
Si a un niño de 6 años le pedimos que realice una operación matemática por primera vez, sin antes haberle explicado cómo se hace, es evidente que no podría hacerlo, ya que para resolver dicha operación es necesario que alguien le enseñe a realizarla. Antes de llegar a la petición de resolución, se explica el concepto de la operación, después se muestran ejemplos sencillos donde se explicitan y modelan los pasos a seguir y, a continuación, se le pide que resuelva operaciones de dificultad creciente hasta conseguir que las resuelva de forma autónoma.
Ahora, si a un niño, al que no hemos enseñado ni a detectar la idea principal de un texto, se le pide que realice un resumen. ¿Cómo lo haría? Puede que la situación no parece tan clara como el ejemplo anterior, pero de la misma forma se le está pidiendo al estudiante que haga algo que aún no se le enseña, por lo que su respuesta no será la adecuada.
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Este es el problema que expone Gracia Jiménez Fernández, profesora titular de Universidad en el Dpto. de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad de Granada, en un artículo de The Conversation. La académica explica que con la comprensión de lectura de inmediato solemos pedir a las niñas y niños que elijan el resumen que mejor explica un texto o que detecten información que no está explícita en el texto, pero sin antes haber enseñar qué es un resumen o cómo se deduce esa información.

Libros de texto y comprensión lectora
El problema de la comprensión lectora y la enseñanza tiene parte en la propuesta educativa de los libros de texto, aún cuando cambian las ediciones. El ejercicio usual que se tiene de base para “enseñar” a comprender un texto En cada unidad didáctica o tema se dedica una parte a comprensión lectora, en la mayoría de los casos consiste en presentar un texto y unas preguntas sobre él. Por tanto, el niño que ha comprendido el texto las responderá bien y el niño que no lo ha comprendido no podrá contestarlas. No se enseña a comprender, solo se evalúa la comprensión.
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De acuerdo con Jiménez Fernández, los libros de texto en donde se enseña el español y la lectura suelen tener los siguientes problemas:
-Uso y abuso de preguntas de tipo literal que inducen al alumnado a realizar una lectura superficial ya que la respuesta aparece de modo explícito en el texto.
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-Mayoría de textos de tipo narrativo cuando la investigación destaca la importancia de enseñar la estructura de los textos expositivos por ser mucho más complejos.
-Alto porcentaje de preguntas que aparecen en el apartado de comprensión lectora que ni siquiera están relacionadas con dicha habilidad.
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En este último punto, la especialista de educación ejemplifica que usualmente la actividad pide señalar las palabras del texto que están escritas con b- o v-, lo cual está dentro de las competencias de ortografía, pero no de lectocomprensión, pues no se está enseñando alguna habilidad para comprender mejor el texto.
Una capacidad que se puede enseñar
Este modelo que se encuentra en los libros de texto también es común verlo replicado en materiales en general que buscan fomentar o fortalecer la comprensión de una lectura.
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Pero este enfoque de enseñanza no es único de los libros de texto; muchos materiales dirigidos supuestamente a la mejora de la comprensión lectora siguen esta misma orientación de un texto con preguntas. Si se realiza una búsqueda rápida en Internet sobre “actividades para mejorar la comprensión lectora” se podrá comprobar que los materiales que encuentra tienen una estructura similar.

Si bien es cierto que existe un porcentaje del alumnado que desarrolla estrategias de comprensión de forma espontánea, otro grupo de niños necesita ser enseñado. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelaron que en 2022 sólo el 55.1% de la población lectora en México aseguró comprender la mayor parte del texto, un 27.1% comprende todo lo que lee; el 14.2% la mitad del texto y 3.5% comprende poco de lo que lee.
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Asimismo, en el Estudio Internacional de Progreso en Capacidad de Lectura (PIRLS, por sus siglas en inglés) muestran que en lectur; en Chile, otro país que participó en el estudio, son el 87% de los estudiantes. También en el estudio “Dos años después: salvando a una generación”, del Banco Mundial y UNICEF, reveló que el 80% de los alumnos de sexto grado en América Latina y el Caribe son incapaces de comprender un texto sencillo.
¿Cómo mejorar la comprensión lectora?
Los datos anteriores no solo otorgan información sobre una competencia en específico, sino una cuestión que afecta al aprendizaje general de las y los estudiantes.
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Silvana Cataldo, representante del equipo LED de Ticmas, señala que la lectura, al ser una actividad cultural, requiere de un plan sistemático de enseñanza que involucra sus distintas fases, que son las siguientes:
-la alfabetización inicial
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-el desarrollo de inteligencia lingüística
-la adquisición de estrategias para la construcción de sentido (comprensión)
Este último es la base sobre la cual se construyen los aprendizajes de cualquier área del saber. En otras palabras, “un niño que no comprende lo que lee, no aprende o aprende de manera muy superficial porque no relaciona, no conserva ese conocimiento a largo plazo, no saca conclusiones, no tiene una mirada crítica sobre ese tema y, muy probablemente, no pueda ponerlo en práctica para resolver problemas diversos”.
La comprensión es una construcción personal que requiere de la puesta en marcha de conocimientos previos, relaciones, analogías, inferencias, conclusiones. Es un proceso personal de interpretación, una competencia. Ejercitar la lectura es una de las estrategias posible para desarrollar la habilidad de comprender a partir de lo que se lee.

Después del fomento del hábito lector, se debe eliminar la idea errónea de que para mejorar la capacidad deductiva es suficiente con pedirle a los alumnos que respondan a unas preguntas inferenciales o que para trabajar el resumen tienen que realizar uno a partir de un texto, pues continuar con ejercicios están enfocados en la evaluación de la comprensión y no en su enseñanza.
Para la mejora de la comprensión lectora es fundamental la enseñanza de estrategias de manera sistemática y explícita. Es decir, es necesario incluirla de forma habitual en la práctica docente. Si se trabaja de forma aislada y sin continuidad no va a tener ningún efecto en el alumnado. Debe formar parte de la programación cada curso; asimismo, se debe explicitar qué objetivo perseguimos (por ejemplo: hoy vamos a aprender a distinguir las ideas principales de las secundarias), así como el procedimiento a seguir.
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