
Sí, es un hecho: hay pocos graduados de las carreras de Ciencias, Tecnología, Ingenierías y Matemáticas (STEM). A causa de este problema, cada vez más se emprenden iniciativas que impulsen las ingenierías y licenciaturas de este rubro y que permitan que las empresas llenen sus vacantes con el talento que requieren.
Hay muchas promesas en medio de eso, pues cada vez más se habla de los buenos puestos que se ofertan para los graduados de STEM, así como el compilado de oportunidades en una carrera segura.
Sin embargo, la problemática no se soluciona solo con “poner” nuevos estudiantes dentro de las carreras, pues es un entorno más complejo que eso y que demanda que verdaderamente las empresas estén involucradas y comprometidas por cambiarlo.

El portal The Times Higer Education retoma la investigación del libro Educación Desperdiciada: Cómo fallamos a nuestros graduados en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas revela que entre el 30% y el 60% de los graduados estadounidenses en estas áreas, dependiendo el sector, no trabajan en empleos relacionados con STEM. Según una investigación de la Oficina del Censo de Estados Unidos de 2021, este porcentaje podría ascender hasta un 72 por ciento.
Y sentencia que no es un hecho aislado al país vecino, sino una problemática extensa por varios lugares del mundo.
John Skrentny, profesor de Sociología de la Universidad de California en San Diego y autor del estudio, comparte una visión crítica sobre la presión que se ejerce sobre los jóvenes para que elijan carreras STEM, promovidas como pasaportes hacia la seguridad económica.

Skrentny destaca la sorprendente realidad de que muchos titulados en estas especialidades terminan trabajando en sectores ajenos a su formación académica. Los estudios han encontrado que el 45% de los estudiantes de carreras STEM de Estados Unidos aceptaron un trabajo no relacionado con STEM después de graduarse y otro 20% estaba en la escuela de posgrado estudiando una materia no relacionada con su rubro original.
Además, expone las difíciles condiciones laborales y la cultura de trabajo tóxica en algunas empresas STEM, factores que podrían estar impulsando esta tendencia.

También se aborda la idea de que las carreras STEM son, por regla general, más lucrativas que las carreras no STEM. A pesar de los informes sobre salarios de 500 mil dólares para algunos nuevos estudiantes de doctorado superestrellas en Google, el profesor Skrentny descubrió que a los gerentes de trabajadores STEM se les paga aproximadamente un 50% más que a los propios trabajadores STEM, quienes a menudo abandonan sus industrias para trabajar en negocios, contabilidad, marketing y ventas.
Los hallazgos desafían la narrativa predominante instigada por grandes corporaciones y respaldada por generosos subsidios gubernamentales destinados a promover la educación STEM. Estos resultados sugieren la necesidad de una reevaluación en cómo se percibe y se invierte en la educación y el empleo STEM.

Skrentny plantea la importancia de equilibrar el debate acerca de la formación en estas áreas y argumenta que existen medidas que las empresas podrían tomar para mejorar la retención de sus empleados STEM, más allá de demandar simplemente un mayor número de graduados en estos campos.
Para el profesor Skrentny, el propósito del libro no es negar la necesidad de habilidades STEM sino más bien “reequilibrar un debate” que está dominado por lo que él llama el “complejo industrial de educación STEM”: es decir, grandes corporaciones que presionan para obtener más habilidades STEM. trabajadores, pero hacen pocos esfuerzos por retener al personal eliminando las culturas laborales tóxicas que empujan a tanto personal a irse.
“Hay cientos de cosas que estas empresas podrían hacer para mejorar su lamentable historial en materia de retención de personal STEM en lugar de simplemente pedir a las universidades que les den más naranjas para exprimir”, afirmó el profesor Skrentny. “Son muy rápidos en señalar con el dedo a las universidades por no producir suficientes graduados en STEM, pero si bien puede parecer interesado, tal vez las universidades deberían señalar con el dedo”.
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