
El nuevo paradigma de la educación acentúa aprender en cualquier momento y en cualquier lugar. La acumulación de conocimiento ya no representa un bien socialmente valorado, y esto se debe a que podemos acceder a todo tipo de conceptos y contenidos a través de internet. Lo que el mundo exige son personas que puedan adaptarse, y que puedan aplicar este conocimiento, no sólo adquirirlo. Y para esto, lograr que nuestros alumnos “quieran” aprender (no que “deban” aprender) es vital.
Existen algunos aspectos “invisibles” del aula que, aunque tienen poco que ver con las materias que dictan los docentes, están muy relacionados con los procesos de enseñanza y los objetivos de aprendizaje.
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El primero de estos aspectos es el estado anímico de los alumnos, es decir, su predisposición para aprender. Todos los alumnos pueden aprender. Sin embargo, es su experiencia en la escuela, la relación con sus compañeros, docentes, directivos y padres, y su entorno en general, lo que va a determinar si se sienten lo suficientemente seguros, comprometidos, motivados y apoyados para poder aprender. Frente al fracaso o al desafío, algunos chicos se esfuerzan más. Otros, por el contrario, se frustran y abandonan.
Numerosos estudios han demostrado la importancia de la relación entre el docente y el alumno para lograr que este desarrolle todo su potencial. Es imposible, por ende, desatender este vínculo al hacer foco en el binomio enseñanza-aprendizaje.
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Otro factor importante es la motivación. Tristemente, nuestro sistema educativo pone más énfasis en la nota que en el aprender. Sin embargo, que estudien, rindan, y aprueben no es garantía de aprendizaje, especialmente cuando al cabo de unos pocos días, muchos chicos se olvidan de todo. Lo que nos obliga a preguntarnos: si el sistema quiere que aprueben, si los padres quieren que aprueben, si los docentes quieren que aprueben, y los alumnos buscan aprobar, ¿dónde quedó el aprender? ¿A qué van los chicos a la escuela?, ¿a aprobar?
Sin seguridad, no hay aprendizaje.
Ya sabemos que aprendizaje y emociones van de la mano. Además del vínculo y de la conexión emocional que debe existir entre el docente y sus alumnos, la sensación de seguridad es clave para poder aprender. Existen estudios que demuestran que estar sometidos a largos períodos de estrés puede generar daño en el hipocampo y en la corteza frontal, lo que afecta la memoria y el procesamiento de la información. Hay decenas de eventos diarios en el aula que pueden generar estrés en nuestros alumnos. Desde una actividad compleja hasta ser acusado injustamente, pasando por gritos, peleas, incertidumbres, inseguridades, riesgos, etcétera. Por supuesto, lo que le genera estrés a un alumno pueden no hacerlo en otro. Esto tiene que ver con qué recuerdos o estímulos despiertan estas situaciones en ellos.
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Los docentes deben buscar que en sus aulas haya un alto nivel de aprendizaje, pero además, un bajo nivel de amenaza. Es decir, deben generar espacios sanos en donde los alumnos puedan desplegar su creatividad sin miedo a ser criticados, castigados por sus errores, burlados o humillados. Si el alumno siente vergüenza, o miedo a equivocarse, o cree que lo que hay que hacer es difícil, o que el docente no lo quiere, la amígdala –una estructura con forma de almendra que se encuentra en el cerebro– se encarga de alertar al resto del cerebro de posibles amenazas y de activar una respuesta de miedo o ansiedad, lo que los aleja de poder aprender. Es decir, sin cierta sensación de seguridad, los alumnos no pueden aprender o recordar, y mucho menos desplegar todo su potencial creativo. El docente es custodio de la autoestima de los alumnos y debe generar espacios de aprendizaje en donde ningún alumno interfiera con el aprendizaje de un compañero y en donde cada alumno pueda desplegar todo su potencial.

Como vemos, una escuela, lejos de ser un espacio con sujetos aislados, es una especie de red formada por personas interconectadas. El clima institucional es clave para que los alumnos puedan aprender. Si bien es cierto que varía de escuela en escuela, el clima institucional juega un rol clave en comunicar una atmósfera e influencia la manera en que alumnos, docentes y directivos piensan, sienten y actúan.
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El clima institucional es el “cómo se sienten” todas las personas que conforman la institución, en especial los niños y jóvenes que son su principal razón de ser. Ese sentir no es superficial, son modos de vivir, de estar, de vincularse que se instalan profundamente en los actores de la comunidad escolar.
Existe una relación directa entre el clima institucional y el desempeño de los alumnos. Un clima institucional positivo afecta de manera contundente la motivación y desempeño de los alumnos. Por el contrario, cuando la cultura institucional no promueve un ambiente seguro tanto desde lo físico como desde lo emocional, se rompe el compromiso de los alumnos con el proceso de aprendizaje. El clima emocional, aunque intangible, compromete a todos los actores de la escuela: alumnos, docentes, directivos, padres y colaboradores. Es uno de los ingredientes más importantes de un programa académico exitoso.
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Laura Lewin es autora, formadora docente y oradora TEDx. Ha escrito una decena de libros. Su más reciente libro es “La Nueva Educación”, de editorial Santillana (2020). Facebook: LauraLewinOnline Instagram: lauralewinonline
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