Desde el 22 de noviembre, cuando se anunció el proyecto para crear una universidad docente en la Ciudad de Buenos Aires, la polémica se instaló. Un mes y medio después, las voces disidentes se multiplicaron, incluso hasta llegar a la Iglesia Católica.

La semana pasada, en una carta firmada por el Arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Mario Poli le pidió al jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta que retire el proyecto de ley de la Legislatura. Tras conocerse el escrito, las autoridades de la Ciudad invitaron a Poli a una reunión informativa que aún no tiene fecha.

La controversia no radica en la universidad como ente educador en sí, sino en los artículos 5 y 6 del proyecto. En ellos se contempla la disolución de los 29 institutos de formación que hoy funcionan en CABA para concentrarlos en una sola alta casa de estudios de gestión estatal.

El CESGE, que nuclea a todos los rectores de los profesorados a excepción de los artísticos, busca impedir que la UniCABA se apruebe. En los próximos días tienen pensado hacer "intervenciones culturales" en plazas, "semaforazos" y un festival que implicará la apertura de las puertas de los institutos durante una tarde, "parecida a la Noche de los Museos". Su última medida fue una carta dirigida a la ministra de educación porteña, Soledad Acuña, a la que tuvo acceso Infobae.

Titulada "Nos quisieron enterrar, pero no sabían que éramos semilla", la misiva comienza con una serie de reclamos a Acuña. "Usted dijo que los institutos de formación docente no tienen estudiantes", le reprochan y lo contrastan con su estadística: 28.508 estudiantes que cursan en la gestión pública; con una cantidad "relativamente estable" en los últimos años.

Luego, el CESGE se desliga de la responsabilidad de falta de docentes en la Ciudad y se lo incrimina "a la gestión que viene gobernando desde 2007". Los resultados, dicen, "son consecuencia de falta de mejoras salariales, de infraestructura, de la figura de profesor por cargo y de ausencias de políticas para fomentar ser docente". En cuanto a la preocupación por la falta de actualización de sus prácticas, responden que a partir de 2015 se implementan los nuevos diseños curriculares con, por ejemplo, talleres de educación sexual integral y nuevas tecnologías. "Estos planes fueron aprobados por el mismo gobierno que ahora dice que son obsoletos, y gozan de validez nacional", remarcaron.

Por su parte, la ministra Acuña explicó a Infobae: "La UniCABA promueve una estructura organizacional renovada para la formación docente orientada a generar respuestas actuales a los retos de su desarrollo profesional, a la jerarquización del rol docente y generar una propuesta atractiva para los estudiantes, fomentando el ingreso a la carrera".

De aprobarse, la universidad docente comenzaría a funcionar en 2019. Una de las preocupaciones es qué pasaría con los estudiantes que quedarían a mitad de camino. Desde la Ciudad, insisten en que garantizarán que los alumnos puedan terminar con los planes de estudio de origen.

Desde su anuncio, se insiste en que tanto el personal docente como no docente de los profesorados conservarán su sueldo y antigüedad, aunque del otro lado rechazan la discontinuación de los proyectos pedagógicos.

Asimismo, la idea es que el funcionamiento de la nueva universidad sea en los edificios donde hoy están los institutos. Para dar clases, será condición sine qua non un título universitario. Para quienes no lo tengan, habrá un área de formación que impartirá cursos y ciclos complementarios para lograr la titulación.

Las explicaciones oficiales no son suficientes para los rectores. "Los 29 institutos de formación docente nos oponemos al cierre de nuestros institutos y al aniquilamiento de nuestras identidades y culturas. No hay un solo argumento que, con solidez pedagógica, justifique semejante cambio", enfatizan en el cierre de su carta a la que suman una lista de adhesiones de académicos, sindicatos, institutos privados de formación, además de 60 mil firmas que lograron reunir.

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