
Un problema histórico que no se resolvió hasta el momento y que atraviesa a todas las economías regionales, está relacionado al bajo precio que recibe el productor por el alimento que cosecha y los altos valores que paga en la otra punta de la cadena el consumidor. Esto se reflejó en dos informes que se publicaron en las últimas horas sobre la comercialización de la pera y la naranja: en los dos casos está claramente demostrado que el sector primario es el más perjudicado.
En el caso de la pera, según datos que aportó la Federación Nacional de Operadores del Mercado Frutíhortícola (Fenaomfra), con un precio al 15 de noviembre de 123 pesos el kilo, el productor en las fincas recibe un precio de $29 cifra que se sitúa muy por debajo de los $31 que reciben las empresas que empacan la fruta y también de los $41 que recibe la verdulería por vender la fruta al consumidor final. Del precio final pagado por el consumidor, un 33,3% lo recibe la verdulería, otro 25,4% el empaque y cámaras de frío, y en tercer lugar, el productor obtiene un 23,6% del valor final que se paga la fruta.
Tras una investigación de Mariano Lechardoy y Sergio Molina se reconoció que es una constante que los productores del Alto Valle de Río Negro y de Neuquén, de cuyas fincas sale el grueso de las peras que se producen en la Argentina, expresen su malestar por el bajo precio que cobran por cada kilo de fruta que entregan a los empaques. Y también es frecuente que “el mercado que ofrece Buenos Aires, los consumidores se quejan de lo mucho que se paga por un kilo de peras”. Por ello el estudio de la Federación confirmó que en una punta de la cadena el verdulero (en su venta) obtiene más dinero que el productor que cosechó la fruta.
Es por eso que esta situación derivó que desde 2016 la producción de peras no para de caer, tanto en volumen como en hectáreas cultivadas, algo que está relacionada con la pérdida de rentabilidad y mercado que se cierne sobre la actividad de cultivar esta fruta en la Patagonia argentina. En este período, la superficie de producción cayó de 26 mil a 19 mil hectáreas en solo un lustro. Tal como refirió el informe de Fenaomfra, si se contabilizan los volúmenes producidos se constata que en los últimos cinco años la actividad está en “retroceso”.

Hasta hace cinco años atrás, la Argentina producía 800 mil toneladas de peras y comenzó allí una tónica descendente en el cultivo de la pera. Hoy la producción es un 27% inferior a la que se obtenía en el 2016. Dicha caída va en línea con el retroceso de un 26% en el número de hectáreas dedicadas al cultivo de la pera en el país. El informe explicó la situación actual que reporta toda la cadena de la pera, que en un 80% se produce en fincas ubicadas principalmente en el Alto Valle en Río Negro, otro 20% se obtiene en producciones de Neuquén y Mendoza, y en su conjunto suman un área de producción de 20.461 hectáreas.
Naranjas
Un estudio del sector de Economías Regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) analizó la cadena de valor de la naranja fresca desde el productor, ubicado en el caso de estudio en la localidad entrerriana de Chajarí, hasta su comercialización en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), bajo modelos de simulación de empresas y comercios.

De los $69.8 en los que se vendió el kilo de cítrico dulce en CABA, que es un precio promedio de noviembre pasado, el 21.1% corresponde a ganancias ($14.7); el 36.8% a costos ($25.7) y el 42.1% a impuestos y tasas ($29.4). Además, solamente 3 de los 4 eslabones que conforman la cadena lograron ganancias: el galpón de empaque obtuvo el 1.4% ($1); el mayorista 8.1% ($5.7) y el minorista 11.6% ($8.1). Por su parte el productor, fue el único que no tuvo ganancias, mientras que en el año 2020 había obtenido una ganancia del 3.9% del precio de venta final.
Por último, del precio de venta final de un kilo de naranja de $69.8, el productor explica el 7.7% ($5.4); el empacador el 5.3% ($3.7); el operador mayorista el 19.5% ($13.6); y el minorista el 25.4% ($17.7). Por su parte, la presión tributaria del Estado, en sus tres niveles, asciende a 42.1% ($29.4), cuando en el año 2020 había sido de 38.3% –para los modelos de simulación analizados.
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