
El 1 de marzo debieron reanudarse las clases presenciales en Santa Cruz. Pasó ya más de un mes y todavía casi toda la provincia mantiene sus aulas cerradas y los chicos, solo en el mejor de los casos, siguen aprendiendo a través de la computadora.
Si bien la presencialidad en el país es dispar, el distrito gobernado por Alicia Kirchner es el único que hasta el momento no avanzó en el regreso de los alumnos a las escuelas. Incluso cuando hace solo dos días votaron en el Consejo Federal a favor de sostener los colegios abiertos pese al avance de la segunda ola.
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La cuñada de la vicepresidenta, dispuso que los distritos con transmisión comunitaria de coronavirus no pueden abrir sus escuelas. Y esos distritos son todos los más poblados y, por ende, reúnen más del 90 por ciento de la matrícula: Río Gallegos, Calafate, Caleta Olivia, Río Turbio, Pico Truncado, Perito Moreno, Puerto Deseado y Las Heras.
Tan solo las escuelas rurales pudieron retomar con una presencialidad limitada. La mayoría de los alumnos se traslada y duerme en los establecimientos. Por ende, concurren bajo un esquema de 15 días sí y 15 días no por mes.
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Gran parte de la matrícula urbana asiste a escuelas públicas, donde por conflictos gremiales hace años no se desarrolla un ciclo lectivo con regularidad. Los colegios privados, sin embargo, tampoco fueron habilitados por el ministerio de Salud provincial para comenzar. La sensación de los representantes de los establecimientos es que, de ese modo, buscan “no exponer” la decadencia de la gestión estatal en la provincia.
“Nosotros tenemos todos los protocolos armados desde agosto del año pasado. Estamos en condiciones de dar clases y no se nos permite. Mientras todo estuvo abierto: turismo, aeropuerto, deportes, hasta el casino. No nos dan razones concretas, pero sabemos que es para que no nos adelantemos a las escuelas estatales, cuyos edificios en muchos casos no están en condiciones”, le dijo a Infobae la dueña de un colegio privado santacruceño.
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Lo más curioso es que, si bien no permiten dar clases presenciales, sí los chicos pueden asistir a la academia de inglés que se da en los colegios. “Es absurdo. ¿Nosotros tenemos protocolos seguros para dar inglés, pero no para dar clases? Ahora la gobernadora encima aprovechó la segunda ola para cerrar todo”, señaló Mariana Iozzi, vocera de Padres Organizados.
Los padres apelaron a distintas vías de reclamos: enviaron varias cartas a la gobernación y a los principales funcionarios provinciales, llevaron adelante una clase pública, organizaron cacerolazos. La manifestación más resonante fue la que llevaron adelante en la residencia de Cristina Kirchner, mientras la vicepresidenta estuvo alojada unos días en El Calafate. Del otro lado, nunca obtuvieron respuesta más que dilaciones.
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Durante 2020, los estudiantes santacruceños hicieron todo el ciclo lectivo en forma virtual. Ni siquiera cuando se habilitó a nivel nacional la posibilidad de actividades de reencuentro, la gobernadora Alicia Kirchner aceptó la modalidad.
“A mi hijo la pandemia le quitó la posibilidad de hacer primer grado. La ilusión de empezar un cuaderno, de tener compañeros nuevos, se vino a pique con la suspensión. Las clases por Zoom no permitieron que aprendiera porque la conectividad es pésima. Al principio él se ponía a llorar, se bloqueaba frente a la pantalla. Él quería ver en persona a sus compañeros. Perdió la capacidad de relacionarse y empezó con algunos tics como movimientos abruptos de la cabeza y las pestañas”, contó Paula Camilot, madre de un chico de 7 años, que asiste a una escuela pública en la provincia.
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“No hay voluntad de nadie de empezar las clases. El Presidente y el ministro de Educación siguen diciendo que la escuela es lo último que va a cerrar y acá todavía ni siquiera empezamos. Nos siguen diciendo por medio de un vocero de vocero de vocero que están viendo cómo prepararse para la vuelta. O sea, todavía no se prepararon. Eso es lo más triste de todo”, continuó.
Como ya es costumbre en Santa Cruz, el ciclo lectivo -en este caso virtual- comenzó con un paro docente lanzado por Adosac, el principal gremio del sector que está dentro de Ctera.
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En el último tiempo, el conflicto se convirtió en una constante en la provincia. 2017 fue el año más traumático en ese sentido: las escuelas estuvieron cerradas durante más de 100 días por las sucesivas huelgas docentes. En los años posteriores, los paros también imposibilitaron el desarrollo regular del ciclo lectivo.
Hace dos semanas, Adosac aceptó la oferta de la provincia: un aumento salarial del 34,10% en tres cuotas para este año. No obstante, aun con el conflicto resuelto y con el acuerdo federal de priorizar la educación, las clases presenciales nunca retomaron.
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