
Finlandia es la indiscutida capital mundial del sauna, con aproximadamente uno por cada 1,6 personas. Pero el sudor voluntario comienza a ganar terreno en otros lugares: según la British Sauna Society, una organización sin fines de lucro que promueve dicha cultura, el número de saunas públicos en el Reino Unido se ha más que duplicado en el último año.
Ahora, ¿son buenos los saunas para quienes los usan? Setor Kunutsor, cardiólogo de la Universidad de Manitoba, lo considera como una fuente de estrés controlado y suave. Una breve exposición al calor acelera el ritmo cardíaco, dilata los vasos sanguíneos y hace que el cuerpo comience a sudar, cambios muy similares a los que ocurren durante una caminata enérgica.
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“Una sesión estándar de sauna de 15 minutos provoca el mismo aumento de frecuencia cardíaca y circulación que cabría esperar de un ejercicio moderado”, explica Kunutsor. Con el tiempo, añade, estas “pseudosesiones de ejercicio” repetidas podrían enseñar al cuerpo a manejar mejor el estrés, reducir la inflamación y proteger el cerebro y los vasos sanguíneos.
Existen investigaciones que respaldan parcialmente estas afirmaciones. Hace una década, Jari Laukkanen, de la Universidad del Este de Finlandia, codirigió un estudio observacional basado en datos de más de 2.300 hombres de mediana edad en dicho país. Descubrió que quienes usaban el sauna dos o tres veces por semana tenían un 27% menos de riesgo de morir por enfermedad cardiovascular en comparación con aquellos que iban solo una vez a la semana. El beneficio aumentaba hasta el 50% entre quienes asistían de cuatro a siete veces por semana.
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Estudios posteriores sobre la misma cohorte, realizados por Laukkanen y Kunutsor, sugirieron beneficios más allá del corazón. El equipo encontró que acudir al sauna con frecuencia, frente a hacerlo solo una vez por semana, se asociaba con un riesgo casi 80% menor de desarrollar psicosis y con una reducción de dos tercios en el riesgo de demencia.
El problema de este tipo de estudios es que los hombres que usan sauna día por medio probablemente sean más ricos y saludables que quienes no lo hacen. Aunque los autores ajustaron los resultados considerando edad, nivel socioeconómico, actividad física y consumo de alcohol, aún es prematuro sacar conclusiones firmes. Pueden existir otros factores de confusión no contemplados, advierte Eva Prescott, del Hospital Universitario Bispebjerg y Frederiksberg en Copenhague.
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Además, hay pocos estudios en mujeres, jóvenes o personas de orígenes no europeos, cuyos resultados podrían diferir de los obtenidos en hombres mayores de piel blanca. Tampoco está claro si los hallazgos finlandeses son directamente aplicables a países como el Reino Unido, donde el uso del sauna es menos común, señala Gabrielle Reason, directora de la British Sauna Society.
Para determinar con certeza si el sauna influye en la salud humana, los científicos necesitan realizar ensayos clínicos aleatorizados (RCTs), considerados el estándar de oro para evaluar intervenciones sanitarias. En estos estudios, los participantes se asignan de manera aleatoria a grupos experimentales y de control, lo que elimina sesgos.
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Existen algunos RCTs sobre el uso del sauna, pero hasta ahora la evidencia ha sido inconcluyente. Un ensayo de 2022, nuevamente dirigido por Laukkanen y Kunutsor, halló que los participantes que combinaron sauna con ejercicio mostraron mayores mejoras en la presión arterial y en la capacidad cardiorrespiratoria que aquellos que solo hicieron ejercicio.
Sin embargo, otro RCT realizado por distintos investigadores no encontró beneficios cardiovasculares significativos derivados del uso regular de sauna.
La única manera de resolver el debate es llevar a cabo más ensayos, de mayor escala, hasta obtener resultados reproducibles. Hasta entonces, habrá que esperar más discusiones... Y bastante acaloradas.
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