
Tal vez como nunca antes, el ciclo educativo actual está atravesado por factores ambientales que exceden largamente las cuestiones propias de los procesos de enseñanza y aprendizaje, con la cuestión sanitaria en primer plano. El lugar común dice para ciertas culturas la palabra crisis es sinónimo de oportunidad. ¿Cómo puede la escuela tomar las circunstancias actuales en su provecho?
La solución educativa Ticmas y la comunidad de maestros y profesores que la integra se han propuesto realizar durante el año distintos encuentros que aborden los temas más urgentes de la agenda docente. A comienzos del año se planteó una serie de jornadas que proponían hacer foco en la incertidumbre del ciclo 2021. Así se trabajó, entre otros puntos, el entorno dual, el modelo de aula invertida, el desarrollo de las habilidades del siglo XXI, la comprensión lectora, etc.
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Ahora, y como respuesta a la fuerte inquietud de los docentes, Ticmas organizó una jornada para debatir y compartir experiencias sobre gestión de las emociones en el aula. ¿Están los estudiantes preparados para reconocer sus emociones? ¿Están los docentes? ¿Cómo se puede armar un entorno empático donde compartir opiniones?

Alfabetización emocional
El encuentro comenzó con una primera disertación de Inés Moreno. Fundadora y directora del estudio que lleva su nombre y se especializa en la aplicación del juego y técnicas no convencionales para la formación, Moreno tiene una vastísima trayectoria como docente, rectora y asesora para diferentes instituciones de América latina y Europa.
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Moreno destacó tres aspectos como marco de la gestión de las emociones, aunque prefirió no utilizar la palabra gestión, que le parecía, dijo, un tanto “administrativa” y prefirió abordaje. “Gracias a la pandemia el tema emocional se puso sobre la mesa”, comenzó, “pero eso no significa que no se estuviera trabajando. En algunas escuelas llevamos veinte años con el tema y los resultados no son tan fáciles, porque no solo se necesita que haya un docente y un director resueltos sino también un contexto que facilite y colabore o que, por lo menos, no interfiera. La pandemia puso sobre la mesa la necesidad de la alfabetización emocional, pero no fue la pantalla la que nos distanció; buena parte del proceso educativo estaba ausente de inteligencia emocional antes”.
“Si no asumimos”, continuó, “que la alfabetización emocional es una necesidad básica para el proceso de aprendizaje de cualquier alumno en cualquier lugar estamos en el horno. Para que alguien aprenda y cambie la conducta, que es algo muy fuerte, tiene que participar la emoción. ¡Cómo la vamos a dejar afuera del proceso!”
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Y el tercer punto fue el señalamiento de que el abordaje de la emoción no se puede hacer con las técnicas didácticas que conocemos. “He visto durante años que el trabajo de la emoción era con una carita, era marcar en el pizarrón cómo llego y cómo me voy, que el trabajo se gestionaba. Las emociones tienen que ser vividas. Por lo tanto, las técnicas didácticas no pueden ser las que se utilizan para las ciencias duras. El juego y la creatividad dan la posibilidad de pensar y repensar la emoción que pasa por el cuerpo. Se requieren técnicas no convencionales, que son herramientas básicas y fantásticas para el abordaje de lo emocional”.

Un camino asimétrico pero compartido
Isabel Amor es directora del programa de Gestión Emocional en ISIP —Instituto Superior de Investigaciones Psicológicas— y Alfredo Vota es especialista en Gestión Educativa y director general del polo educativo Dante-Holters-Cieda. Son dos personalidades relevantes de la educación que participaron en un debate muy fructífero luego de la conferencia de Inés Moreno.
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“La pregunta que uno se hace”, comenzó Vota, “es si somos seres racionales con emociones o seres emocionales con razón. Yo creo en la segunda opción y que la razón nos ayuda a pensarnos y a tramitar las emociones. Y que esa tramitación implica una gestión”. Con esta afirmación como base, Vota continuó el desarrollo de una idea sobre la relación afectiva que se da en el aula y en la escuela.
“Al principio de la cuarentena, todos salieron corriendo a dar contenidos y contenidos, y del otro lado encontramos un espacio refractario. Los chicos apagaban las cámaras o no participaban. Lo que ellos nos mostraron es que la función de la escuela no es dar contenido. Es un entorno vital y habitual que construye emociones. Los chicos querían estar en la escuela y todas las emociones que se viven ahí: encontrarte con la chica que te gusta, pelearte con un amigo, enojarte con un profesor, tomar una postura, rechazar otras. La escuela es un espacio vital donde se construye la emocionalidad. Lo que descubrimos postpandemia es que ahí había un sujeto que no era un vaso vacío al que llenar de contenidos”.
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¿Cómo se hace para dar espacio a las emociones sin descuidar el currículum? “Se trata de trabajar los contenidos priorizando la experiencia de todas y todos”, dijo Amor. “En este momento todos hemos entendido que la ciencia no tiene verdades absolutas, que los conocimientos se construyen entre todos. No puede haber una verticalidad. Hay que tomar los contenidos y las experiencias de todos los participantes, convirtiendo ese espacio de clase —virtual, presencial, en el gimnasio o en el laboratorio— en un espacio de encuentro verdadero de la mente y las emociones”. Isabel Amor destacó que se aprende en relación con el otro y que al poner en juego los contenidos es “cuando realmente se aprehenden: no solamente hay que recuperar la experiencia de lo que hicimos, sino también recuperar qué me pasó”.
“La educación es un encuentro”, continuó vota, “entre un adulto y las nuevas generaciones. Es una relación asimétrica. El problema era que el que tenía el poder se mostraba como un saber inequívoco y que aprender era repetir lo que él traía. En el mundo contemporáneo esa relación sigue siendo asimétrica, pero se hizo más horizontal. La novedad es que el adulto, que es quien trae el proceso de enseñanza, tiene que presentarlo como una hipótesis: como un recorrido hecho a partir de una propia experiencia para que el otro la tome o no. Yo creo que hoy dejamos a las nuevas generaciones sin hipótesis, porque, o lo presentamos como una bajada de línea o como que cada uno puede pensar lo que quiera. En ese ejercicio, dejamos por fuera el proceso de aprendizaje y ahí también están las emociones”.
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“La pregunta es qué entendemos por asimetría”, dijo Amor. “Para mí gusto, la asimetría entre un alumno y un profesor está en la responsabilidad de ese adulto de presentar experiencias y oportunidades para que cada alumno haga su propio recorrido, busque sus propias respuestas y encuentre el placer de hacerlo en el placer que tiene ese docente en compartir con él los conocimientos de la materia que le apasiona. Todos recordamos de esos profesores por cómo lo decían. No nos acordamos a lo mejor que nos pusieron un 1 porque no entregamos un trabajo, pero nos acordamos de esos profesores que emocionalmente nos mostraban que su vida era valiosa y nos invitaban a creer que la nuestra también era valiosa y debíamos apostar a eso”.
Ticmas es una solución educativa que responde al nuevo paradigma de la enseñanza y el aprendizaje.
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