Educación y empleo: aprender a aprender también es una demanda del sector productivo

El informe Educación y empleabilidad, elaborado por Ticmas con el apoyo de CAF, muestra que la formación para el trabajo ya no puede limitarse a transmitir saberes técnicos: también debe preparar a las personas para adaptarse, resolver problemas, trabajar con otros y volver a formarse a lo largo de su vida laboral

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Trabajador hispano de unos 35 años, con máscara, gafas y polvo blanco, cortando una encimera de cuarzo con una herramienta eléctrica en un taller iluminado.
Las habilidades humanas, la reconversión profesional y el aprendizaje continuo forman parte del núcleo de la empleabilidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

El informe Educación y empleabilidad, elaborado por Ticmas con el apoyo de CAF, aborda los perfiles laborales que la matriz productiva del país requiere para los próximos años. Uno de los principales hallazgos es que ya no sólo se habla de conocimientos técnicos, sino de qué capacidades permiten que esos perfiles sigan siendo valiosos en un mundo laboral que cambia. El documento señala que las habilidades humanas, la reconversión profesional y el aprendizaje continuo forman parte del núcleo de la empleabilidad.

Durante mucho tiempo, las habilidades “blandas” fueron tratadas como un nice to have. Algo que venía después del oficio, de la técnica o del título. El informe discute esa jerarquía. En sectores atravesados por digitalización, automatización, nuevas herramientas e inteligencia artificial, saber hacer una tarea ya no alcanza si la persona no puede interpretar información, comunicarse, trabajar en equipo, adaptarse a un procedimiento nuevo o resolver un imprevisto.

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Entre las competencias transversales más valoradas, el informe indica: pensamiento crítico y resolución de problemas, con el 65,2%; trabajo en equipo y colaboración, con el 58%; adaptabilidad y flexibilidad, con el 56,5%; y comunicación efectiva, con el 43,5%. Los datos muestran que esas capacidades dejaron de ser ornamentales. Son parte de lo que las organizaciones miran cuando evalúan si una persona puede desempeñarse en entornos productivos exigentes.

Este punto conlleva una consecuencia importante para la educación. Formar para el empleo no significa solo sumar contenidos técnicos o abrir cursos vinculados con sectores estratégicos. También implica enseñar a pensar problemas, leer contextos, sostener conversaciones laborales, coordinar tareas, asumir responsabilidades y aprender de los errores. En la práctica, esas habilidades son las que permiten que el conocimiento técnico se vuelva útil frente a situaciones cambiantes.

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El informe evita reducir esta discusión a una cuestión de actitud personal. No se trata de pedirles a los trabajadores que se adapten solos. La adaptación también necesita instituciones, docentes, prácticas y empresas capaces de acompañar los cambios. Allí aparece una tensión: el mercado laboral exige flexibilidad y aprendizaje continuo, pero muchas trayectorias formativas todavía están pensadas como recorridos cerrados, con tiempos largos y poca conexión con la práctica.

Ticmas - Portada Educación y Empleabilidad
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"Educación y empleabilidad: informe nacional sobre demanda laboral, formación y capacitación para la transformación productiva", elaborado por Ticmas con el apoyo de la CAF

Reconversión, una condición de época

La reconversión profesional aparece como otro de los ejes fuertes del informe. Ya no puede entenderse solo como una respuesta para quienes perdieron un empleo o quedaron fuera de un sector. En actividades donde cambian tecnologías, estándares, procesos y formas de organización, volver a formarse empieza a ser parte de la vida laboral. La formación deja de ser una etapa previa al trabajo y se convierte en una práctica que acompaña toda la trayectoria.

Esa mirada modifica el lugar de la educación técnica, la formación profesional y las tecnicaturas. Su valor no reside únicamente en preparar para una primera inserción laboral, sino en ofrecer recorridos más flexibles, acumulables y cercanos a las necesidades de quienes ya trabajan o necesitan reorientarse. El informe señala que la formación profesional, por su cercanía con trayectorias laborales reales y por su potencial para ofrecer respuestas más ágiles, puede ocupar un papel importante en estos procesos, siempre que no quede fragmentada ni aislada.

El interrogante no es solo cómo formar a los jóvenes para el primer empleo. También es cómo acompañar a quienes deben actualizarse, certificar saberes, pasar de una actividad a otra o combinar experiencia previa con nuevas demandas. En una economía con informalidad, trayectorias discontinuas y desigualdades territoriales, esa discusión tiene un valor social evidente. La reconversión puede ser una vía de movilidad, pero solo si existen dispositivos que la vuelvan posible.

El informe propone pensar esa tarea como una responsabilidad compartida: Estado, empresas, cámaras, sindicatos, escuelas técnicas, centros de formación profesional, institutos y universidades necesitan construir mecanismos más estables de diálogo. La capacitación en servicio, las prácticas profesionalizantes y la actualización docente no deberían depender solo de iniciativas aisladas. Cuando esos vínculos no se sostienen, la distancia entre educación y trabajo vuelve a aparecer.

La Argentina productiva necesita técnicos y oficios, pero también personas capaces de seguir aprendiendo. Ese puede ser uno de los desafíos más difíciles de nombrar, porque no se resuelve con una carrera, un curso o una certificación aislada. Requiere una forma distinta de pensar la educación para el trabajo: menos lineal, más continua, más cercana a la práctica y más atenta a las capacidades humanas que permiten sostener una trayectoria laboral en medio del cambio.

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