceso a servicios especializados.
El análisis avanzado de imágenes no se limita al ámbito médico. Proyectos como el liderado por Bunge se concentran en optimizar la producción agrícola mediante el análisis de imágenes aéreas para detectar el estado de salud de los cultivos. Esta iniciativa no solo involucra a productores agrícolas como sus principales clientes, sino también a sectores inesperados como las aseguradoras, que pueden basar sus proyecciones y precios en datos concretos y precisos sobre el rendimiento de los campos. Esta sinergia de campos del conocimiento resalta cómo la IA, a través de su capacidad para interpretar imágenes, se está convirtiendo en una herramienta esencial en una amplia gama de industrias.
Bunge también subrayó el nivel avanzado de adopción de tecnología en el campo argentino, posicionando al país como uno de los líderes mundiales en la implementación de soluciones tecnológicas aplicadas a la agricultura. El entusiasmo y la pasión por la innovación y el aprendizaje caracterizan a los estudiantes de ingeniería en inteligencia artificial, un factor crítico para mantener el ritmo de avance en este campo dinámico y altamente competitivo. “La verdad que son unos genios siempre muy apasionados por aprender”, destacó Bunge, reflejando una visión optimista sobre el futuro de la inteligencia artificial y su aplicación práctica en la sociedad.
El dinamismo del campo de la IA también se refleja en el perfil de los estudiantes de la Universidad de San Andrés, los cuales Bunge describe como apasionados y constantemente en búsqueda de superación. “Son unos genios”, expresa con admiración, destacando la importancia del ardor por el aprendizaje y la curiosidad como motores de innovación.
Roberto Bunge concluye con un mensaje de optimismo hacia el futuro, un futuro en el cual la sinergia entre la inteligencia artificial y el análisis de imágenes satelitales continúa expandiendo sus horizontes, brindando soluciones innovadoras a desafíos ancestrales. Esta intersección de disciplinas, en la que Bunge y sus colegas están jugando un papel crucial, promete transformar radicalmente la manera en que comprendemos y interactuamos con nuestro mundo, haciendo de la ciencia y la tecnología los pilares de una sociedad cada vez más informada, eficiente y preparada para los retos del mañana.
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