
“En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política”. Esta es una de las icónicas frases de Carlos Jáuregui, uno de los mayores activistas LGTBIQ en nuestro país, fundador y presidente de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina), pionero en la visibilización del colectivo y precursor de la lucha por la igualdad de derechos de las personas LGBTIQ. Con el orgullo como bandera, Jáuregui promulgó la visibilidad como señal de fortaleza dentro del colectivo, incitó al activismo político, a la vida en libertad y autonomía y a la lucha por los Derechos Humanos.
¿Qué es lo que nos genera tanto miedo a nivel educación para educar en orgullo? Un estudio titulado Pride in Education: A Narrative Study of Five Finnish Schoolteachers, realizado en una escuela en Finlandia en 2019, reveló resultados muy positivos respecto del orgullo como una característica de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, en una cultura como la finlandesa, de igualdad social, logros grupales y tenacidad. Los objetivos principales del estudio eran: entender el orgullo a partir de las percepciones, valores y creencias de los docentes indagados y comprender el uso del orgullo en el aula como emoción para aumentar el éxito académico de los estudiantes.
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Como resultado, se determinó que los docentes entienden el orgullo por el logro como una característica positiva del proceso de aprendizaje. No solo eso, Finlandia también es titular de altas calificaciones en actividades no académicas como el bienestar de los estudiantes, el sentido de pertenencia a los centros educativos, las relaciones de los estudiantes con sus pares y docentes, la vida familiar e incluso las actividades extracurriculares.
Margaret Quinlan, profesora de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, directora del programa interdisciplinario de humanidades médicas y salud y ganadora del premio “Bonnie E. Cone, Early Career Professorship in Teaching”, afirma que el orgullo es un recurso fundamental para el proceso de aprendizaje y puntualmente para la búsqueda de información. En este sentido, el orgullo funciona como un estímulo emocional positivo que ayuda a reforzar la confianza en uno mismo, la fuerza de voluntad, la productividad e incluso la retención de la información recientemente aprendida.
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En este punto resulta interesante el planteo de cómo los docentes finlandeses utilizan el orgullo en el aula como una emoción positiva para aumentar el éxito de los estudiantes. Lo que revela el estudio es que las y los docentes finlandeses enseñan a partir de transmitir a sus estudiantes el orgullo de quien es cada uno y sus logros. Además de estar orgullosos de tener una mente abierta, que anima a los demás a estar orgullosos también. Se trata de una emoción para fomentar en uno mismo y en los demás.
Sin embargo, el orgullo no es un tema que se esté trabajando únicamente en Finlandia. Se trata de una temática que viene desde hace algún tiempo, de interés a nivel educativo y psicológico, que alienta a los docentes a fomentar el orgullo individual de sus estudiantes para favorecer el proceso de aprendizaje y ayudarlos a desarrollar la resiliencia. En el caso de Finlandia, se acompaña por los valores predominantes en la enseñanza como la cooperación, la resolución de problemas y la búsqueda de consenso, dando sin lugar a dudas un resultado muy satisfactorio del proceso de enseñanza.
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Hubo una gran preocupación en cuanto al fomento del orgullo, que radicó en la posible interrupción de los valores culturales tradicionales. Pues, se creía que el orgullo fomentaba el aislamiento, la superioridad sobre los demás y el descontento. Sin embargo, lo que trajo consigo el empleo del orgullo como herramienta del proceso de educación fue el refuerzo de procesos identitarios de los estudiantes, el respeto por los procesos del otro y el desarrollo potenciado de varias de las habilidades de los estudiantes en las aulas de clase.
El orgullo, como uno de los tantos instrumentos de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, favorece la integralidad de la educación. Partiendo del respeto por el orgullo de cada uno de los estudiantes y fomentando el de los demás; potenciando, en conjunto con los demás valores y herramientas transversales a la educación, resultados positivos a nivel académico y personal de los estudiantes como núcleo de la comunidad educativa. En este sentido surge el interrogante de qué queremos para la educación de los niños, niñas y adolescentes del país: ¿educarlos para que vivan en la vergüenza o que crezcan sintiendo orgullo de quienes son?
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