
En el marco de la situación sanitaria actual resulta complejo poder imaginar un retorno a la escuela presencial que alguna vez conocimos. Podríamos decir incluso, que tampoco es deseable. La pandemia nos ha permitido replantear los enfoques pedagógicos clásicos y experimentar otras modalidades, que bien estructuradas, pueden tener resultados asombrosos. El aprendizaje combinado es una de ellas.
También conocido como aprendizaje mixto o híbrido, dada su integración de instancias de aprendizaje presencial con virtual, el aprendizaje combinado es una metodología que se viene implementando desde hace varias décadas. Principalmente en el ámbito universitario y de formación continua, donde se lo denomina “semipresencial” y representa una alternativa intermedia entre la educación presencial y la educación a distancia.
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Sin embargo, en el entorno escolar se empezó a hablar de aprendizaje combinado recién en el último tiempo, cuando el confinamiento obligó a buscar opciones para asegurar la continuidad. Su implementación ha sido bastante improvisada y dispar, dependiendo en gran medida del acceso a la tecnología, las posibilidades de conectividad y las competencias digitales adquiridas. Mucho de lo que se hizo, podríamos decir, fue a “prueba y error”. Sin posibilidades de planificar, ni de revisar los modos de concebir la enseñanza.
Planificar en contextos situados
Hoy, con cierta experiencia ganada y haciendo uso de algunos recursos tecnológicos que facilitan y potencian el aprendizaje, estamos en mejores condiciones de diseñar propuestas integrales, que contemplen espacios y tiempos desde una lógica dual. Las plataformas de aprendizaje virtual, como la que ofrece Ticmas, son un gran aliado en este sentido porque permiten integrar contenidos y tecnología enriqueciendo los procesos educativos.
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Ahora bien, es necesario que cada equipo directivo y docente trabaje colaborativamente en conocer las posibilidades de su comunidad. Tanto en la disponibilidad de tecnologías, como en las competencias digitales y conocimientos técnicos que se requieren. Esto resulta fundamental para diseñar secuencias didácticas con actividades dentro y fuera del aula. Sabemos que si bien cada estudiante tiene que tener garantizado su derecho a la inclusión digital, la brecha aún sigue siendo muy grande. Por lo cual, la planificación debe estar situada en las posibilidades reales de cada localidad, cada escuela y familia.
¿Cómo organizar la enseñanza sacando el mejor provecho de cada espacio? ¿Qué conocimientos conviene abordar de manera remota y para cuales se requiere presencialidad? ¿Cómo distribuir los tiempos? Seguro aparecen estos y muchos interrogantes más cuando se piensa en este mix de espacios y tiempos.
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Alterar la clase
Una buena propuesta, que puede traer claridad y algunas ideas, es la de aula invertida. Es una modalidad de la que se viene hablando mucho desde el inicio de la pandemia y tiene sentido que así sea porque altera lo que conocemos de una clase tradicional. Especialmente los espacios, roles y tareas: el aula pasa a ser un lugar de encuentro dinámico para el debate y la interacción entre los estudiantes; mientras que el hogar es el espacio reservado para el acceso al contenido, la lectura y el estudio, respetando el ritmo individual de cada estudiante.
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En este sentido, el aula invertida plantea la condición de aprovechar al máximo las instancias de encuentro presencial para el trabajo colaborativo con otros, siendo los alumnos los protagonistas y el docente un guía y moderador de ese intercambio. Sin embargo, el trabajo del profesor no queda relegado al aula, se precisa también que seleccione cuidadosamente los contenidos y proporcione los recursos necesarios para el estudio en casa.
Por lo tanto, la integración de aprendizaje combinado con aula invertida y el uso de plataformas virtuales, puede resultar una estrategia que bien orientada contribuya a transformar los actuales modelos educativos. Sin olvidar que se requiere un trabajo conjunto de los equipos docentes y el aseguramiento del derecho a la inclusión educativa, desde una perspectiva de inclusión digital.
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Por Rocío González - Mgter en Procesos Educativos mediados por Tecnologías. Lic. y Prof. en Comunicación Social. Directora del área de Formación Docente y Asesoría Pedagógica en Ticmas.
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