
La literatura es representación. Es traducir a lenguaje las experiencias —sensitivas y emocionales— que conforman esto a lo que torpemente llamamos realidad. Cada época, texto y autor, representan a su manera el gran abanico de las percepciones e inquietudes humanas. En este artículo te invitamos a explorar la representación de un mismo objeto desde distintos lentes. Y ya que hace pocos días se celebró el Día Internacional del Gato, cabe preguntarnos: ¿cómo habla de ellos la literatura?
Momento RAE
¿Qué es un gato? Te propongo un juego sencillo: agarrá lápiz y papel, y escribí tu definición. Cuando lo hayas hecho, te invito a comparar tu descripción con la de la RAE:
Mamífero de la familia de los félidos, digitígrado, doméstico, de unos 50 cm de largo desde la cabeza hasta el arranque de la cola, que por sí sola mide unos 20 cm, de cabeza redonda, lengua muy áspera, patas cortas y generalmente pelaje suave y espeso, de color blanco, gris, pardo, rojizo o negro, empleado en algunos lugares para cazar ratones.
¿Qué opinás? ¿Es esto, realmente, un gato? Seguramente la palabra “digitígrado” no estaba en tu definición. Lo que nos lleva a pensar... ¿cómo se atrapa un gato en palabras?
Érase una vez un michi
Te gusten o no los gatos, es innegable que su presencia no deja a nadie indiferente. Ya sea para demonizarlos como fieles compañeros de las brujas o para deificarlos a la manera egipcia, lo cierto es que su vínculo con el ser humano es tan ancestral como la propia literatura.
Autores de todas las épocas y geografías supieron poner sus plumas al servicio de los mininos. ¡Cómo olvidar al Gato negro de Poe o Soy un gato de Sōseki! Pero no fueron los únicos. En El Paraíso de los Gatos, la editorial Nórdica recoge algunos de los cuentos gatunos más memorables (¡y con bellas ilustraciones!). En “El Gato de Dick Baker”, por ejemplo, Mark Twain cuenta a través del personaje de Dick, la historia de un gato minero:
“Era un gatazo gris con más sentido común que cualquier hombre de este campamento; y con tanta dignidad y poderío que ni al mismísimo gobernador de California le hubiera permitido tomarse confianzas con él. En su vida no atrapó ni una sola rata, no señor, no se dignaba hacer esas cosas. Nunca demostró interés por nada que no fuera la minería”.
Pocos se habrán cruzado con un gato minero como el que describe Mark Twain. En cambio, el Señor Joyce pone en palabras por primera vez en la historia de la literatura algo que todos hemos visto en un gato: ¡su ano!
“Mr. Bloom observó curiosamente, bondadosamente, la ágil forma negra. Se la ve limpia: el brillo de su pelo liso, el botón blanco debajo del cabo de la cola, los verdes ojos centelleantes. (...) Dicen que son estúpidos. Nos entienden mejor que nosotros a ellos”.
Suena feo, es cierto, pero no hay mayor verdad: estos animalitos tienen la mala costumbre de andar con la cola parada y con su retaguardia a la vista de quien quiera mirarlo.

Le chat, c’est moi
Borges escribió que los gatos son silenciosos como espejos. Puede que porque detrás de ese mutismo indescifrable su mirada provoque el mismo efecto que el más fiel de los reflejos. Los libros funcionan de manera similar: compañeros mudos, sus páginas nos devuelven nuestra propia imagen en innumerables mundos.
Muchos querrían poder adentrarse en los pensamientos de un gato. A su manera, los libros nos permiten hacerlo. Es el caso de Ella y su gato, de Makoto Shinkai y Nagakawa Naruki:
“Sucedió un día lluvioso a comienzos de primavera (...) No me acuerdo de cómo ocurrió, de cómo terminé calado por la lluvia dentro de una caja de cartón (...) Al abrir los ojos, vi la cara de una humana. Me observaba desde arriba, con un gran paraguas de vinilo en la mano (...) Ese día ella me recogió. Por eso soy su gato.”
De carne y hueso
Existen gatos verdaderos que se convierten en protagonistas de historias de dimensiones literarias. Es el caso de Homero, un ejemplo animal de resiliencia que salva, incluso, a su dueña humana. Así lo recuerda ella...
“La primera vez que lo vi era un puñado de pelusa negra anidado en las manos de la mujer que me lo entregó. Era como cualquier otro gatito; o eso parecía, hasta que levantó la cabeza (...) Y ahí vi sus ojos. Este regalo recién hallado en la calle de dos semanas de vida padecía una infección severa que, además de dejarlo ciego, podía matarlo.”

Y si de gatos reales se trata, Pedro Zuazua Gil logró explicar como pocos lo que es la experiencia de ser un gatuno primerizo al adoptar a Mía. ¡Conocela en su libro!A diferencia de Zuazua Gil, Bohumil Hrabal y su mujer no adoptaron uno, ni dos, ¡sino toda una manda de gatos! Y aunque cada cual ronronea a su manera, para el autor hay una clara favorita...
“La [gata] que me quería más era Švarcava; yo la devoraba con los ojos y ella me quería tanto que casi se desmayaba cuando la agarraba y me la ponía en la mano y me la acercaba a la frente y le decía a la oreja todo tipo de dulces, dulcísimas declaraciones de amor (...) yo lo era todo para mis gatitos, era su padre y su amante. Pero la que estaba loca por mí, más que las otras, era Švarcava, la negrita de los calcetines blancos y el babero blanco.”

Y si hablamos de CATS.. ¡también los encontramos en el escenario gracias a la puesta de Andrew Lloyd Webber inspirada en el clásico de T.S.Eliot, El libro de los gatos habilidosos del señor Possum. Si nunca tuviste la dicha de leerlo, te dejo acá un pedacito sobre la difícil tarea de ponerle nombre a un gato.
Para cerrar, una última inspiración literaria que sin duda supera la “digitígrada” definición de la RAE...
No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.
(J.L. Borges)
Una vez más, la literatura prueba su insuperable poder a la hora de descifrar la compleja experiencia de la realidad. Ahora decime... ¿qué es un gato?
Para seguir las recomendaciones de Cecilia Sarthe en @HabledeLibros.
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