
Un mes atrás se registró el pico de escuelas cerradas en el mundo. 188 países tenían sus clases presenciales suspendidas, lo que afectaba a un total de 1.600 millones de estudiantes, nada menos que el 91,3% de los alumnos a nivel global. En los últimos días, sin embargo, se empezó a reanudar la actividad escolar. 20 países ya reabrieron sus aulas, pero las condiciones educativas cambiaron drásticamente. Poco se parecen a las que exhibían antes de la pandemia.
La salida del aislamiento muestra imágenes distópicas también en las escuelas: las aulas lucen semi vacías por la reducción de los cursos, los pocos estudiantes están alejados unos de otros, tampoco pueden acercarse en los recreos, usan máscaras protectoras e incluso los pasillos aparecen señalizados.
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La reapertura progresiva, aún bajo esas condiciones, permitió que casi 400 millones de alumnos retomaran la actividad escolar. Hoy el porcentaje de estudiantes sin clases presenciales es del 70%, según la Unesco.
La realidad es variopinta. En algunos países, con Dinamarca a la cabeza, la suspensión fue más bien corta, de 23 días. En otros, como Inglaterra y Finlandia, proyectan 50 días fuera de las aulas.
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Un nuevo informe del Observatorio Argentinos por la Educación, con autoría de Gabriela Azar, directora del departamento de Educación de la UCA, analizó las características de regreso, las nuevas normalidades que atraviesan las escuelas en los países que ya retomaron sus ciclos lectivos. Esas experiencias, adelantaron desde el ministerio de Educación nacional, servirán para que la Argentina defina sus propias pautas.
Hay un par de reglas que se repiten: en casi todos los países es obligatorio el uso de barbijos o tapabocas, y también hay un control estricto del distanciamiento entre los alumnos, de por lo menos 1,8 metros, como recomienda la OMS. Cada estudiante ocupa un pupitre individual, sin compañeros de bancos.
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En algunos países las restricciones van más allá y limitaron al mínimo la relación entre los estudiantes. En Dinamarca y Alemania solo permiten grupos pequeños en los recreos, mientras que Israel directamente prohibió los contactos cercanos. Allí, además, a los los padres se les pide que llenen un formulario de salud que asegure que sus hijos no tienen coronavirus y que indique si algún miembro de la familia padeció la enfermedad.

China, el primer foco de contagio, optó por una reapertura segmentada por ciudades. Un rasgo que lo distingue es que a todos sus estudiantes se les toma la temperatura antes de entrar a la escuela. Aquellos que registren fiebre deben volver a sus casas y respetar los protocolos de aislamiento. En Pekín, incluso, los alumnos completan una encuesta a través de una app que calcula el riesgo de infección. Otra vez, solo acceden a las aulas los que muestren buen estado de salud.
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El lavado de manos es obligatorio, varias veces al día, en China, Dinamarca, Japón, Vietnam, entre otros.
La discusión principal es qué cursos priorizar. Los gobiernos están definiendo regresos graduales, priorizando determinados grados de acuerdo a la importancia que le asignan. Dinamarca, por caso, priorizó el nivel inicial. Alemania, Holanda y Burkina Faso adelantaron la vuelta de las escuelas primarias, mientras que Francia y Uruguay -el único país de la región que retomó la actividad- dieron prioridad a las escuelas rurales.
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En Argentina también está presente ese debate. La idea, en principio, es anteponer cuatro cursos: primero y segundo grado, porque es cuando comienza la alfabetización de los chicos; el último curso de primaria (sexto o séptimo grado, según la jurisdicción) y el último de secundaria (quinto o sexto año) por el salto que supone al siguiente nivel.

“Las opciones de los diferentes países permiten vislumbrar un menú de alternativas para el diseño de la vuelta a la escuela en nuestro contexto”, afirmó Sandra Ziegler, investigadora de FLACSO. “La diversidad de situaciones en Argentina llevarán a delinear alternativas diferentes. La ‘normalidad’ que durante tanto tiempo estructuró al sistema educativo no será el escenario del regreso a las escuelas. La nueva ‘normalidad’ será la constante adaptación al cambio”, agregó.
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Un regreso escalonado y dividido por días, como se plantea, exige continuar con la enseñanza virtual. En Francia optaron por un modelo dual, que combina clases presenciales y remotas. Una medida similar se tomaría en Argentina, cuando comience el regreso gradual de los estudiantes en agosto o septiembre.
El otro reto es cómo evaluar y acreditar los aprendizajes. Las primeras experiencias en el mundo tienden a flexibilizar la promoción. “Es uno de los mayores desafíos pedagógicos a los que nos enfrentamos los.docentes. Evaluar no es solo calificar. Es acompañar, orientar, ayudar a que todos los estudiantes aprendan óptimamente de acuerdo a sus posibilidades. Es necesario una evaluación sostenida por desafíos que hagan que los estudiantes elaboren desempeños de comprensión, que permitan resolver problemas críticamente”, sostuvo Azar, la autora del informe.
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