
El uso de las herramientas digitales para el aprendizaje de contenidos educativos ya no es novedad. Cada vez hay mayor consenso con respecto a la incorporación de diferentes tecnologías que ofrecen la posibilidad de enriquecer la experiencia pedagógica. Incluso las redes sociales, con el uso constante de millones de jóvenes a dispositivos como tablets, smartphones y netbooks, intervienen en la discusión acerca de su aplicación en el ámbito educativo. En este contexto, la enseñanza de la historia se ve atravesada por nuevas oportunidades para fomentar una conexión con el proceso de aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.
Despertar interés en el estudio histórico nunca fue tarea sencilla. Los manuales clásicos, muchos de ellos con contenidos rígidos, basados en la concepción científica de la historiografía del siglo XIX y principios del XX, suelen producir aburrimiento y monotonía a los jóvenes que no tienen una inclinación previa hacia la materia. Es fácil terminar en concepciones que solo asocian a la historia con la memorización de fechas, nombres y guerras.
Sin embargo, las motivaciones de muchos docentes pasan por hacer comprender procesos históricos de manera integral, fomentar la reflexión, la capacidad de asimilar diferentes contextos y, en un marco ideal, que los estudiantes apliquen la dinámica de esos aprendizajes para entender mejor la actualidad. Los medios digitales aparecen como una herramienta versátil para introducirse en ese objetivo.
Cómo se estudia Historia en la era digital
Hay diferentes maneras en que la enseñanza de la historia se puede vincular con el uso de las redes sociales. Está claro que las generaciones de nativos digitales tienen un manejo fluido de las herramientas tecnológicas. Además, al lidiar desde el nacimiento con un mundo conectado en red, es común que desarrollen una gran agilidad para la incorporación de nuevas tecnologías. Permanecer actualizado en el ámbito digital es una tarea que, desde la pedagogía, favorece el entendimiento con los estudiantes.
La web 1.0 ya quedó atrás. Aquella primera divulgación de internet se caracterizaba por un acceso estático a la información. Los avances de las últimas décadas han posibilitado el desarrollo de plataformas colaborativas mucho más dinámicas en cuanto a la interacción con los usuarios, gracias a la formación de blogs y espacios de discusión. Sin embargo, como sugiere un estudio de Marisol Gamboa Fallas para la Escuela de Historia de la Universidad Nacional de Costa Rica, es posible que los nativos digitales requieran un proceso de adaptación de las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) al trabajo educativo.
Los jóvenes suelen utilizar las redes sociales como medio de expresión para las vivencias personales o para el entretenimiento, por lo que no siempre es sencillo direccionar ese uso hacia el área del aprendizaje. Si se logra dicha conexión, partiendo de un territorio familiar como las redes sociales, es posible que se fomenten prácticas típicas del pensamiento histórico. Por ejemplo, el análisis de fuentes, la comprensión del tiempo en términos de media y larga duración, los contextos, el vínculo con otras disciplinas y, además, la interacción y el debate.
Así lo demuestra una experiencia realizada en la Universidad de Alcalá de Henares, en España, y publicada en el libro Medios de comunicación y pensamiento crítico (2013), donde se les propuso a los alumnos de 4° grado de secundaria, con edades de entre 14 y 16 años, un proyecto donde debían interconectar distintos eventos históricos, además de ubicarlos en tiempo y espacio, y analizar el contexto de cada uno. Utilizaron herramientas como Glogster, Penzu, Google Maps, Timerime o Dipity. Los resultados demostraron el interés de los jóvenes por encontrar la conexión entre episodios como la Revolución Rusa, la Gran Depresión de 1929 y la Guerra Civil Española.
Además:
- Fomentaron el trabajo en grupo y la colaboración.
- Lograron identificar los videos que aportan información concreta y valiosa sobre estos temas.
- Ubicaron los hechos en tiempo y espacio.
- Se vieron motivados a contextualizar más allá de las fechas sugeridas.
- Adaptaron las TIC’s al trabajo del estudio histórico.

Experiencias sobre el uso de redes sociales en Historia
Es interesante conocer experiencias donde docentes y estudiantes aplicaron herramientas como las redes sociales para generar trabajos enriquecedores y originales en torno al estudio histórico. Una de ellas ocurrió en Neuquén, en 2019, cuando un grupo de estudiantes secundarios tuvo la idea de crear perfiles de Facebook y Twitter de José de San Martín. Cumpliendo con una tarea de Historia, los jóvenes agregaron referencias acertadas del prócer en su biografía, y hasta se animaron a redactar algunos tuits utilizando hashtags y lenguaje adolescente actual. El trabajo tuvo gran repercusión en los medios de comunicación.
Poco después, el equipo de Marketing de la Universidad Nacional de Cuyo lanzó una campaña para acompañar fechas patrias, como el 20 de junio o el 9 de julio. Diseñaron grupos de WhatsApp entre los integrantes del Primer Triunvirato, donde se puede leer una conversación en la que agregan a Manuel Belgrano, y éste le propone la utilización de la bandera.
Para homenajear a San Martín, crearon versiones digitales de charlas ficticias con los integrantes del Segundo Triunvirato, además de una publicación del General anunciando su retiro de la vida pública, fechada en septiembre de 1822. No caben dudas del atractivo que produce imaginar cómo las mujeres y los hombres del pasado convivirían con las tecnologías actuales, un ejercicio que obliga al acercamiento hacia las fuentes históricas, sumado al trabajo de comprender las ideas y los pensamientos del personaje, para traerlos al presente con coherencia.
Influencers de la historia
En ese contexto de adaptación a las tecnologías vigentes, aparecen los que podrían llamarse “influencers” de la historia, quienes aprovechan los formatos actuales, como podcasts, perfiles de Instagram, Tik Tok o videos de YouTube, para transformar el conocimiento académico en un contenido de divulgación accesible para la mayoría.
Así es como muchos jóvenes se sienten atraídos, en ocasiones por primera vez, al saber histórico. Los videos interactivos de la plataforma educativa Ticmas, por ejemplo, ofrecen un contenido dinámico, conciso e informativo, mientras que otros intentan profundizar más en cuestiones complejas de la historia. En esta segunda categoría se ubican los canales de YouTube “Pero eso es otra Historia” y “Memorias de Pez”.
Por otro lado, las cuentas de memes son un factor común en casi cualquier temática y, en el ámbito de la Historia, algunos docentes aprovechan la herramienta para crear una comunidad de seguidores, vinculados o no a la materia, pero que disfrutan de contenido original y bien pensado. Entre las más reconocidas actualmente se encuentran “Historia para Millennials” y “La Historia y Los Simpson”, ambas con cuentas en Instagram, y con formatos que van desde podcasts hasta videos.
En la era de la inmediatez que proponen las redes sociales, junto a la construcción colectiva del conocimiento que se avecina con las nuevas tecnologías de la web, es importante adaptar el aprendizaje de la historia, al menos para un primer acercamiento, a la diversidad de formatos, herramientas y aplicaciones actuales. Está claro que, para conseguir ese objetivo, es fundamental que la mayoría de las personas tengan los medios para conectarse a internet.
Según un informe reciente de Unesco, el 80,2% de la población argentina cuenta con acceso a la red, considerando equipos fijos y móviles. Un número elevado si se lo compara con otros países de la región, aunque el mismo informe indica que la mayor dificultad reside en la calidad de conexión. Un acceso más igualitario a las herramientas digitales permite que la mayoría de los niños, niñas y adolescentes desarrollen el aprendizaje en condiciones similares. Tanto en el campo de la historia, como en casi todas las áreas del conocimiento, disponer de una conectividad de calidad es cada día más importante.
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