
La directora les explica a los chicos, que aguardan en fila, ya impacientes por ingresar: “Yo les voy a tomar la temperatura y una auxiliar les va a poner alcohol en gel”. Y antes de tomar el termómetro, les pregunta: “¿Están contentos de haber vuelto?”.
En la Escuela Primaria Nº 4 D.E. 9 “Provincia de Córdoba”, ubicada en Palermo, no es un día más. Es una de las 2.117 escuelas que este miércoles retomaron las clases presenciales en la Ciudad de Buenos Aires después de un año de pandemia, en el que las aulas permanecieron cerradas.
Dentro de la escuela el uso de los espacios está optimizado. La biblioteca se reconvirtió en un aula, con bancos individuales, separados un metro y medio entre sí. En primaria el regreso abarca solo tres grados: primer, segundo y tercer grado. El resto de los chicos se incorporará recién el lunes que viene.

“El año pasado fue muy complicado porque hubo que ser madre y maestra. Tuvimos que perdirle a la seño que nos diga cómo explicarles nosotros a los chicos. A mi hijo le agarró la pandemia en un momento difícil. Él estaba desesperado por volver. Desde que el Presidente dijo que iba a haber clases presenciales, él está feliz”, le dijo a Infobae Agustina, madre de un chico que empezó tercer grado:
“Todos tenemos temor de que se puedan contagiar, pero eso no implica que los chicos tienen que dejar de estudiar. Para nada. El año pasado solamente usaron siete hojas de cada cuaderno, usaron una semana el guardapolvo nomás. No tuvimos que comprar nada nuevo. ”, agregó.

La puerta de la primaria luce repleta de carteles alusivos al Covid-19. “Lavate las manos”, “Necesitamos de tu colaboración”, “Con vos seguimos contando para cuidarnos”. Rodeando el ingreso, hay dos agentes de tránsito y un policía de la Ciudad, que intentan domar a las cámaras de televisión, aunque sin demasiado éxito.
La necesidad de distanciamiento obligó a los colegios a repensar la organización escolar. En el caso de la N°4, como la de la mayoría que cuenta con jornada completa, optaron por dividir a los cursos en dos y alternar la asistencia: el grupo A a la mañana y el grupo B a la tarde, en turnos de no más de dos horas.

Marcela Voulgaris, la directora de la escuela, consideró que era la mejor alternativa para maximizar la presencialidad sin asumir riesgos. En total tiene una matrícula de 180 alumnos divididos en diez aulas. Dentro de su plantilla, solo una docente está exeptuada por tener una enfermedad de base. Ella va a seguir con clases virtuales en su horario habitual hasta que reciba la vacuna.
Para la directora, la presencialidad es necesaria para que no se siga ampliando la brecha de aprendizajes. “El año pasado fue muy difícil para todos. La escuela dejó de ser un espacio presencial y solo en la escuela tenemos la posibilidad de mitigar algunas desigualdades que no se generaron con la pandemia, pero sí se agudizaron”, advirtió.
Poco antes de las 9 de la mañana llegaron los primeros chicos. Todos con barbijo, que les tapa la mitad de la cara, algunos con la imagen del superhéroe favorito, con el guardapolvo inmaculado y mochilas apenas cargadas. El patio interno, que parece un tablero de ajedrez, recibe a los chicos que comienzan hoy las clases. Si bien la premisa en la nueva normalidad escolar es evitar el contacto, a alguna maestra se les escapa un abrazo cuidado después de tanto tiempo.
Además de los alumnos de primer ciclo de primaria, retomaron las clases hoy otros tres grupos: el nivel maternal, el nivel inicial, primer, y primer y segundo año de secundaria. En total, retornaron 370.493 estudiantes porteños; poco menos de la mitad de la matrícula.

Oscar es padre de tres hijos en edad escolar. Los tres van a la primaria de Palermo. A diferencia de la mayoría, sus hijos no tenían ganas de volver a la escuela. Se acostumbraron a la rutina pandémica. “Mis hijos no tenían ganas de volver a la escuela. No querían saber nada. Les tuvimos que decir que no son muchas horas. A ellos también les modificó su rutina diaria. Se acostumbraron a estar en casa, pero necesitan salir porque no aprenden nada estando en casa”, planteó.
“El año pasado fue de terror. Mi señora y yo obviamentes seguimos trabajando. ¿Sabés lo que fue estar trabajando, estar con ellos, seguir trabajando?”, comentó y dejó un ruego para 2021: “Espero que este año no se interrumpa. Lo pido por favor. No aguantamos más los padres”.
FOTOS: Maximiliano Luna
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